«El cierre de centrales térmicas y nucleares puede llevar al de la industria electrointensiva»

Luis Ángel Colunga en la plaza de El Carbayo. / MARIETA
Luis Ángel Colunga en la plaza de El Carbayo. / MARIETA

Luis Ángel Colunga, vicesecretario general de IndustriAll Europa: «Pedimos que Europa refuerce su política industrial, es el sostén de la actividad económica y parece que ha pasado a un segundo plano»

J. F. GALÁN AVILÉS.

Exdirector general de Industria del Principado, Luis Ángel Colunga (Avilés, 1961), inició su carrera sindical como secretario general de la sección de UGT en Arcelor. También fue secretario comarcal del referido sindicato, coordinador del comité europeo de Arcelor y diputado regional por el PSOE, cargo que compaginó con el de coordinador general de la Federación Europea del Metal. En junio de 2016 cesó como director general de Industria para asumir el cargo de vicesecretario general de IndustriAll Europa, sindicato que representa a siete millones de trabajadores de los sectores de Minería, Química y Energía y Textil del Vestido, Cuero y Calzado. Desde entonces desarrolla su función en Bruselas.

-¿Cómo valora la experiencia en Bruselas?

-Ha sido un cambio radical. Hablamos de una federación que engloba 190 sindicatos de industria de 38 países europeos, tanto de la unión como ajenos a ella. Es una experiencia distinta con dos componentes principales, organización industrial y negociación con la Unión Europea y con noventa patronales de varios sectores.

-Entenderse no resultará sencillo.

-No, pero para eso estamos, para canalizar los intereses de los distintos sindicatos europeos, que a veces son divergentes. Un buen ejemplo son las discusiones sobre la adquisición de la siderúrgica italiana Ilva por parte de ArcelorMittal. Los intereses de unos no coinciden con los de otros, así que hay que ir hilvanando, primero a nivel interno y después, una vez conseguida una propuesta, con las patronales. Son muchas negociaciones en distintos frentes, y todo tiene que adaptarse a la legislación comunitaria vigente, muy involucrada con la normativa de derechos de emisión y los paquetes de energía limpia.

-El secretario general pidió en el congreso fundacional un cambio de orientación industrial. ¿Se ha iniciado ese camino?

-Lo que pedimos es que se refuerce la política europea industrial, que se ha visto un tanto debilitada en el actual mandato. Parece que ha pasado a un segundo plano. Veremos lo que sucede a partir de las elecciones europeas del próximo año, que a buen seguro cambiarán la configuración del Parlamento Europeo y de la Comisión. Entonces se abrirá un escenario diferente.

-Los aranceles que impulsa Donald Trump suponen un obstáculo añadido.

-La política proteccionista que impulsa desde que en noviembre de 2016 llegó a la presidencia de Estados Unidos es un grave problema. Lo que no nos creemos es que, como argumenta, su decisión tenga algo que ver con la defensa de dos productos fundamentales para sus país, el acero y el aluminio, sobre los que ha impuesto aranceles que han encontrado debida respuesta por parte de la Unión Europea. Es una excusa. Trump quiere romper la organización mundial del comercio. Está poniendo en cuestión todas las normas en aras de la recuperación industrial de Estados Unidos, pero está equivocado. Nosotros defendemos un comercio global sujeto a reglas que tengan que ver con el comercio justo y respeten el medio ambiente y los salarios, pero eso a él no le preocupa.

-¿Es una involución, una vuelta a tiempos pasados?

-A los años posteriores a la II Guerra Mundial (1939-45), cuando comenzaron a sentarse las bases del comercio internacional moderno. Trump quiere romperlo todo. Impone aranceles sin justificación, beneficia a unos países y castiga a otros. Es una guerra ideológica, no solo comercial. Ya lo dijo la semana pasada, ve a Europa como un enemigo de su país. Está apoyando a los que quieren un Brexit radical y se muestra muy de acuerdo con los gobiernos populistas que ponen a Europa en cuestión, como el italiano. Lo que está en juego es el futuro ideológico del mundo.

-Luego está la guerra comercial con China.

-Lo que se discute Europa son los instrumentos de defensa comercial con respecto a los productos chinos, pero eso no significa iniciar una guerra comercial. Ahora se está implementando una nueva metodología de análisis para el dumping (vender un producto por debajo de su precio de mercado o incluso de coste), para bienes que se producen con subvenciones estatales no permitidas o sin respetar el medio ambiente o los derechos comerciales internacionales. Lo que defendemos es un comercio justo, nada que ver con lo que dicen Trump y otros populistas. Lo suyo es ideológico, y nosotros abogamos por un comercio internacional sujeto a normas, al medio ambiente y a los derechos de los trabajadores. Un producto subvencionado por un Estado no parte de la misma posición que uno que no lo esté.

-¿Cómo se puede competir con el acero chino?

-Aunque una parte importante del que produce no respeta las normas, no podemos olvidar que quien abandonó el acuerdo de París no fue China, sino Estados Unidos. Nosotros defendemos un ajuste en frontera a los productos que no cumplan las condiciones de producción, es decir, imponer tasas en función de factores como las emisiones contaminantes, entre otros.

-¿Apostar por la calidad puede ser una salida?

-No nos engañemos, China también produce acero de tanta calidad como el de cualquier país. La clave son los derechos de los trabajadores, los salarios, las normas financieras... China tiene muchas compañías públicas subvencionadas, y en Europa hay leyes de competencia que lo impiden. La salida es que China cumpla las normas y reforzar esos sistemas de defensa comerciales, que por otra parte están funcionando. Las compañías siderúrgicas europeas tienen beneficios, y los precios están subiendo.

-Arcelor solicita al Gobierno una auténtica política industrial. ¿Cuáles serían las bases?

-La industria sostenible y digitalizada será la única que sobreviva. Nosotros lo vemos como una oportunidad. Luego a nivel europeo tiene que haber un cambio radical, como poner fin a las políticas de austeridad, que han reducido la actividad económica, y apoyar la formación. Parece mentira que en un momento de recuperación económica uno de los grandes problemas sea la escasez de mano de obra cualificada. Lo más importante de todo es darse cuenta de que la política industrial es el sostén de la actividad económica y que precisa una política energética adecuada. En España es más cara que en otros países, y eso resta competitividad.

-El Gobierno de España anuncia cambios en ese terreno.

-Mi impresión es que los pasos que se han dado no van ligados a una política de desarrollo industrial. Es la mejor vía para reducir el desempleo, y seguimos sin tenerla. La política energética tiene que ir ligada a la industrial, no al revés. Solo se habla de medio ambiente. El cierre de centrales térmicas y nucleares puede llevar al cierre de la industria electrointensiva.

-UGT solicita retirar el impuesto al sol. ¿Está de acuerdo?

-Por completo. No cabe duda de que solo beneficia a las eléctricas. Han ganado millones y millones durante muchos años, y lo que no pueden hacer ahora es dejar a las comarcas y a las regiones abandonadas. Venir de corbata verde, como hace el presidente de Iberdrola, no es ser ecologista, y me niego a pensar que como plantea la única alternativa al cierre de Lada sea dar trabajo a setenta personas durante cinco años. Las eléctricas tienen que comprometerse.

-Entre las responsabilidades de IndustriAll también figura la industria de Defensa. ¿Cree que Europa debe invertir más en este campo?

-Europa necesita una verdadera industria de Defensa integrada, un modelo similar al de Aerospatiale o Airbus que ahora mismo no existe, pero se están dando los primeros pasos. No cabe duda de que la industria de defensa va a ser un sector muy importante.

-¿Cree que las subidas impositivas que plantea Sánchez pueden lastrar la competitividad empresarial?

-Las empresas españolas siempre se quejan cuando suben los impuestos, pero la realidad es que en otros países, como Alemania, también tienen elevadas tasas impositivas, y allí además de ser muy competitivas pagan salarios muy altos

-¿Mantiene la puerta abierta a volver a la política?

-Hace cuatro años no sabía que iba a estar en Bruselas, y ahora no sé dónde voy a estar dentro de dos, cuando termine mi mandato en IndustriAll.

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