Los propietarios de la casona de La Luz invertirán 400.000 euros en su rehabilitación

El tejado del palacio de los Velerde-Pimentel comenzó a venirse abajo hace ya algo más de dos años, y ahora será reconstruido, entre otras actuaciones para frenar su deterioro. /  FOTOS: MARIETA
El tejado del palacio de los Velerde-Pimentel comenzó a venirse abajo hace ya algo más de dos años, y ahora será reconstruido, entre otras actuaciones para frenar su deterioro. / FOTOS: MARIETA

Los arquitectos comenzarán a trabajar de «manera inmediata» tras recibir la licencia y las obras se alargarán previsiblemente un año

FERNANDO DEL BUSTO AVILÉS.

Dentro de un año, la casona de los Conde Velarde y Pimentel recobrará su esplendor original después de que la junta de gobierno municipal celebrada el pasado lunes concediese la licencia al proyecto firmado por los arquitectos Roberto Rodríguez Díaz y Roberto Yuste Barrios, del estudio Yuste y Fiu Arquitectos, de Avilés. De esta manera, concluye una tramitación iniciada hace tres años y que busca frenar el deterioro del histórico edificio, situado en las inmediaciones de la ermita de La Luz.

La inversión se encuentra pendiente de actualizar, toda vez que los presupuestos datan de hace tres años y, además, hay que incorporar nuevos requerimientos de la Comisión del Patrimonio Histórico Artístico. La estimación de los arquitectos es que oscilará entre los 350.000 y los 400.000 euros.

«El estado interior de la casona es de ruina, desde 2013 es inaccesible y, en 2017, la cubierta comenzó a hundirse», explican ambos arquitectos en su estudio. De hecho, un año antes de los primeros colapsos en el tejado, la propietaria, Pilar Jalón, solicitó una licencia de actuación que no se recibió hasta el pasado lunes, 29 de abril.

Los trabajos se alargarán durante un año. Será una intervención sencilla, pero que permitirá recuperar la imagen del edificio. «Es una casona señorial, construida hace unos trescientos años. Con el paso del tiempo, se incorporaron otros usos que provocaron que perdiese características originales», comentan Roberto Yuste y Roberto Rodríguez. Así, por ejemplo, en la planta baja se encuentra una cuadra posterior, donde está previsto eliminar todos los restos de los pesebres.

No será el único añadido que se suprimirá. Una pared de ladrillo, con tejado de uralita, se construyó posteriormente, y Patrimonio también ha autorizado su demolición con la idea de recuperar la imagen original del edificio. Esa parte de la obra será especialmente compleja, toda vez que la presencia de uralita obliga a contratar a un equipo especializado en la retirada de este material.

No será el único especialista presente, ya que Patrimonio ha fijado la obligación de contar con un arqueólogo para documentar y supervisar todos los trabajos. Entre sus tareas se encuentra analizar todos los morteros para conocer cómo se construyeron las paredes originales. Además, estas técnicas deberán aplicarse en la reconstrucción del edificio.

«La intervención busca asegurar el edificio, consolidar y frenar su deterioro», explican los arquitectos. Se reconstruirá el tejado y, en el interior, se demolerán los forjados que se encuentran hundidos.

La parte más espectacular para las personas que pasean por la zona será el exterior, donde se recuperará el enfoscado propio de su edificación original, menos en elementos como pueden ser las ventanas y puertas.

Los morteros que se utilizarán serán los propios de la época, con una intervención con el máximo rigor histórico donde todos los pasos serán documentados por un arqueólogo. Además, los arquitectos deberán informar constantemente a la Comisión del Patrimonio Histórico sobre todos sus avances y remitir los análisis del equipo arqueológico.

No será la única sorpresa que tendrá la casona de Velarde dentro de un año. Se construirá un balcón-corredor en uno de los laterales, a pesar de que no existen huellas recientes de su existencia.

Sin embargo, los argumentos históricos de los arquitectos convencieron a la Comisión del Patrimonio. «Se trata de una casona asturiana, de un palacio rural y uno de sus rasgos característicos es la existencia de balcones-corredores. Cuando trabajemos en la pared se verán las huellas», aseguran.

El estudio previo de los arquitectos permitió descubrir un horno de pan en el interior de la vivienda. La rehabilitación lo conservará y se mantendrá en la casa recuperada. Además, el equipo arqueológico deberá estudiar detenidamente esa pieza.

Roberto Rodríguez y Roberto Yuste asumen que en los trabajos pueden surgir sorpresas, especialmente en el suelo del primer piso (en el segundo ya no existe). Y es que no olvidan que «en su origen el edificio era de uso noble y debía haber elementos de interés en el suelo. Con el tiempo, se pudieron tapar. Ahora, al eliminar estos elementos añadidos deberán aparecer».

La duda del futuro

Una vez que concluyan los trabajos, la casona de Velarde-Pimentel recuperará su esplendor, pero no tendrá ningún uso definido. «La licencia es para consolidar el edificio y evitar que siga deteriorándose, pero no se sabe aún que se hará en su interior. La Comisión de Patrimonio nos autoriza a hacer obras en el interior para aprovechar esta actuación y evitar daños en el futuro, pero aún no se sabe que se hará», comentan.

El convenio urbanístico firmado en 2008 entre el Ayuntamiento de Avilés y la propiedad abría la puerta a actividades de servicios al calificar el edificio como un equipamiento privado, incluido en una finca indivisible situada en las inmediaciones de la ermita de La Luz.

En ese lugar es fácil pensar en las posibilidades en el sector de la hostelería, bien como un restaurante o un hotel-casona rural. De hecho, el plan urbanístico permite la construcción de un edificio nuevo, con un máximo de dos plantas, tomando como referencia la cota de la planta baja de la casona-palacio para aminorar al máximo el impacto visual.

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