El fuego en Arcelor llevó el miedo a la plantilla y los vecinos de Avilés

Josefa Madruga se apresuró a recoger la ropa del tendal y cerrar las ventanas de su vivienda. / MARIETA

«Estoy asustada, me recuerda a la explosión de hace 47 años»

YOLANDA DE LUIS AVILÉS.

Algunos de los vecinos de El Cruce, Llaranes y Garajes y los trabajadores de las empresas del PEPA aseguraban ayer haber sentido miedo al ver el fuego y el humo salir de baterías de cok. Es el caso de Ludivina López, que salió de su casa corriendo para dirigirse al parque y seguir de cerca la evolución del incendio con la mente puesta en aquella gran explosión de hace 47 años que vivió tan de cerca que una chapa de la factoría que salió despedida le pasó por encima. «Estoy asustada», repetía varias veces, y solo se tranquilizó un poco cuando le dimos la noticia de que no había heridos, «gracias a Dios».

Muy cerca de allí Josefa Madruga recogía la ropa de su tendal. Sus hijas se habían ido hacía ya una hora, cuando comenzó el fuego, cogiendo a su nieto, el menor de la familia, para evitar que respirase los humos que salían del incendio. Afortunadamente para ellos el viento no soplaba hoy en dirección a estos barrios. Menor suerte tuvieron en otras zonas de la ciudad en las que sí que tuvieron que cerrarse ventanas a cal y canto.

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En los bares de El Cruce el bullicio que a veces se respira a esa hora de la tarde era mucho menor, algunos clientes seguían en la televisión lo que estaba sucediendo a pocos metros de ellos, pero fueron muchos los trabajadores de las empresas de la zona que optaron por dejar su trabajo y coger el coche en dirección a sus casas ante la falta de información de lo que estaba sucediendo y lo impresionante de las imágenes que hacían temer que se pudiera producir una gran explosión con consecuencias imprevisibles, de ahí que el tráfico en la zona fuese muy intenso y que se formasen atascos durante toda la tarde. La Policía Local se encargó de vigilar las calles cortando los accesos a las baterías para los vehículos no autorizados.

Y esos trabajadores prácticamente huyendo y vecinos asustados contrastaban con otras imágenes que también se podían ver en la zona mientras el fuego estaba en pleno apogeo. Por ejemplo, la de los trabajadores que sobre una grúa realizaban labores de mejora en la fachada de una nave enfrente prácticamente de la zona cero del incendio o la de una familia que en El Cruce se sentaba en la zona descampada como cada tarde a disfrutar de los últimos momentos de calor antes de que el otoño se asiente definitivamente sin prácticamente girar la mirada al incendio que se estaba produciendo tras ellos.

La inmensa columna de humo negro, visible en toda la ciudad, también alertó a vecinos de otros barrios y del centro que seguían con preocupación la dirección del viento el ir y venir de los helicópteros.

«Esto es una vergüenza, yo llevo un año con una asma terrible y estoy segura que es de toda esta porquería que estamos respirando», aseguró Mercedes Pérez Toba, residente de la zona centro de la ciudad.

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