Cuatro orejas para Lorenzo en El Bibio

Álvaro Lorenzo. / Dani Mora

El diestro se llevó dos trofeos por toro y volvió a abrir la puerta grande de El Bibio. Juan Ortega se estrenó en Gijón cortando una oreja y Galván se fue de vacío

JOSÉ ANTONIO RODRÍGUEZ CANAL

No decepcionó el encierro de La Quinta, de juego variado. Nada semejante al género ovino con cuernos que abunda en los ruedos del planeta taurino. El primer toro de la tarde le tocó a David Galván, nuevo en la plaza. Fue un santacoloma de cómoda cabeza, que recibió una vara puesta de cualquier manera. En el último tercio embistió con sosería, a la altura, en este aspecto, del matador, que en la faena con la escarlata abusó del pico y de los pases a media altura. Fue un muestrario de frialdad y de paseos continuos que alargaron la faena. Solo valió la pena su tarea cuando bajó la mano en una serie de redondos. Se lució asimismo en los ayudados por alto de la fase final y se le agradece que saliera de la vulgaridad rutinaria al matar en la suerte de recibir. También fue muy mal picado su segundo enemigo. Galván lo trasteó con la diestra, aprovechando el viaje de la res, que gazapeaba y luego hizo amagos de rajarse. Un natural, uno, bueno, excelente, y luego los efectismos para la galería: molinetes de rodillas y las bernadinas de moda. Falló a espadas y tuvo que conformarse con una ovación como premio.

También era debutante en El Bibio Juan Ortega, que iba vestido como un peón. Recargó en la única entrada al caballo su primer enemigo, que luego flojeó de remos, como algún otro de sus hermanos. De la faena de muleta de Ortega sobresalieron los naturales a pies juntos previos a la estocada caída que dejó al toro para el arrastre. Lo demás, mucho pico, enganchones, nada inolvidable, desde luego. Pero tuvo efecto la actuación de la intendencia empresarial con patrocinador publicitario, que regaló a los espectadores (a los de tendido) grandes pañuelos blancos, los cuales, exhibidos en lugar del moquero habitual, producen la ilusión óptica de que los tendidos son un mar de albura y contribuyen así a que la voluntad presidencial conceda orejas. Como la que le dieron a Ortega, que después, en el quinto de la tarde, un toro andarín que entró dos veces al caballo y luego no lo dejaba colocarse, abrevió y lo envió al desolladero hecho un acerico con cinco pinchazos. El toro probablemente tendría su lidia, pero el diestro dijo nanay y nos dejó con las ganas de verla.

Ficha técnica

Plaza de Toros de El Bibio.
Gijón, miércoles 14 de agosto. Tercera de abono. Nuboso. Menos de media entrada. Seis toros de La Quinta, bien presentados. De embestidas nobles, no desarrollaron peligro, en general, lo que no fue obstáculo para que, llegado el caso, pidieran el carnet a los lidiadores. El tercero fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.
David Galván.
Estocada corta en la suerte de recibir y tres descabellos; un aviso (palmas) y pinchazo y estocada trasera desprendida; un aviso (ovación).
Juan Ortega.
Estocada caída (una oreja) y cinco pinchazos (silencio).
álvaro loRENZO.
Estocada traserísima (dos orejas) y estocada en la cruz (dos orejas). Salió de la plaza a hombros.

El triunfador de la tarde fue Álvaro Lorenzo. Y no solo por las cuatro orejas que le concedieron –la inflación orejeril está desbocada– sino porque tuvo una excelente actuación, que comenzó al veroniquear al tercer toro de la tarde, un galán muy bien armado. Se lució la cuadrilla de Lorenzo con las banderillas y el diestro elaboró a continuación una faena de muleta maciza, con hondura, que fue de menos a más, porque si en los comienzos remataba algunos pases hacia afuera, después elevó el tono de calidad, con temple y mando en el trasteo. Naturales largos, tres de ellos superiores; ligazón en las tandas de redondos y brillantez en la culminación con una trinchera, ayudados por bajo y más dextronaturales, que diría Ele Erre, revistero taurino de

EL COMERCIO hace sesenta años, suministrados sin la ayuda del estoque simulado. La espada no cayó en buen sitio, sino muy trasera, y el toro, ya ve usted, acabó muriendo en toriles. (Las dos orejas estaban aseguradas, pero las mulillas retrasaron su salida, para ayudar en la picaresca que rodea los momentos en que se presiona al usía para la concesión de trofeos. Una conducta inadmisible, pero habitual en el ruedo gijonés. Por cierto, las mulillas solo son dos y en la misma línea de austeridad hay puertas de acceso a la plaza que se abren solo en su mitad, con un único portero).

Dani Mora

Volvió a brillar Lorenzo con el toro que cerró plaza, de fea encornadura y embestida noble, que recargó en su cita con la plaza montada y a continuación provocó que el banderillero El Puchi se estrellara contra las tablas al salir apurado de un par sin que Juan Ortega cumpliera su obligación de estar al quite. Con la flámula, Lorenzo se estiró en series de redondos y naturales de inferior cotización a los de su faena anterior, pero mató de una magnífica estocada en las péndolas, le dieron otras dos orejas y lo pasearon a hombros los capitalistas. Hubiera sido un buen candidato para sustituir a Roca Rey.

De arriba a abajo y de izquierda a derecha: Álvaro Lorenzo, ante su primer toro, al que cortó dos orejas, asegurándose la salida a hombros. David Galván, durante la suerte suprema, ante el segundo de la tarde, 'Candilito'. Juan Ortega, con el capote, con su primero, al que cortó una oreja. / DANIEL MORA

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