Una impresora revolucionaria fabricada en Gijón

Una impresora gigante fabricada en Gijón
Dos jóvenes observan la impresora Amcell, presentada en el Centro de Arte de la Laboral. / CAROLINA SANTOS

La firma Triditive crea una impresora 3D que fabrica 10.000 piezas de metal al mes | Única en el mundo, se autogestiona, no usa moldes y produce geometrías complejas en serie que aportan valor añadido y abaratan costes

ELENA RODRÍGUEZ GIJÓN.

Se llama Amcell y se presentó ayer en el Centro de Arte la Laboral a escala mundial, rodeada de muchísima expectación. Es una impresora en 3D revolucionaria, única en el mundo, diseñada por la start-up (empresa de reciente creación) asturiana Triditive y dirigida por Mariel Díaz, antigua alumna de la Escuela Politécnica de Ingeniería (EPI). A diferencia de las máquinas actuales de fabricación aditiva (3D), es una impresora «inteligente, automatizada (de hecho, es ella la que gestiona a los operarios), capaz de fabricar sin moldes (utiliza únicamente una pieza probeta de 125 centímetros cúbicos), con distintos materiales (polímeros y metal) y en serie». Ésta es una de sus mayores novedades, pues, según explicó el equipo de Triditive, las impresoras de 3D del mercado tienen una producción limitada: de cien piezas de metal o treinta al mes. En cambio, «Amcell es capaz de llegar a las 10.000 en el mismo periodo de tiempo». Es más, la firma espera alcanzar las 20.000 unidades antes de finalizar el año y, si logra financiación, llegar hasta las 30.000.

La máquina ya está disponible para ser incorporada a los procesos productivos de las empresas y ayer se abrió el turno de reserva. Su coste no ha trascendido, pues dependerá del trato personal con cada empresa, pero Triditive asegura que es «mucho más barata que la inversión hecha hasta la fecha en este tipo de maquinaria, valorada en un millón de euros e incluso dos». Dicha circunstancia -unida a «la fabricación sin moldes («un método ágil y flexible»), en serie y de forma rápida», pues es la máquina la que recibe directamente las órdenes de producción y ella misma sitúa los pedidos a la cola- permite «lograr piezas a un coste muy económico, a un precio que entra en el mercado. Además, al poder hacerlo con figuras geométricamente complejas, aporta valor añadido».

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En el polígono de Roces

Las cinco personas que conforman Triditive han desarrollado la máquina en solo nueve meses. Ésta se autogestiona mediante un software que les ha llevado cinco años de investigación. La impresora, no obstante, está controlada por ordenador. Incluso se pueden seguir sus pasos a través de un Ipad o teléfono móvil. Resulta llamativo que sea ella la que dé un listado a los operarios con las tareas pendientes. «Es ella la que les indica, con un mensaje al móvil o a su correo electrónico, si en un día concreto hay que introducirle un material concreto de un color específico o si se van a agotar las plataformas para seguir fabricando», explicaron Mariel Díaz y su socio José Antonio Fernández. Por tanto, «no se requiere mano de obra altamente cualificada».

Fernández fue el encargado de explicar cómo esta idea surgió al detectar una serie de problemas, como son «el difícil manejo de estas máquinas y su peligrosidad al usar polvo metálico que puede ser explosivo». Amcell puede funcionar, dijo, «en cualquier lugar. No necesita una instalación eléctrica especial, ni usa polvo metálico ni requiere de ventilación externa. Tampoco necesita un suelo antivibraciones». En el encuentro también dieron a conocer el centro de excelencia de fabricación aditiva, Scaladd, en el polígono de Roces, con varias máquinas Amcell conectadas. «Los clientes suscritos pueden comprar porcentajes de producción, de tal manera que si hay alguna reticencia a la compra de la máquina puedan acceder a la fabricación de Triditive». En el caso de compra, hay servicio de formación.

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