Crack, rock progresivo de Gijón hasta Japón

Rafa Rodríguez, Mento Hevia, Manolo Jiménez, Álex Cabal y Alberto Fontaneda, los cinco Crack que grabaron el histórico elepé en 1979, con Vidal Antón, bajista inicial y fundador, en el control de sonido./
Rafa Rodríguez, Mento Hevia, Manolo Jiménez, Álex Cabal y Alberto Fontaneda, los cinco Crack que grabaron el histórico elepé en 1979, con Vidal Antón, bajista inicial y fundador, en el control de sonido.

La mítica banda duró poco, pero dejó su impronta con un disco, 'Si todo hiciera Crack', alabado en todo el mundo. 40 años después sigue en las listas de históricos

ADRIÁN AUSÍN

Año 1978. Un Seat 850 recorre las calles de Candás, Gijón o Ribadesella anunciando por megafonía el concierto de esa noche. En su interior se aprietan los miembros del grupo que va a tocar: Crack. Se lo curran tanto que en ocasiones llegan afónicos a la cita nocturna con su público y, a veces, cuando están lejos de casa, acaban por dormir incluso en una cuadra. Pero su música tiene duende, encaja en el llamado rock sinfónico o progresivo, del que la banda gijonesa se convertirá rápidamente en uno de los mayores exponentes de toda España.

En su origen, Crack fue una banda integrada por Viti Carrizo, Jorge Ilegal y Vidal Antón. Cuando los dos primeros la dejaron para formar Asturcón y Madson, Vidal Antón (el dueño del 850) quiso perpetuarla. Trabó contacto con Mento Hevia (teclados y voz), que estaba acabando Derecho, y éste a su vez habló con Alberto Fontaneda (vocalista, guitarra acústica y flauta), compañero de clase. Ambos serían el eje de la banda, los creadores de todos sus temas. Con Manolo Jiménez (batería), Crack estaba en marcha con cuatro miembros. Solo iba a durar dos años. Pero en este tiempo dejaría una huella, y un elepé, imborrables.

Cuando empezaron, Mento ya trabajaba sobre un largo tema, de base instrumental, «tipo Rick Wakeman», que duraba algo así como media hora. Sería la base del disco 'Si todo hiciera Crack'. Pero cuando la discográfica Chapa llamó a la puerta del grupo gijonés en 1979 ésta se negó en redondo a grabarlo tal cual. De él saldrían tres canciones: 'Descenso del Mahëllstrong', 'Marchando una del Cid' y 'Epílogo'. O sea, la primera de cada cara y el final. En las demás, tomaría parte activa Fontaneda, dejando en las letras un reguero de historias personales. Tocaba ir a la mili. Mento dejaría sin acabar dos asignaturas de Derecho para ir escaqueándola y Fontaneda acabó librando por unas piedras en el riñón. Pero el tema estaba ahí y 'Cobarde o desertor', «el nombre que me den me será igual», es una denuncia abierta contra el servicio militar. 'Marchado una del Cid' apela a la épica; en 'Amantes de la irrealidad' se ponen románticos y 'Si todo hiciera Crack' destila un canto a la libertad para todo aquel que se sintiera atado o limitado por la sociedad cambiante de finales de los setenta. Este tema dará pie a la portada, presidida por un hámster metido en una jaula, que aparecerá vacía en la contraportada. Le preguntan: «Dime qué prefieres, si poder vivir tan solo un día libre o en tu jaula mil». Y el roedor se las pira. Esas son las letras. Pero Crack era sobre todo música, rock progresivo que avanza hacia adelante, sin los clásicos estribillos, «como se escribe una novela».

El disco fue todo un éxito. Para entonces ya se habían incorporado Álex Cabal (bajo) y Rafa Rodríguez (guitarra eléctrica). En su interior, además de las letras, venía el teléfono fijo para contratar a Crack, pues el grupo, sin manager, siempre lo hizo todo: los carteles, las promociones, la llamada a las puertas de los ayuntamientos, los contratos... Tanto les absorbió el proyecto que varios llegaron a vivir juntos un tiempo en una casa alquilada en Quintes. Y, apenas un año después de alcanzar la cima, en 1980, se disolvió. Pequeñas piquillas de veinteañeros daban al traste con una realidad musical emergente. Enseguida se arrepentirían y retomaron la amistad. Pero ya era tarde. El rock progresivo, además, agonizaba ya en los ochenta arrinconado por la movida.

Pero esos dos años de Crack, lejos de ser una anécdota, pasaron a ocupar un lugar distinguido en la historia. Hasta tal punto que hace diez años un promotor intentó reagruparlos para irse de gira por Estados Unidos. No lo logró. Pero hace cinco se reunieron en Madrid, a iniciativa de Eduardo Saldueña, para reaparecer. Llegaron a ensayar y a esbozar temas nuevos. Pero aquella energía inicial acabó por diluirse.

¿Por qué alguien se seguía acordando de Crack? La respuesta está en el público. Y no solo en el español, pues 'Si todo hiciera Crack' se editó en Japón y Corea y revistas especializadas de EE UU, Inglaterra, Rusia, Alemania o Turquía siguen situando a la banda gijonesa en los puestos de cabeza de la historia del rock sinfónico que lideran Génesis, Yes, Camel o King Crimson, sus grandes referentes. Así, una sitúa el disco en el puesto 26 del panorama mundial y otra el tercero en el ámbito español en una lista donde sobresalen con Triana, Bloque y Los Canarios. «En Asturias no se acordaron mucho de nosotros, pero el mundo es grande», reseña Alberto Fontaneda desde su 'retiro' alicantino, donde un buen día empezó a descubrir, una tras otra, reseñas de Crack de mil y un lugares.

El funeral de Álex

Para todos sus miembros, Crack fue algo especial que dejó una huella imborrable en sus vidas. Mento Hevia, el gran creador, no se separaría un ápice de la música y, además de tocar una decena de instrumentos, e incluso inventarse uno (la raviola), ha liderado mil proyectos, los últimos Gueta Na Fonte, la Orquesta Céltica Asturiana o una ópera rock que le ronda en la cabeza desde hace dos años en su Gijón adoptivo. Fontaneda dio un gran giro en su vida, cambió la música por la lingüística computacional y las traducciones que le llevaron primero a Luxemburgo y luego a la playa de San Juan, aunque en cuanto habla de Crack parece abrirse una gran puerta en su mente. Vidal Antón nunca dejó de tocar. Hoy en día mata el gusanillo con la Green River Blues Band. Rafa y Manolo, instalados en Madrid, también siguieron con la música mientras vivían de otros trabajos, el primero como técnico de sonido. Igual que Álex, el bajo, en este caso en A Estrada (Pontevedra). Falleció en 2016, a los 59 años y en su funeral se proyectó un vídeo de una actuación de Crack, aquel original e irrepetible hámster rebosante de talento que estos músicos se sacaron de la chistera a finales de los años setenta.