Puerta grande para Fortes

Saúl Jiménez Fortes, ante su primer oponente, al que cortó una oreja. /  FOTOS: DANIEL MORA
Saúl Jiménez Fortes, ante su primer oponente, al que cortó una oreja. / FOTOS: DANIEL MORA

La feria taurina de Begoña registró un tercio abundante de entrada en el cuarto festejo de abonoEl torero malagueño cortó una oreja a cada uno de sus toros y salió a hombros de El Bibio, mientras que Garrido obtuvo un trofeo y Lorenzo se fue de vacío

JOSÉ ANTONIO RODRÍGUEZ CANAL

Ayer cayó en picado la cotización de la oreja en la bolsa taurina del coso gijonés. El BIBIOEX se situó bajo mínimos y los analistas pronostican que hoy seguirá el desplome, con la llegada de las figuras. Ver veremos. Lo cierto es que si no se estuvo en la corrida, visto el balance de trofeos -tres orejas y una salida a hombros- se puede llegar a conclusiones erróneas, porque no fue una tarde de las que merecen ser calificadas de inolvidables.

De los toros de Charro de Llen se puede decir que hubo de todo, como en botica. El primero, el segundo y el cuarto se dejaron, como dicen los taurinos. El tercero, manso; el quinto no dio facilidades a Garrido y el sexto se le colaba a Lorenzo cada vez que intentaba pasárselo por la izquierda.

A Fortes le correspondió el mejor lote. Al toro que abrió plaza le hizo una faena de muleta, con abundancia de enganchones, pero variada y con temple y mando en alguna serie con la zurda al principio. Dígase que fue una labor muleteril de más a menos, en parte porque el toro, de embestida sosa, sin transmisión alguna, se apagó enseguida. Después de unas espectaculares bernadinas, Fortes lo despenó de una gran estocada, lo mejor de su labor. Se supone que por eso le dieron una oreja, porque la petición, dicho sea con franqueza, fue más bien escasa. En el cuarto, con la franela (inédito con el capote, como sus compañeros de terna, nada, ni un quite) superó las incomodidades de la embestida descompuesta del bicho y, al contrario, que en su faena anterior, la tarea creció en calidad a medida que avanzaba, para declinar al final, cuando se dejaba enganchar la tela al pasarlo al natural y los pases en redondo degeneraron en trapazos. Pero de nuevo acertó con la espada y le adjudicaron otra oreja, pasaporte para abrir la puerta grande.

José Garrido, al que ya vimos como novillero en ruedo gijonés en 2015, dio en el segundo toro de la tarde toda una lección, un tratado, un máster abreviado de la clase URJC, de cómo completar una faena de muleta sobre la base de torear con el pico de la muleta. Y con la flámula en la zurda, como en los pases de pecho -cabía un tráiler entre el diestro y la pañosa- un muestrario de su facilidad para citar despegado y practicar el toreo a distancia. Un amplio repertorio de ventajas, pues, el que exhibió Garrido, lo que no impidió que le dieran una oreja tras pasaportar al burel de una estocada caída. En el quinto de la tarde tuvo que pechar con la mala condición del bicho. Se lo pasó a media altura y sin quietud, perdiendo pasos. En la fase final, una dosis de mantazos y apretadas bernadinas como colofón. Con el estoque, eficaz, pero lo contrario de acertado en la colocación del acero.

Álvaro Lorenzo, nuevo en la plaza, tuvo mala suerte en el sorteo. Su primer toro era un manso que buscaba con insistencia las tablas. El diestro se mostró voluntarioso en la faena de muleta, buena intención que derivó en pesadez. Miro las notas tomadas y nada. Ni con la derecha ni con la izquierda, nada que valiera la pena. Y mató muy mal. Lorenzo peleó luego contra las malas condiciones del toraco que cerró plaza, un marrajo de aviesas intenciones, que por el pitón izquierdo se colaba y cortaba el viaje. Derrochó otra vez buena voluntad el torero, que derivó de nuevo en pesadez, porque de donde no había, o había muy poco, no se podía sacar y lo aconsejable era abreviar. Otra vez mató mal, pero la gente no se enfadó con él. Y se acabó lo que se daba.

Nota bene. Escuché reproches por considerar improcedente el regalo de un sobrero en la corrida de rejones. Es cierto que el reglamento taurino no prohíbe de manera expresa ese tipo de acción, pero tampoco prohíbe que una majorettes puedan amenizar la espera del público mientras Damián repinta las rayas del ruedo, y a nadie se le ocurriría montar semejante espectáculo.

Plaza de toros de El Bibio. Gijón, lunes, 13 de agosto de 2018. Cuarto festejo de abono de la feria de Begoña. Un tercio abundante de entrada, en tarde nublada y calurosa, con algunas fases de viento. Se lidiaron seis toros de Charro de Llen, de Salamanca, bien presentados, en general. El primero, corniabierto, se empleó en su única entrada al picador, que le tapó la salida. Se apagó enseguida en el último tercio. José Antonio Carretero le prendió dos buenos pares de banderillas. Al segundo, de cabeza cómoda, le endilgaron, sin estar en suerte, un buen puyazo la sola vez que acometió a la plaza montada (no cuentan los dos topetazos posteriores). Un desastre fue este tercio de varas, ante la inhibición del matador de turno y del director de lidia. Luego no ofreció mayores dificultades. En el tercero, un sainete en el tercio de banderillas, por la colocación de los palos. Le pegaron fuerte en su único encuentro con el varilarguero. Manso, huía luego a tablas. Al cuarto, de muy buena presencia, de embestida descompuesta y cabeceo incómodo en la muleta, le suministraron una vara y en banderillas se lució Raúl Ruiz. Al quinto, muy bien armado, le hicieron la carioca en el solitario puyazo recibido. Embestía con la cara alta y pronto quedó aplomado, a la defensiva. Con el toro que cerró plaza, grandón, hubo un desastre en el primer tercio: seis veces, seis, entró el cornudo a los caballos por la incompetencia de los lidiadores. Luego punteaba y cortaba el viaje con peligro por el pitón izquierdo.

Saúl Jiménez Fortes, gran estocada (un aviso, una oreja) y estocada desprendida (una oreja, salió a hombros).

José Garrido, estocada caída (un aviso, una oreja) y estocada perpendicular y baja y descabello (un aviso, ovación).

Álvaro Lorenzo, dos pinchazos, sartenazo en los bajos y dos descabellos (un aviso, palmas) y dos pinchazos y estocada baja (un aviso, palmas).

La corrida duró dos horas y 25 minutos.

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