El fiscal asegura que en el Niemeyer se produjo «una estafa piramidal de toda la vida»

Natalio Grueso, a la entrada de la sesión del juicio/MARIO ROJAS
Natalio Grueso, a la entrada de la sesión del juicio / MARIO ROJAS

El juicio, en su fase final, escucha los informes de las partes tras las veinticinco sesiones orales celebradas desde marzo

Cristina Del Río
CRISTINA DEL RÍOAvilés

El fiscal Alejandro Cabaleiro ha asegurado hoy que Natalio Grueso se valió de «una estafa piramidal de toda la vida» en la gestión del Centro Niemeyer que dirigió entre 2007 a 2011 y que se cayó cuando hubo un cambio de gobierno que decidió poner la lupa sobre una situación financiera a la que nadie había prestado atención. Especialmente duro con los políticos en su informe en la fase final del juicio por el 'caso Niemeyer' que se está celebrando en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial, Cabaleiro rechazó que hubiera habido «una persecución política». «Se encontraron contradicciones en las facturas que habría encontrado cualquiera (que las hubiera contrastado) y esto es lo que justifica un procedimiento de revocación de subvenciones. No fue una persecución. El propio director del centro perdió su proyecto por no haber justificado el gasto, (...) la idea de que 'yo soy tan bueno que no tengo que dar justificaciones' puede servir en una empresa privada, pero no en una pública», argumentó.

El Ministerio Público, que al igual que la acusación particular ejercida por la propia Fundación Centro Niemeyer, ha subrayado el carácter público de la Fundación puesto que «el propio diseño estructural de la Fundación permitió la confusión absoluta» entre el dinero público y privado, recordó que este juicio no pone en tela de juicio los resultados de trabajo del equipo de Natalio Grueso, sino «si se extralimitó en sus funciones» incurriendo en los presuntos delitos de malversación, falsedad en documento mercantil y societario y de insolvencia punible por los que se enfrenta a once años de cárcel.

Según el fiscal, lo ocurrido fue posible porque «tenemos un patronato constituido por políticos y una presidenta política que pasaron por aquí y fue desolador. (...) No les importaba absolutamente nada más que vender en prensa que la Fundación traía a Woody Allen y a no sé quién más. Nunca controló la gestión». A esta línea de trabajo, siempre conforme a su lectura, se prestó Natalio Grueso 'vendiendo' que las visitas de ciertas figuras de renombre internacional no costaban, algo que no sería cierto.

Cargó, además, contra las facturas manipuladas. Aclaró que el Ministerio Público no ponía en duda el viaje de una personalidad en concreto, pero sí necesitaba conocer su justificación. En este sentido, censuró los datos falseados a mano en las facturas con la colaboración del agente de viajes José María Vigil al que acusa, a su vez, de haber beneficiado a sus clientes con descuentos pasando el gasto a la Fundación aprovechando que no había ningún control. Él afronta ocho años de cárcel por supuesta estafa y falsedad en documento mercantil, además de colaborador necesario en malversación y falsedad.

Negó que la exmujer de Grueso, Judit Pereiro, trabajara de forma desinteresada para la Fundación como así acreditarían dos correos en los que ella le pide a Joan Picanyol que le consiga entradas para espectáculos en Nueva York y un viaje en un coche alquilado por su hermano que pagó la Fundación, según ella, «por error». El fiscal también puso en duda que si su colaboración era tan fundamental y económica para el Niemeyer se prescindiera de ella a raíz de su divorcio con el director general. Según Cabaleiro, Grueso no hubiera podido contratarla (como él mismo declaró en su día que habría tenido que hacer para ahorrarse esta situación) porque «si justifica al patronato que más de un tercio del presupuesto se va en sueldos, ya no puede vender el mensaje de qué bueno soy y cuánto hago con lo poco que tengo». Para Pereiro pide dos años y medio de prisión como cómplice en delito continuado de malversación.

Sobre el cuarto de los acusados, José Luis Rebollo, que fue secretario de la Fundación, dijo que «trató de encubrir» las cuentas y no solo no avisó al patronato de las irregularidades, sino que colaboró e incluso trató de «blindarse» y conseguir más poder. «La virtud de este tipo de procedimientos es que la documental tiene mucho peso», celebró el fiscal.

La defensa de Judit Pereiro, ha pedido la absolución de su clienta, cuya situación ha relacionado con la de la Infanta Cristina en el 'caso Noos', de cuya sentencia ha leído un párrafo. Reconoció que Pereiro viajó, pero defendió que fue siempre en compañía de personal de la fundación, nunca se ocultó y en absoluto podían ser considerados viajes de placer al tratarse de estancias muy cortas.

Insistió en que era ajena a la facturación y contabilidad y su colaboración se tradujo en «traducciones, crear sinergias y labores de acompañamiento», pero que nunca se lucró ni cooperó para que otros lo hicieran. «No hay nada que diga qué ha hecho para cooperar. No ha sido cómplice ni partícipe a título lucrativo», remató.