«La Administración me maltrata hoy como antes lo hizo mi expareja»

Susana Villa, madre de dos hijos, reside en una vivienda de Cáritas al carecer de ingresos. / PALOMA UCHA
Susana Villa, madre de dos hijos, reside en una vivienda de Cáritas al carecer de ingresos. / PALOMA UCHA

Susana Villa, madre con dos hijos a cargo evitó quedar en la calle gracias a Cáritas tras rechazar el Consistorio su petición de un piso de emergencia

CH. TUYA GIJÓN.

Sabe lo que son los malos tratos. Se confiesa hoy una mujer, «en fase de reconstrucción». La terapia que le ofrecieron para recuperarse del daño causado por su maltratador le ha servido no solo para salir de una relación de violencia, sino para seguir adelante. Una experiencia que le permite calificar de «maltrato» la relación que hoy mantiene con la Administración. «Me maltrata como lo hizo mi expareja. Esto también es maltrato, lo tengo muy claro».

Lo dice Susana Villa porque, a sus 44 años, con dos hijos a cargo, ha visto rechazada su solicitud de una vivienda de emergencia. Para la Empresa Municipal de Vivienda (Emvisa), su caso «no cumple los requisitos» para acceder a uno de los pisos que la Administración tiene para personas sin recursos.

«Mi hijo, de 16 años, y mi hija, de 7, vivimos del salario social. Una cantidad muy pequeña a la que se suma la pensión de alimentos que el padre de mi hijo me paga. Del de mi hija nada sé. Nuestra vida es angustiosa, pero el Ayuntamiento de Gijón no cumplimos los requisitos para poner disponer de una vivienda de emergencia».

'Castigada' sin prestación

No es la primera vez que Emvisa le dice que no. «Los problemas empezaron el año pasado. Vivía en un piso de alquiler que no era legal. Al solicitar la ayuda para pagar la renta, Emvisa me dijo que en esa vivienda no se podía vivir, así que no me dio la ayuda». Momentos de «angustia» que hicieron mella en la familia. «Para mis hijos no era sencillo. El mayor comenzó a tener miedo social. No quería salir de casa. Y, como faltó al instituto, me castigaron con tres meses sin salario social». Una penalización que fue la gota que colmó el vaso. «Sin dinero, empezamos a acumular deudas. Nos tuvimos que ir a casa de mi hermana, pero eso no era ninguna solución».

Tanto que se vieron en la calle. No llegaron a dormir al ras «porque Cáritas nos salvó. De hecho, fue el cura de Jove el que, al saber nuestra historia, facilitó que entráramos en uno de los apartamentos de la entidad». Susana Villa tiene tantas palabras de agradecimiento para la entidad «que hacen un trabajo enorme», como de críticas para Emvisa. «Yo no quiero caridad, volví a pedir ayuda y, de nuevo, me la han denegado».

Asegura que el dispositivo de Cáritas «no pude ser una solución definitiva, hay persona que están aún peor que yo», por lo que pide «una vivienda, en la que mis hijos y yo podamos vivir con dignidad». No quiere, asegura, «regalos. Quiero pagar un alquiler asumible y trabajar, pero ahora no encuentro ni lo uno ni lo otro. Y tengo dos hijos por los que tirar adelante».

 

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