Las empresas asturianas crean sus centros de formación ante la falta de personal cualificado

Los alumnos y profesores de la última edición de la Escuela de Formación Interna de TSK. / E. C.
Los alumnos y profesores de la última edición de la Escuela de Formación Interna de TSK. / E. C.

ALSA, ArcelorMittal o TSK instruyen a su plantilla y futuros empleados en sus propias escuelas y otras compañías se plantean una medida similar

NOELIA A. ERAUSQUIN GIJÓN.

La empresa asturiana no encuentra en el mercado laboral lo que busca, al menos no de forma general. Por ello, cada vez más compañías crean sus propios centros de formación en los que dotar a sus futuros trabajadores o empleados de plantilla de las aptitudes o conocimientos que requieren. No es una cuestión de nivel educativo, entre los destinatarios hay desde personas sin titulación a ingenieros. Los máximos responsables de las empresas coinciden en que ni la Universidad ni la Formación Profesional preparan a sus alumnos para las necesidades del mercado y cada vez más compañías optan por hacerlo ellas mismas, sobre todo, ante la mejora de la economía y el incremento de la contratación.

Si no hay personal con la cualificación necesaria, el recurso que queda, reconocen los directivos asturianos, es 'robar' profesionales a otras sociedades del sector, algo que sucede, sobre todo, entre las tecnológicas y que crea muchos quebraderos de cabeza en los equipos que se desmontan. Pero aún así las posibilidades son limitadas, por lo que la opción preferida, si se puede, es la de impulsar una formación propia. Prueba de ello es que, a pesar de la crisis en la que está inmersa, Duro Felguera ya ha anunciado que quiere recuperar su escuela de ingenieros, mandos y directivos. En el Principado hay muchos otros ejemplos, algunos con varias décadas de historia.

ALSA fue de las compañías pioneras en esta materia. Desde el año 1987, cuenta en Oviedo con un centro de formación propio homologado y que dispone, además, de un simulador de conducción de última generación, una herramienta válida tanto para conductores noveles como para el reciclaje de aquellos con experiencia. El centro asturiano fue el primero de este tipo del grupo, pero en la actualidad tiene también en Segovia, León, Madrid, Granada, Bilbao y Santander, además de dos en Marruecos.

Los centros de ALSA están autorizados para impartir la formación obligatoria de conductores -Certificado de Aptitud Profesional (CAP)-, la cualificación y certificados de profesionalidad de estos y los títulos correspondientes a los estudios de formación profesional relacionados con gestión de transporte y logística, tráfico de mercancías y viajeros, técnicos en conducción y otros afines.

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Arcelor, por su parte, presume no solo de tener un centro de formación, sino de contar en Avilés con uno de los ocho campus repartidos por todo el mundo de la ArcelorMittal University, que tiene como misión ayudar a los empleados «a aprender, crecer profesionalmente y estar conectados con los retos que depara un entorno de negocio cada vez más complejo y dinámico». Este centro da servicio a todas las organizaciones de la multinacional en España y Portugal y ocasionalmente ha dado también servicio a plantas de Francia e Italia y de otros países de habla hispana. Las instalaciones asturianas de este campus cuentan con 20 aulas y 6 talleres, algunos de ellos con simuladores de entrenamiento industrial. Además, la empresa organiza anualmente la Semana del Aprendizaje.

TSK es otra de las empresas que ha creado su propio centro. La dirección del grupo asturiano llegó a la conclusión hace unos años de que no encontraba personal preparado para las exigencias de la compañía, completamente internacionalizada, y en vez de resignarse, el grupo tomó la iniciativa y creó en 2014 la Escuela de Formación Interna (EFI) de TSK. Se trata de un intenso programa de tres meses de duración, unas 400 horas de estudio y análisis, en el que participan cada año una treintena de jóvenes titulados, la mayoría ingenieros. Gracias a él aprenden cómo se trabaja en el grupo y adquieren los valores de la empresa y conocimientos sobre proyectos reales. Al terminar, pueden incorporarse a la plantilla. Para ello, el proceso de selección previo es muy duro, con exámenes y entrevistas personales.

Sector agroalimentario

El sector de la alimentación también apuesta por la formación propia. Tanto Hijos de Luis Rodríguez (Masymas) como Alimerka cuentan con centros para instruir a su personal en oficios relacionados, sobre todo, con la carnicería, pescadería, charcutería, frutería y panadería. La primera fue pionera y creó en 2002 su propio centro de formación homologado (Formás), tras detectar la necesidad de ofrecer mejores capacitaciones al personal que comenzaba a trabajar en sus establecimientos. 16 años después, el centro, que se encuentra dentro de las instalaciones logísticas de las que dispone la compañía en Llanera, dispone desde aulas de formación teórica a un aula-taller que se asemeja a un supermercado para impartir los módulos de la forma más real posible. En esta escuela se forma tanto a personal desempleado como a los nuevos trabajadores y las acciones relacionadas con el plan de formación anual de la empresa y el reciclaje de empleados.

En el caso de Alimerka, la compañía destaca la necesidad de un equipo humano con destrezas adquiridas por la práctica y la formación recurrente, así como la importancia de la interacción con los clientes, que pivota sobre las tareas tradicionales del comercio de alimentación. «Estos oficios no se pueden copiar ni tampoco crear de la noche a la mañana», subraya la empresa, que reconoce que en varias ocasiones se ha enfrentado a la escasez de estos profesionales, «no solo para cubrir la rotación natural sino también para crecer». Este problema, incluso, les llevó a plantearse si tenían que reorientar su negocio al libre servicio basado en bandejas, una posibilidad que descartaron. Por ello, crearon su propio centro de formación en 2012.

Así nació el CESA (Centro Escuela de Simulación de Alimerka), centro de formación profesional práctico y teórico de aprendizaje, basado en el modelo 'learning by doing', o lo que es lo mismo, aprender haciendo. En él, los profesionales veteranos se reciclan y los aspirantes se inician en los diferentes oficios mediante el conocimiento práctico. Desde su creación ya han pasado por sus cursos 13.000 personas.

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