Reverte arma la guerra del lenguaje inclusivo

Arturo Pérez Reverte. / E. C.
Arturo Pérez Reverte. / E. C.

La petición de Carmen Calvo de un informe a la RAE para adaptar la Constitución genera opiniones encontradas: para unos es un absurdo, para otros ha llegado el momento de afrontar el reto | Josefina Martínez le dice a la vicepresidenta «zapatero a tus zapatos», Ángeles Caso no entiende la indignación y Salvador Gutiérrez afirma que el debate está viciado

M. F. A. GIJÓN.

El debate está servido y la guerra armada, desatada, enconada, irritada e indignada . Arturo Pérez Reverte amenaza con dimitir si la Real Academia de la Lengua (RAE) da un informe favorable a un cambio en la Constitución -como ha solicitado la vicepresidenta Carmen Calvo- para que la Carta Magna se nutra de un lenguaje inclusivo y filólogos y académicos no se ponen de acuerdo. Tampoco los asturianos.

Salvador Gutiérrez, que ocupa el sillón 'S' desde 2008, no entiende muy bien la polémica ni la petición de Carmen Calvo. «Va en contra de lo que se llama economía de lenguaje, incluso los que lo proponen no lo mantienen en el lenguaje cotidiano en cuanto se bajan de la tribuna de prensa», señala. Se refiere al 'compañeros y compañeras', al 'ellos y ellas', y aclara que no es cuestión de machismo, que se utiliza el genérico en masculino de igual manera que se emplea el singular para referirse a una pluralidad. No es pues una cuestión de género, sino también de número y de significados. Aclara que términos como «hombre» no conducen exclusivamente al varón, sino al género humano. «Creo que la discusión está viciada y es fruto de una mala comprensión», sostiene el académico asturiano. Añade también que el debate no beneficia en absoluto a la causa de la igualdad: «Esto no tiene nada que ver con la reivindicación de los derechos de la mujer y no creo que la favorezca mucho».

La opinión de la escritora Ángeles Caso es bien diferente, pero coincide con Salvador Gutiérrez en no ser capaz de entender el desencuentro y sobre todo el malestar e irritación de tantas personas por el simple hecho de que se haya pedido un informe a la Real Academia de la Lengua. «Estoy francamente sorprendida y disgustada, la petición es razonable, es así cómo se hacen las cosas», apunta, y aclara que no es una cuestión de niños y niñas o chicos y chicas, sino que cuando se habla de lenguaje inclusivo se alude a otros aspectos de mayor calado. «Significa buscar otro tipo de términos como la ciudadanía, la humanidad, los seres humanos, es un trabajo importante y pendiente que hay que hacer, es importante reflexionar sobre cómo usamos el lenguaje», apunta. Eso sí, aclara que, evidentemente, no es lo más importante para alcanzar la igualdad, pero «sí es significativo».

Otra mujer, la académica correspondiente de la RAE Josefina Martínez, viuda de Emilio Alarcos, se confiesa indignada con Carmen Calvo y le canta alto y claro: «Zapatero a tus zapatos». Y aún dice más: «Los que tienen que hablar de leyes son los juristas y del lenguaje, los filólogos, y luego está el sentido común que es el que tiene que presidir toda actuación humana». Ella ni comparte ni comprende la solicitud del informe y reprocha «el absurdo» de buscar permanente el femenino en todas partes. Porque no es lo mismo un jarro que una jarra o un cesto que una cesta. «Es una aberración, un disparate, cuando yo digo Reyes, doña Letizia está incluida, lo que mueve todas las actividades humanas es la economía, y también en el caso del lenguaje», concluye. «No tienen ni pajolera idea, no saben lo que se traen entre manos», concluye.

En una posición más taimada se sitúa el director de Cultura del Instituto Cervantes, el asturiano Martín López Vega, que no rechaza la iniciativa del Gobierno, pero subraya que se queda en la forma sin acudir al fondo de la cuestión. «No me parece mal, sería positivo, pero creo que el cambio que hace falta es de fondo. Si estamos de acuerdo en que la Constitución tiene padres y no madres, y hace falta un cambio ya que la sociedad es difirente, ese cambio tiene que ir más allá del lenguaje y llegar a la base misma en que se redactó. El cambio que esta sociedad se merece va más allá de cómo se dicen las cosas para ir a las cosas que se dicen, lo primero tendría que ser una consecuencia de lo otro; si nos quedamos con la lingüística, va a ser muy pobre», apunta.

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