Noche histórica para la lírica asturiana

Una de las escenas corales del primer acto de 'Fuenteovejuna', con el pueblo pidiendo paz. / Ó. O.
Una de las escenas corales del primer acto de 'Fuenteovejuna', con el pueblo pidiendo paz. / Ó. O.

El estreno absoluto de 'Fuenteovejuna' fue un inicio de lujo para la temporada de la Ópera de Oviedo | El público del Campoamor recibe con expectación y aplausos la obra de Jorge Muñiz con libreto de Javier Almuzara basada en el drama de Lope de Vega

RAMÓN AVELLO OVIEDO.

«El culpable soy yo», declama el coro, dirigiéndose al público al final de la ópera. Con esta declaración del pueblo asumiendo la responsabilidad colectiva de un crimen terminaba ayer, en el ovetense Teatro Campoamor, en torno a las diez de la noche, el estreno histórico de la ópera 'Fuenteovejuna', de Jorge Muñiz, que el público recibió primero con expectación y luego con aplausos. Porque, aunque el adjetivo histórico está un tanto devaluado, la jornada de este domingo fue, para la ópera en Asturias, y particularmente para en Oviedo, plenamente histórica. Es la primera vez que asistimos a un estreno absoluto de ópera en Asturias y, además, en este caso, con una obra producida por la propia Ópera de Oviedo y compuesta por autores asturianos. Jorge Muñiz es un compositor del que se puede decir que, aunque le nacieron en Friburgo, es asturiano, y Javier Almuzara nació en Oviedo. Sin duda, el estreno ahonda en este camino emprendido hace años de modernidad, creatividad y proyección de la Ópera de Oviedo.

Se da en el Campoamor una peculiar liturgia teatral, que comienza con los saludos de rigor al público en español, asturiano e inglés. Pero, cuando se escucha «bien llegaos», hay tres tipos de reacción: los que se quedan inmóviles, los que patean -mayoritariamente situados a la izquierda del teatro- y los que aplauden. Un enfrentamiento entre partidarios y detractores del asturiano que volvió a repetirse al inicio de esta temporada, en la que pudieron verse muchas caras conocidas: desde el consejero de Cultura del Principado, Genaro Alonso, al alcalde de Oviedo, Wencelao López, la alcaldesa de Avilés, Mariví Monteserín, o la concejala de Cultura de Gijón, Ana Montserrat López Moro. Del director de la Ópera de Tenerife, Alejandro Abrante, que llegó acompañado por el consejero de Cultura del Cabildo, José Luis Rivero, al director del Teatro de la Zarzuela, Daniel Bianco, o Fernando Cedrón, subdirector general de Teatro del Inaem.

'Fuenteovejuna' es, en un sentido amplio, una obra comprometida. Expone con crudeza un mensaje sobre el derecho a la rebelión del pueblo contra la tiranía representada por la figura y el entorno del Comendador. El drama de Lope de Vega, sobre el que Javier Almuzara reescribe el libreto de la ópera, figura en una relación de sus obras de 1618, lo que daría pie a su 400 aniversario, y se inspira en el suceso ocurrido en un pueblo cordobés, que, al comienzo del reinado de los Reyes Católicos, se amotinó contra el Comendador de la Orden de Calatrava Fernán Gómez de Guzmán.

En la concepción escénica de Miguel del Arco, sobre un diseño escenográfico de Paco Azorín, se acerca la acción a nuestros tiempos, y se subraya, con acentos expresionistas, el realismo implícito de la obra.

Es una composición que utiliza mucho el claroscuro y cierto tenebrismo. En la escena, hay dos rampas móviles, inclinadas, que, en determinados momentos, imprimen cierta tensión y cierto carácter inestable al drama. Proyecciones de fondo de imágenes en movimiento y primeros planos en blanco y negro de los protagonistas remarcan ese carácter a veces agresivo.

Los personajes recuerdan, por una parte, a la moda de Malasaña y, por otra, a la gente del Sindicato de Obreros del Campo versión Gordillo. Pese a cierto feísmo a veces agobiante, hay una tensión muy bien lograda y especialmente acorde con la música. Del Arco maneja bien los movimientos de masas.

Muñiz es un compositor de sólida formación sinfónica y eso se hace patente en una partitura rica en colores, descriptiva y que confiere a la ópera una extraordinaria fluidez y unidad a través de los diferentes cuadros escénicos.

Santiago Serrate, al frente de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), también transmitió en esta primera audición de la obra una imagen de coherencia y solidez.

La partitura posee, por una parte, elementos que recuerdan diferentes facetas de músicas americanas: una, la música cinematográfica de Bernard Herrmann; otra, la comedia musical tipo Epstein, y, finalmente, la funk y latina, con boleros, mangos y merengues. Y otro elemento de la composición es la existencia de pequeños motivos rítmicos, sincopados, a contratiempo, repetidos a lo largo de la obra, dándole cohesión musical.

El pueblo de Fuenteovejuna, representado en el coro, no es solo la voz que simboliza la conciencia colectiva, sino un personaje con humanidad propia, que evoluciona a lo largo de la obra, que sabe disfrutar, sufrir, luchar y reaccionar. El Coro de la Ópera de Oviedo, que tan bien dirige Elena Mitrevska, lleva varios meses preparando este difícil papel que acaba siendo el protagonista principal de la obra. El momento estelar es la endecha coral al final del segundo acto, una música que recuerda en espíritu a los madrigales más expresivos de Monteverdi y el momento más efectivo, el final.

La modernidad de 'Fuenteovejuna' no está reñida con estructuras operísticas propias del belcantismo, que organiza los cuadros escénicos en recitativos y arias. En los primeros la acción avanza, mientras que las arias son de carácter contemplativo, intimista y afectivo. Este marco operístico confiere cierta individualidad a las voces y, al mismo tiempo, una rica variedad vocal y hondura psicológica para cada protagonista.

Mariola Cantarero, una soprano lírica en evolución hacia papeles más dramáticos, modela con poesía, fuerza y calor su personaje de Laurencia. La soprano granadina dejó un buen recuerdo en el Campoamor en zarzuelas como 'Luisa Fernanda' o en 'Lucia de Lammermoor'.

Fue muy aplaudida ya desde su aria de salida, pero lo más sorprendente de su actuación es que va cogiendo fuerza y gravedad dramática a medida que la ópera transcurre.

El tenor José Luis Sola es bien conocido por el público asturiano: su última actuación en Oviedo fue hace unos meses con la zarzuela 'El cantor de México'.

Sola recrea a Frondoso, labriego enamorado de Laurencia. Como actor, estuvo correcto, expresivo. Como cantante, tiene una voz lírica bella, pero le falta potencia.

Damián del Castillo tampoco es nuevo en el Campoamor. Le recordamos en el papel de Rigoletto, en la función de 'Viernes Ópera', hace un año.

El barítono cordobés interpretó a Fernán Gómez, el malvado Comendador. Su recreación de este papel fue de gran carácter: es el prototipo del malvado.

Tanto por el protagonismo del coro como por la variedad e importancia de las voces secundarias, 'Fuenteovejuna' se puede calificar como una ópera coral. Entre estos secundarios con mimbres de principales está la figura de Esteban, alcalde de Fuenteovejuna y padre de Laurencia, representado por Francisco Crespo. Voz de bajo recia, expresiva, en su haber tuvo un aria muy bien cantada.

El tenor Juan Antonio Sanabria, como Mengo, generalmente estuvo muy afortunado. Suyo es uno de los fragmentos más pintorescos de la ópera: la interpretación de un bolero a la manera de Jorge Sepúlveda.

Luis Cansino le da a Flórez, el lugarteniente del Comendador, también empaque de maldad. Siendo un barítono bajo, tiene facilidad para impostar la voz, produciendo unos fenómenos vocales muy curiosos.

'Fuenteovejuna' es la segunda ópera del siglo XXI representada en las temporadas ovetenses -la primera fue 'Ainadamar'-, lo que constituye un hito cultural para la capital de Asturias. Hay mucha música de una gran riqueza en la partitura. Sin duda, ha sido un estreno muy afortunado. Aquí la cuestión es el recorrido futuro que puede tener esta 'Fuenteovejuna' más allá de esta gran noche.

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