Aplausos para un 'Rinaldo' en memoria de Jaime Martínez

Carmen Romeu y Matthew Brook, anoche, en las dos secciones horizontales en las que se dividió el escenario del Campoamor. / FOTOS: IVÁN MARTÍNEZ
Carmen Romeu y Matthew Brook, anoche, en las dos secciones horizontales en las que se dividió el escenario del Campoamor. / FOTOS: IVÁN MARTÍNEZ

El Teatro Campoamor aplaude el estreno del segundo título de la temporada de la Ópera de Oviedo | La función, que estuvo dedicada a la memoria del expresidente, mezcla la cercanía teatral con la virtualidad del cine

RAMÓN AVELLOOVIEDO.

Como en aquella serie televisiva 'Arriba y abajo', el escenario del Campoamor se dividió ayer, para una representación muy singular de la ópera 'Rinaldo', en abajo y arriba, dos secciones horizontales y simultáneas. Abajo, los intérpretes que cantan y actúan en un espacio de fondo azulado. Arriba, la proyección de estos cantantes ambientada en un mundo ilusorio y cinematográfico. Esta fue la original propuesta para el estreno de 'Rinaldo', el segundo título de la temporada de la Ópera de Oviedo, que arrancó con un emotivo homenaje de su junta directiva en pleno, situada sobre el escenario, «en representación también de todas las personas, de los equipos técnicos y artísticos que hacen posible la temporada», a quien fuera su presidente y su alma durante quince años, Jaime Martínez, fallecido hace una semana.

Juan Carlos Rodríguez-Ovejero señaló su «humanidad y buen hacer en todos los ámbitos en los que participó».

«Desde aquí queremos decirte que tu ejemplo será nuestro faro en los años venideros y que siempre estarás presente en tu Ópera», prometió el actual presidente de la entidad ante la viuda y las hijas de Jaime Martínez. Una promesa emocionada a la que siguió una calurosísima ovación del público y la dedicatoria de todas las funciones de 'Rinaldo' a su memoria.

Tras la emoción, llegó lo prosaico, con los ya tradicionales pateos y aplausos a la megafonía en asturiano (esta vez, varió el orden y los anuncios se escucharon primero en castellano, luego en inglés y, finalmente, en llingua). Y, por fin, la música y el movimiento. Y es que, para el espectador actual, las óperas de Händel -y 'Rinaldo' no es una excepción- pueden ser muy hermosas, pero tienden al estatismo, incrementado por la forma musical del aria da capo, y adolecen de cierto dinamismo en el drama. Pero, contra esa tendencia a la inmovilidad, la propuesta escénica de Kobie Van Rensburg resulta imaginativa y muy interesante.

A través de películas como 'Harry Potter' o, de manera mucho más habitual, por los partes meteorológicos de la televisión en los que el hombre o la mujer del tiempo explica las predicciones climáticas sobre pantallas diferentes, todos sabemos que, por los llamados 'cromas' o doble exposición, se introducen elementos nuevos sobre diversos fondos.

Eso es lo que hace el escenógrafo alemán, con agilidad e indudable atractivo. Hay aspectos muy sorprendentes como la llegada de Argante sobre una alfombra voladora o las representaciones de hechizos, ambientes pastorales, naufragios... Todo ello, de una cinematográfica plasticidad, pero el director también añade rasgos que nos recuerdan a la ópera bufa. Algunos elementos de comicidad que fueron muy bien recibidos por el público.

Aarón Zapico, clavecinista y director, es bien conocido como fundador, junto a sus hermanos Pablo y Daniel, de Forma Antiqva, el conjunto asturiano que está revitalizando la música barroca con una mirada muy personal. Ya hace algunos años, Zapico dirigió en la Catedral de Oviedo 'El Mesías' y, por supuesto, conoce desde ángulos diferentes la música de Händel.

Zapico lleva los tiempos de una manera muy adecuada, bien contrastados, y destacando siempre la individualidad tímbrica de los instrumentistas de Oviedo Filarmonía.

La orquesta a veces está, en cuanto a dinámicas, algo plana. Quizá porque estamos ante un repertorio barroco que no interpretan habitualmente y que hubiese necesitado más ensayos. El resultado fue correcto, pero discreto.

De los intérpretes, destacamos en primer lugar a la protagonista de la ópera, Vivica Genaux, en el papel de Rinaldo.

La mezzosoprano americana empezó con papeles de la ópera bufa, como 'El turco en Italia', que representó hace años en el Campoamor, y es una voz barroca de referencia absoluta. Su timbre, denso, reproduce muy bien el color original que hipotéticamente tenían los castrati. Fue muy aplaudida en el aria 'Cara sposa', pero, en general, su actuación fue impecable. Es una lástima que, por necesidades escénicas, algunas veces estaba un poco alejada, al fondo, con lo que la voz se proyectaba menos.

Lenneke Ruiten interpretó a una Almirena con luz propia, aplaudidísima en el aria 'Lascia ch'io pianga' y muy sugerente en el dúo de sirenas con María Martín.

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Enérgica y segura estuvo Carmen Romeu como Armida, la hechicera maligna, y la coprotagonista de 'Rinaldo'. Su Armida estuvo llena de contrastes, con infinidad de recursos, desde la furia, con proyección hacia el agudo, a la emotividad desnuda del aria 'Ah! crudele e pur ten va'.

Paola Gardina es una mezzo más cercana a repertorios belcantistas y mozartianos que propiamente barrocos. Sin embargo, interpretó a un Godofredo correcto, de una cierta finura.

Eustazio, el hermano de Godofredo, posee mayor importancia musical -Händel escribe en 'Rinaldo' para él nada menos que cinco arias- que dramática.

El contratenor Rupert Enticknap hace un papel discreto al que añade una cierta vis cómica, como, por ejemplo, en la escena del naufragio. En esta proliferación de voces agudas en los protagonistas de 'Rinaldo', se agradece una voz viril, como la del barítono bajo Matew Brooke, en el papel de Argante.

Su personaje lo interpreta de una manera muy singular, añadiendo esa vis cómica que a veces recuerda a un barítono bufo. Y, además, cantando siempre con agilidad y gracia.

El público aplaudió todos los aspectos de la ópera. Indudablemente, hubo algunas licencias como, por ejemplo, la unión de las dos arias, 'Cara sposa' y 'Lascia ch'io pianga', que en la partitura original están separadas con algunos recitativos de poca monta. Y a ese sentido bufo antes mencionado colaboró, sin ninguna duda, la traducción libre de quienes elaboran los sobretítulos. A veces las licencias conducen a un final feliz que aligera la obra sin perjudicar en ningún aspecto a la música.