«En el teatro el actor es el amo y señor»

Javier Gutiérrez, en el Festival de Málaga./JORGE ZAPATA
Javier Gutiérrez, en el Festival de Málaga. / JORGE ZAPATA

El actor nacido en Asturias llega el viernes al Niemeyer y el sábado al Jovellanos con '¿Quién es el Sr. Schmitt?'

M. F. ANTUÑAGIJÓN.

Es un tipo pausado, reflexivo, un hombre de teatro al que el cine y la televisión han tratado de lujo, un amante de un oficio tan cruel como hermoso. Javier Gutiérrez (Luanco, 1971) vuelve a casa este fin de semana para poner en escena '¿Quién es el Sr. Schmitt?' el viernes en el Niemeyer de Avilés y el sábado en el Teatro Jovellanos de Gijón. Le acompañan Cristina Castaño, Xabier Murúa, Quique Fernández y Armando Buika.

-La obra va de gente que quiere ser lo que no es. ¿A usted le ha pasado eso alguna vez?

-No, estoy contento con la persona que soy, pero sí es cierto que en este mundo de corrección política muchas veces mido lo que digo y lo que hago para no meterme en charcos, para tratrar de ser políticamente correcto, porque el que va contra la corriente, el que se sale del sistema, el que no forma parte del rebaño, tiene castigo.

-¿Le preocupa esto de la correción?

-Sí, corre un riesgo la libertad de expresión. Y siempre tiene que prevalecer, no se puede coartar.

-¿Tiende a salirse del rebaño?

-Trato de ir a contracorriente todo lo que me dejan. Intento tener un perfil bajo, soy una persona bastante fuera de ese sistema en el que tratan de meternos a los actores de ser personajes públicos.

-¿Pero sabe ya quién es o todavía no?

-Ese proceso no acaba nunca, depende del equipaje, de las experiencias, de los capítulos que van formando el carácter. No soy la misma persona a los 18 que a los 48, aunque sí me reconozco en el chico que iba con todas las ilusiones del mundo en la maleta a tratar de ser actor, el perfume es el mismo.

-Comedia, thriller y tragedia. Menudo cóctel.

-Eso es lo interesante. Los espectares/ciudadanos necesitan certezas y en este espectáculo no hay ninguna, exige un espectador muy activo, nada complaciente, que, al igual que los personajes protagonistas, va saltando de un género a otro y de sorpresa en sorpresa. Es un auténtico caramelo envenenado. Me apetecía dar este triple salto mortal con este personaje que primero es una cosa, luego otra, empieza en el humor absurdo y acaba en tragedia.

-Un texto de Sébastien Thiéry adaptado y dirigido por Sergio Peris-Mencheta. ¿Cómo ha sido el trabajo?

-Muy enriquecedor, muy interesante, Sergio es uno de los trandes valores de la escena nacional, todo lo que toca lo convierte en éxito. Aquí ha vuelto a acertar, hace un espectáculo delicioso, de los que a mí me gustaría sentarme en el patio de butacas.

-¿Es un triple salto mortal?

-En teatro he hecho personajes muy muy golosos, pero este es quizá de los más complejos, por ese caminar casi en la cuerda floja podría ser un funambulista, pasa de un estado a otro. Exige que uno esté bien entrenado y conocer el terreno en que pisa para ayudar al espectador a hacer el viaje. El espectáculo, además, mueve a la reflexión, invita al debate.

-Dice que el teatro es su gasolina.

-Sí. Los grandes personajes están en el teatro. Y luego hay que tener en cuenta que delante de una cámara pierdes la perspectiva, no sabes cómo va llegar el trabajo, no depende de ti, en la sala de montaje el actor no tiene nada que hacer ni qué decir, y en el teatro es el dueño y señor de todo lo que va a acontecer, hay un 'feed back' directo, uno sabe cuándo el público se aburre, cuándo se entretiene, cuándo está conectado.

-¿La tele qué es para usted?

-La televisión es un medio al que le debo muchísimo y durante mucho tiempo denostado injustamente. Había actores que miraban la televisión de reojo y los que la hacíamos no teníamos buena prensa. Para mí es un lugar fantástico para interpretar personajes con mucha enjundia, creo que la ficción nacional es un sitio maravilloso que está abriendo fronteras.

-¿Y el cine qué es?

-El buen cine para mí también es una película como 'Campeones', que además de entretener y divertir, forma parte de la cultura y la educación. Trasciende el valor cinematografico y se convierte en fenomeno social, abre una ventana en la que asomarse y mirar con otros ojos al mundo de la discapacidad.

-¿Se tiene que pellizcar al ver todo lo que ha pasado con esta peli?

-Me hace mucha ilusión y me hace muy feliz que la película, de la que yo fui una parte muy pequeña, haya conseguido lo que ha conseguido, por los chicos y por sus familias, porque les ha ayudado a cambiar su lugar en el mundo.

-Decía que el personaje tiene algo de funambulista. ¿El oficio también?

-El oficio es terrible. Es muy hermoso, pero también muy cruel. Nunca sabes qué va a pasar a la vuelta de la esquina, tiene algo de romántico y de aventurero. Puedes estar muchísimo tiempo parado y, de repente, te conviertes en el actor de la película del año. Te regala momentos impagables, pero también te las puede hacer pasar de todos los colores. Pero siempre hay que confiar, no tirar la toalla,

-Venimos de unas elecciones y vamos a otras. ¿Ha oído usted hablar de cultura?

-No he oído hablar de cultura, bueno, cinco minutos, y algunos de los candidatos a mí me sonrojaron con cómo solventaron la papeleta. Es una asignatura pendiente, como lo es también la educación. Estamos a la cola. Hay una idea tóxica de los que nos dedicamos a la cultura, y especialmente al cine, somos parásitos. El cine se ha convertido en un arma arrojadiza.

-¿De dónde saca tiempo para hacer tantas cosas como hace?

-Quitándolo de mi vida personal. Me gustaría que tuviera más horas el día. Soy actor las 24 horas, me apasiona, y me meto en charcos uno detrás de otro y muchas veces si querer.

-¿Qué charcos pisa ahora?

-Alguno que otro. Estoy rodando la tercera temporada de 'Vergüenza', al terminar empiezo la tercera de 'Estoy vivo' y tengo dos pelis por estrenar, 'Hogar' y 'Bajocero'.

-¿Venir a Asturias es especial?

-Asturias siempre es un lugar muy apetecible para mí y para cualquiera, teatral y gastronómicamente. Es un lugar precioso que forma parte de mis raíces, porque yo nací ahí, al igual que mis padres, aunque con pocos meses me fui a Ferrol.