«El patronato solo era un coro de políticos preguntando a Natalio cuando venía Brad Pitt»

El abogado José Luis Rebollo, que se defiende a sí mismo, continuará hoy su declaración. / EFE (POOL)
El abogado José Luis Rebollo, que se defiende a sí mismo, continuará hoy su declaración. / EFE (POOL)

El exsecretario de la Fundación Niemeyer asegura que los patronos carecían de interés por las cuentas y su fiscalización

CRISTINADEL RÍO OVIEDO.

El exsecretario de la Fundación Niemeyer, José Luis Rebollo, dibujó ayer a un patronato «absolutamente desinteresado» por los temas económicos y más preocupado por la visita de personajes famosos. «Era un coro de políticos haciendo alabanzas a Natalio (Grueso) y preguntándole cuando iba a venir Brad Pitt o cualquier otro y con absoluta indiferencia de cualquier otra cuestión legal, de programación o económica», declaró ayer en el juicio por el 'caso Niemeyer' que se sigue en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial. Rebollo asegura que él insistió en que la Sindicatura de Cuentas tenía que controlar la entidad, con el criterio en contra de la presidenta de la fundación, Mercedes Álvarez, y lamentó no contar con todo el soporte documental que le exigió el fiscal porque «uno nunca espera estar aquí sentado».

Rebollo, que se defiende a sí mismo y gracias a ello ha evitado sentarse en el banquillo, está acusado de un delito societario en concepto de cooperador necesario por el que se enfrenta a 2,2 años de cárcel y 7.200 euros de multa, indicó que aceptó ese puesto de secretario sin cobrar y sin aceptar dietas porque «daba prestigio». Solo pasó cargos que, según su criterio, excedían el cometido de un secretario. Es más, dijo que intentaba hacer coincidir sus viajes de trabajo con los de la Fundación Niemeyer, sin pasarle ningún recibo a esta.

A preguntas del Ministerio Público, que terminará hoy de interrogarle, afirmó que el «funcionamiento del patronato era muy deficiente», que no recordaba una votación a mano alzada porque la sintonía política de sus miembros hacía que no hubiera discusión o debate, y afirmó que quedaban incluso sesiones «sin cerrar». De ahí que él se acostumbrase a incluir un punto en el orden del día llamado 'informe del secretario', en el que dejaba constancia de todos estos aspectos legales, económicos o de otro tipo «que no les interesaban lo más mínimo».

José Luis Rebollo matizó que su despacho fue contratado para llevar la contabilidad del Centro Niemeyer en enero de 2011 y que, dentro de la organización de su empresa, delegó estos temas en Miguel Argüelles, que lo primero que detectó fue «importantes errores contables en las cuentas de 2007, 2008 y 2009», que fueron reflejadas en las actas bajo este epígrafe de 'informe del secretario'. En estos tres años dejaron de contabilizarse 261.000 euros, que él achacó a que Viajes El Corte Inglés no había mandado las facturas correctamente. En cualquier caso, le aclaró al fiscal que él no es contable y, aunque despachaba y revisaba los informes de su empleado Miguel Argüelles, ni él entraba en el detalle ni a su empresa le correspondía «examinar el gasto», tan solo reflejarlo.

Él, además, se mostraba partidario de que «teníamos que rendir cuentas a la Sindicatura de Cuentas», una «obviedad» en su opinión no compartida por los patronos.

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El fiscal, que repasó con él acta por acta y hasta el lenguaje empleado en las mismas, preguntó por qué en algunos correos enviados a la presidenta de la fundación, Mercedes Álvarez, «minimizó» los importantes desfases contables. Rebollo defendió que el hecho de introducir salvedades en una memoria anual no es ninguna excepcionalidad y relató las dificultades para comunicarse con esta consejera en concreto. «Yo me preocupaba por las cuestiones de cumplimiento normativo» como, por ejemplo, que las cuentas se cerrasen en plazo. Esto le llevó a proponer que las cuentas se pudieran aprobar por escrito y sin necesidad de convocar una sesión para tal fin. Algo que, según indicó, nunca se llevó a cabo.

Dibujó en las cuentas del centro un «gran desorden» que él intentó aclarar: «Había muchos pagos sin soporte contable», es decir, que se pagaba sin tener físicamente la factura. A estas singularidades se unieron otras como la inauguración de la cúpula del complejo, a la que ya se había referido Natalio Grueso durante su declaración. Al igual que el director del centro relató que, con las elecciones locales y autonómicas de 2011 a la vuelta de la esquina, la alcaldesa de Avilés, Pilar Varela, insistió en realizar un acto de inauguración de la cúpula a pesar de que no estaba terminado el complejo ni construidos los accesos. «Natalio, no tenemos un duro», le habría dicho Rebollo a Grueso. «Dice el Ayuntamiento que lo pagan ellos», le habría respondido el director general.

La consecuencia, según Rebollo, fue que «de los 300.000 euros que pudo costar, el Ayuntamiento debió poner 100.000 (...) y esto se repitió con la inauguración del centro en marzo de 2011. No puso todo el dinero que había comprometido y lo puso tarde. Todo muy chapucero».

Línea de crédito

Según su relato, el expresidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, muy involucrado con el proyecto, quería que trascendiera más allá de la legislatura política, y con «una sintonía absoluta con Natalio», encargó a Dolores Carcedo que presionase al Ayuntamiento de Avilés para que abonase la financiación prometida y que «llamase a CajAstur para que se abriese una línea de crédito». Siempre según Rebollo, con su visto bueno también se intentó el cambio de figura jurídica del Centro Niemeyer porque se había comprobado que las empresas privadas no querían convertirse en mecenas si los políticos estaban por el medio y, previa autorización del patronato, en 2011 se eliminó el límite de 90.000 euros de gasto para que «Natalio pudiera hacer lo que quisiera».