«Poder estar en la casa de Jovellanos es un lujo», destacan los turistas

Vanesa Castillo, a la derecha, comienza sus explicaciones sobre Gijón ante las Letronas de los Jardines de la Reina. / AURELIO FLÓREZ
Vanesa Castillo, a la derecha, comienza sus explicaciones sobre Gijón ante las Letronas de los Jardines de la Reina. / AURELIO FLÓREZ

La cuesta del Cholo, el Campo Valdés, la escultura Nordeste y el Elogio del Horizonte también forman parte de una ruta, que se realiza de martes a sábado por el centro histórico de Gijón

COVADONGA RODRÍGUEZ GIJÓN.

La cita es en las Letronas, una figura icónica que no vio la reina María Cristina, aunque su paseo por Gijón da nombre al jardín en el que están colocadas. Desde ahí, durante dos horas, el viajero descubrirá que bajo el empedrado de la plaza del Marqués había una fábrica de salazón, que estaba tras la muralla para evitar el olor. También dónde nació y vivió Jovellanos, así como que el convento en el que su hermana profesó los votos fue años después una fábrica de Tabacalera y, ahora, un edificio en obras para el que el Ayuntamiento de Gijón buscará nuevos usos.

Así se lo explica Vanesa Castillo a cada grupo de turistas que, todas las semanas, realiza de su mano un recorrido histórico por la ciudad. Es muy común que cuando alguien se va de vacaciones para explorar y conocer nuevos lugares realice una ruta turística. Es la mejor forma de adentrarse en los espacios más emblemáticos de la ciudad y conocer al mismo tiempo su historia y anécdotas. Pero no solo los turistas descubren nuevos datos, hasta los propios residentes pueden llegar a sorprenderse con acontecimientos que no sabían que habían pasado en su ciudad, muy cerca, incluso, de su casa. «No es habitual, pero alguna vez he tenido un grupo de avilesinos que quería conocer más profundamente Gijón, e incluso varias señoras de aquí se animaron a hacer el tour», señala Castillo.

Ejerce ella como guía turística en la villa de Jovellanos y dirige la agencia Vantur. «Hay muchas cosas que no conocemos de nuestra propia ciudad», señala, aunque lo más habitual es que la gente que realiza estas visitas guiadas a la ciudad sean turistas. Ese es el caso de Eduardo Muñoz, que llegó a Asturias huyendo del calor de Castellón y tras conocer Oviedo decidió pasar unos días en Gijón. «En cada ciudad que visito, hago un tour turístico. Me parece la mejor forma de explorar el lugar», cuenta. Junto a él recorren la ciudad una familia gallega y dos toledanas. En total, quince personas que escuchan atentas y concentradas las explicaciones de Castillo. «Lo más habitual es tener familias y grupos españoles, pero también hay muchos argentinos», apunta ella.

La ruta comienza en las Letronas y en los Jardines de la Reina que, como les explica la guía, se llaman así por la visita que la reina María Cristina y Alfonso XIII realizaron en la ciudad en 1900. Ambos se hospedaron en el Palacio de Revillagigedo.

Otro de los puntos de mayor interés para los turistas es la estatua de Pelayo. Allí, en la plaza del Marqués, «en tiempos romanos, había una fábrica de salazón. Para conservar el pescado que, se cree, llevaban hasta León. Estaba fuera de las murallas por el olor», les desvela Castillo. Este es precisamente uno de esos datos que algunos gijoneses desconocen.

Sidra para la despedida

Adentrados en la época romana, los visitantes observan curiosos los restos de las murallas. Pero sin ninguna duda, lo que más les llama la atención es la Casa Natal de Jovellanos. «Poder estar en la casa de Jovellanos es un lujo», se entusiasma José María López. Allí, además de ver la habitación del ilustrado, los turistas disfrutan con el Retablo del Mar. Y ahí Vanesa Castillo descubre a los turistas, y a muchos gijoneses, que la hermana del ilustrado fue monja en el convento de las Agustinas Recoletas, situado en el edificio de Tabacalera, por donde prosigue la visita.

La cuesta del Cholo, el Campo Valdés, la escultura Nordeste y el Elogio del Horizonte también forman parte de esta ruta, que se realiza de martes a sábado por el centro histórico de la ciudad. Como no podía ser de otra manera, el tour termina compartiendo una botella de sidra. Es en ese momento cuando el ambiente se relaja y las anécdotas más curiosas salen a la luz. «Me ha encantado la ciudad, pero sobre todo la manera de explicar de la guía». Dos horas de paseo guiado que permiten adentrarse en la cultura e historia gijonesas.

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