Alonso, de una especie en extinción

Fernando Alonso, a los mandos ayer del McLaren, con el guiño a las banderas de Asturias y España al final de la tapa del motor. /  REUTERS
Fernando Alonso, a los mandos ayer del McLaren, con el guiño a las banderas de Asturias y España al final de la tapa del motor. / REUTERS

Más allá de sus 32 victorias, 22 'poles', 97 podios y 23 vueltas rápidas, el asturiano aglutina en sí un carácter propio de otra época Es parte de una generación de pilotos diferente a la que dominará a partir de ahora

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO MADRID.

El barco de Fernando Alonso surca sus últimas olas en la Fórmula-1. Este fin de semana, Abu Dabi se convierte en el centro de los homenajes, recuerdos, lágrimas a escondidas, risas, suspiros de alivio -aunque no lo parezca estos días, el asturiano también ha dejado unos cuantos enemigos por el camino- y sobre todo la certeza de que la competición pierde a un piloto sin igual, de los que han marcado una época.

Los números de Fernando Alonso no son más que briznas de hierba al margen del camino que ha asfaltado en sus 18 años en Fórmula-1, de ellos 17 como piloto oficial. El asturiano ha vivido posiblemente uno de los mayores cambios generacionales de la historia reciente del motor: comenzó cuando Michael Schumacher estaba en su apogeo, le hizo hincar la rodilla y acabó viendo cómo, después de su corto reinado, le superaban los jóvenes Lewis Hamilton y Sebastian Vettel, los grandes dominadores desde que Alonso cedió su trono en 2006.

La figura de Alonso trasciende los números y eso es algo que muy pocos han logrado en la historia del automovilismo. El número de bicampeones del mundo es relativamente alto. Alonso es 'sólo' uno de los seis hombres que se fueron de la Fórmula-1 con dos títulos. En los libros de estadísticas de la disciplina reina del automovilismo de asfalto están Alberto Ascari, Jim Clark, Emerson Fittipaldi, Mika Hakkinen, Graham Hill y el propio piloto español con dos estrellas sobre su escudo. Diez pilotos han logrado, al menos, un título más que ellos y otros 17 se quedaron a uno de igualarles. Alonso se va de la Fórmula-1 formando parte de los 33 campeones del mundo de la competición.

Es uno de los seis hombres que se fueron de la Fórmula-1 con dos títulos en su haber

Pero más allá de eso, de sus 32 victorias, 22 'poles', 97 podios y 23 vueltas rápidas, Fernando Alonso aglutina en sí un carácter propio de otra época. No es casual que deje la Fórmula-1 para seguir compitiendo. Eso es cosa del pasado, cuando los pilotos no veían suficiente el 'gran circo', cuando no eran más de 20 carreras por año, sino que a duras penas superaban las 15. El asturiano descubrió que fuera de la gigantesca carpa que tapa el 'paddock' donde ha vivido casi la mitad de su vida había un mundo maravilloso, con carreras que duran lo que varios Grandes Premios y que se pueden decidir en apenas cinco minutos. La 'triple corona' no es cualquier cosa.

No es casual que Alonso tenga características de muchos de los mejores de la historia: la determinación casi enfermiza de Ayrton Senna, la frialdad y capacidad analítica de Alain Prost, la dureza y fiereza de Nigel Mansell, el carácter ganador y a veces cruel de Niki Lauda, la caballerosidad cuando fue necesaria de Jim Clark, y por encima de todo, la brillantez en casi todos los aspectos que separan a los buenos de las leyendas. Tampoco es casual que en cualquier encuesta que se haga, bien a aficionados, bien a pilotos, bien a jefes de equipo, todos respondan que Alonso merecía haber dejado la Fórmula 1 con algún título mundial más.

No es F-1 para viejos

La mejor prueba de que Fernando es un piloto que trasciende una única generación es que puede decir que ha competido contra un padre y contra un hijo, los Verstappen. Con Jos coincidió dos años, en 2001 y en 2003, mientras que con Max lo ha hecho los cuatro últimos. Recordar los primeros días de Alonso en la competición, también es hablar de una época que parece la prehistoria.

El propio piloto lo decía en la rueda de prensa del jueves, cuando le preguntaban por los consejos que le podría dar a los jóvenes que llegan, como Lando Norris, George Russell o Charles Leclerc, que son tres de los llamados a dominar en un futuro la competición junto a la gran realidad que ya es Max Verstappen.

«Probablemente mis consejos no serían muy útiles, porque mis inicios fueron muy diferentes», decía Alonso, con cierta nostalgia en los ojos y en la voz. «No pudimos probar el coche antes de Australia, el equipo estaba en bancarrota y Paul Stoddart vino en el último momento para llevar el coche allí en su avión. Estudiamos el volante el miércoles y el jueves en Australia. Recuerdo salir al 'pit lane' en los primeros libres y había una cola de coches delante, porque aún estaba el semáforo en rojo. ¡Y casi me estrello contra ellos porque no encontraba el botón de neutral!», relataba. Sólo Kimi Räikkönen llegó a vivir algo similar, aunque el finlandés se niega a dejar la competición y prefiere una jubilación anticipada en Sauber.

311 grandes premios después de aquel susto en Melbourne, Alonso hace las maletas. Un adiós con sabor a 'hasta luego', más deseado que confirmado por todas las partes, que se hará por la puerta de atrás en términos de resultados. Quizá porque sabe lo que es bregarse en el barro, sea más propicio este final que hacerlo en todo lo alto. Porque más allá de sus resultados y sus títulos, se lleva el respeto unánime de todos. Lo decía Lewis Hamilton: «Ha sido un honor correr en la misma era que Fernando Alonso». Y como él, seguro que Michael Schumacher, si pudiera hablar, diría algo muy similar de aquel que le destronó.

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