«La camarera acabó llorando»

Joaquín Fernández, propietario de El Mancu, sostiene la factura del día del 'simpa', que incluía un chuletón de casi tres kilos. / D. ARIENZA

El hostelero al que le hicieron un 'simpa' de cien euros se plantea denunciar los hechos, que constituyen un delito leve

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

«Nos robaron delante de nuestras narices». Joaquín Fernández, cuarta generación del llagar El Mancu, sigue perplejo. Dice que de manera más o menos habitual sufren pequeños robos, «un chaval que no paga una botella de sidra o en una mesa que se van sin abonar una tortilla», pero el 'simpa' que vivió en la noche del martes no le había ocurrido antes en los 28 años que lleva abierto. «Una pareja de mediana edad, ambos amables, presumidos y bien vestidos, se dio un homenaje que ascendía a cien euros y de manera rápida y premeditada se marcharon sin pagar», explica.

Los perpetradores de la estafa «lo tenían todo pensado». Llegaron, pidieron una mesa para dos en la terraza -«pusieron pegas con la primera que les ofrecimos», recuerda Fernández- y degustaron una ración de zamburiñas, un chuletón «de kilo cuatrocientos» y dos trozos de tarta de queso. Todo ello regado con tres botellas de sidra y chupitos de licor crema para terminar. Al finalizar la cena procedieron a realizar la estafa, que estaba «muy bien pensada».

Pidieron la cuenta, dejaron los cien euros sobre la mesa y acercaron el coche. «Ella metió dentro al perro atrayéndole con el hueso del chuletón y acto seguido regresó a la mesa», describe el propietario del local. Mientras él arrancaba el coche, la chica tomaba el chupito «tranquilamente». «Es ahí cuando cogió el dinero, se metió en el vehículo corriendo y arrancaron derrapando», cuenta, tomándose el engaño con humor.

Al percatarse, la camarera que les sirvió quedó atónita. «Terminó llorando de impotencia», lamenta el dueño de El Mancu, «ya que al ver el dinero sobre la mesa no desconfió en ningún momento». «No es mi caso, pero en algunos locales de hostelería son los camareros, que por lo general ya tienen el sueldo bastante ajustado, quienes tienen que responder por las cuentas que los clientes dejan sin pagar», señala Fernández, que anima a la gente a tener en cuenta que «este tipo de comportamiento repercute muy negativamente en los trabajadores». «El verano no está siendo bueno. Están trabajando en agosto, hasta tarde y si vienen unos, comen bien y se marchan sin pagar al final no se cubren los gastos».

Delito leve de estafa

El hostelero se planteaba ayer acudir a la Policía para denunciar los hechos, un extremo que la abogada gijonesa Silvia Garrido recomienda en casos como este y también en 'simpas' en gasolineras. «Constituyen un delito leve de estafa». «Es lo que antiguamente llamábamos una falta -explica la letrada- que se convierte en delito si la cuantía de lo sustraído supera los 400 euros».

La pena «para no sentar precedente» por este tipo de delitos leves es una multa de uno a tres meses y puede ir de seis a doce euros diarios». «La investigación la llevaría a cabo la Policía y en el momento que los localicen el delito es perseguible de oficio. No les hace falta ni abogado».

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