Una bomba diplomática llamada Huawei

Un hombre camina frente a una puerta de cristal en la que se refleja el logotipo de Huawei, en un centro comercial de Shanghái./Reuters
Un hombre camina frente a una puerta de cristal en la que se refleja el logotipo de Huawei, en un centro comercial de Shanghái. / Reuters

Lo que comenzó como una detención puntual en Canadá se ha convertido en una guerra que amenaza con enfrentar a China con Occidente

ZIGOR ALDAMAShanghái

Solo hace falta una chispa para encender la mecha de una potente bomba. En el caso de Huawei, esa chispa fue la detención en Canadá de su vicepresidenta, Meng Wanzhou, el pasado 1 de diciembre. Estados Unidos requirió su arresto bajo la acusación de haber creado una red de empresas fantasma para saltarse las sanciones que Washington impone de forma unilateral a Irán, y que prohíben la venta de tecnología americana al país persa. Estalló entonces una bomba diplomática, económica, y tecnológica que ahora amenaza con enfrentar a China con gran parte del mundo occidental.

Porque la tecnológica de Shenzhen ya no solo es sospechosa de haberse saltado las sanciones -con las que muchos países están en desacuerdo-. Ahora, cada vez son más los países que temen que la empresa, el mayor fabricante de equipamiento de telecomunicaciones del mundo, haya abierto 'puertas traseras' en las redes que ha construido en Occidente para facilitar el espionaje del Gobierno chino. Es una posibilidad que Huawei niega rotundamente, pero que ha ganado fuerza después de que, el pasado día 11, Polonia arrestase a uno de sus directivos acusado de espionaje.

Wang Weijing fue contratado por Huawei en Varsovia después de haber trabajado para el régimen de Pekín en el Consulado de Gdansk, y la compañía no tuvo reparo en despedirlo nada más conocer los cargos que pesan sobre él. Huawei argumentó que Wang ha mancillado el nombre de la empresa y que «sus acciones no tienen nada que ver» con la tecnológica china. Pero las sospechas se han extendido por todo el mundo como una bola de nieve que nadie puede parar, y países de gran peso -entre ellos Japón, Estados Unidos, o Australia- ya han vetado a Huawei en los contratos para tender las nuevas redes 5G, una de las grandes apuestas de la compañía.

Otros Estados, como Alemania o Reino Unido, están considerando la posibilidad de actualizar la legislación relativa a seguridad para impedir 'de facto' que empresas chinas puedan adjudicarse esos contratos. Y la ofensiva contra Huawei ya ha trascendido el ámbito empresarial: esta semana, la Universidad de Oxford ha anunciado el fin de sus colaboraciones con la compañía, que ofrece becas para diferentes programas de investigación, aunque dos proyectos que ya estaban en marcha continuarán su curso. «La decisión se ha tomado debido a la preocupación del público sobre las colaboraciones de Reino Unido con Huawei», justificó el centro educativo al diario 'South China Morning Post'.

Esta última decisión podría estar más relacionada con el conflicto diplomático que ha provocado el caso de Meng en Canadá. Porque, a pesar de que es la directiva de una empresa privada y de que está en libertad bajo fianza hasta que se decida sobre su extradición de acuerdo con la ley, su arresto ha provocado una tormenta con Pekín, que ha respondido de forma desproporcionada y despótica. China ha arrestado a varios canadienses -incluido un hombre con inmunidad diplomática, la cual no ha sido respetada- y ha condenado a muerte a otro, Robert Lloyd Schellenberg, que ya había sido sentenciado en primera instancia a 15 años de cárcel, algo que analistas como el abogado Mo Shaoping consideran una violación del artículo 237 del Procedimiento Criminal del propio país.

Es una muestra de poder por parte del gigante asiático, que asegura estar defendiéndose así de lo que el embajador de China en Canadá, Lu Shaye, calificó como «egolatría occidental y supremacismo blanco». Pero esta respuesta puede tener efectos contrarios a los deseados por los dirigentes de Pekín, porque refleja el autoritarismo de un régimen que no respeta ni su propia legalidad -Canadá acusa a China de estar violando los derechos relacionados con las visitas consulares y el acceso a un abogado de los detenidos- y que utiliza a seres humanos como escudos diplomáticos.

«Es una amenaza»

El propio primer ministro canadiense, Justin Trudeau, ha denunciado que China está «aplicando la pena de muerte de forma arbitraria e injusta» y la ministra de Asuntos Exteriores, Chrystia Freeland, ha añadido que esta forma de operar «es una amenaza para todos los países». Consecuentemente, las autoridades de Ottawa han emitido esta semana una advertencia de viaje a sus ciudadanos por la «arbitraria aplicación de las leyes» en China, e incluso España, que suele permanecer callada en estos asuntos, ha mostrado oficialmente su preocupación por la nueva sentencia que ha recibido Schellenberg.

Mientras tanto, el país que lanzó la primera piedra, Estados Unidos, amenaza con incrementar su presión sobre las tecnológicas chinas. Las autoridades federales han iniciado una investigación contra Huawei por el supuesto robo de secretos comerciales de empresas americanas, y diferentes fuentes consultadas por medios estadounidenses han avanzado esta semana que el Ejecutivo de Donald Trump está trabajando en una orden ejecutiva para prohibir que empresas chinas operen en su territorio. Son los primeros pasos de lo que Pascal Lamy, exdirector general de la Organización Mundial del Comercio, considera la guerra por la hegemonía mundial del siglo XXI.

Las sombras del régimen Pekín sobre el gigante tecnológico

Ren Zhengfei ama a China y apoya el liderazgo del Partido Comunista, pero no haría nada que pudiese dañar al mundo. Y si el régimen de Pekín le pidiese información confidencial de sus clientes, se negaría a proporcionarla. Al menos, eso es lo que ha dicho esta semana el fundador y actual presidente de Huawei, que también es padre de Meng Wanzhou, la vicepresidenta del gigante tecnológico arrestada en Canadá.

En una inusual conversación con periodistas extranjeros -su última entrevista la concedió en 2015-, Ren ha tratado de contrarrestar la creciente preocupación en Occidente por la posibilidad de que su empresa sirva para que el Gobierno chino espíe. No obstante, las buenas intenciones de este hombre de 74 años, que fue miembro del Cuerpo de Ingenieros del Ejército durante la Revolución Cultural y que actualmente pertenece al PCCh, chocan con la realidad de la Ley de Seguridad Nacional que da poderes casi absolutos al régimen de Pekín.

En cualquier caso, la posibilidad de que Huawei instale 'puertas traseras' en las redes 5G que tiene previsto desarrollar por el mundo es, de momento, solo una especulación. Hasta ahora ningún Gobierno ha presentado pruebas de que eso sea así, pero la mera sospecha ya puede hacer gran daño a la empresa, porque la nueva era de las telecomunicaciones incrementará notablemente la vulnerabilidad del mundo ante ataques de 'hackers'.

No en vano, el 5G permitirá la conexión a Internet de miles de millones de aparatos, incluidos los futuros vehículos autónomos. Eso también supone que se podrá acceder a sus datos y manipular sus operaciones. «Se crean nuevas vulnerabilidades, porque la presencia notable de Huawei en la creación de las redes abre un nuevo frente en los ámbitos del ciberespionaje y del 'malware'», explicó a Bloomberg uno de los comisarios que aconsejan al Congreso de los Estados Unidos, Michael Wessel. Claro que esa capacidad no es exclusiva de Huawei. También nos podrán espiar otras compañías.

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