Erdogan desafía a EE UU con misiles rusos

Un avión ruso aterrica en la base turca de Ankara portando la primera parte de los misiles S-400. /Reuters
Un avión ruso aterrica en la base turca de Ankara portando la primera parte de los misiles S-400. / Reuters

Turquía, miembro de la OTAN, decide sustentar su sistema de defensa con lanzaderas antiaéreas S-400 suministradas por Moscú

RAFAEL M. MAÑUECOCorresponsal en Moscú (Rusia)

El primer suministro de lanzaderas de misiles antiaéreos rusos S-400 llegó ayer a Turquía en el marco del contrato firmado por ambos países en abril de 2017. Esta transacción ha sido duramente criticada por Estados Unidos y la OTAN al considerar que un miembro de la Alianza no debe depender de Moscú desde el punto de vista armamentístico. El envío fue confirmado por el Ministerio de Defensa ruso y el Servicio Federal de Cooperación Técnico-militar, cuya portavoz, María Vorobiova, declaró a la agencia Interfax que nuevas remesas llegarán «con arreglo a los plazos acordados».

Los S-400 conforman el sistema de defensa antimisiles y contra ataques aéreos más sofisticado actualmente en el arsenal del Kremlin y uno de los más eficaces del mundo. Sin embargo, Estados Unidos y la OTAN han criticado la operación porque ven posible que la tecnología que emplean las baterías S-400 pueda ser utilizada para captar información sensible sobre los sistemas instalados en las aeronaves militares de la Alianza y que Rusia pudiera tener acceso a esos datos. Se argumenta también que los S-400 no son compatibles con los equipamientos de la Alianza.

Por eso, Washington ha advertido a Ankara que podría quedarse sin los cazas norteamericanos F-35 que planeaba adquirir. Desde el Pentágono se ha emplazado a los otomanos a elegir entre los S-400 o los aviones norteamericanos, cuya entrega lleva suspendida desde abril.

Como alternativa, el Pentágono ofrece misiles estadounidenses Patriot, ya rechazados por Turquía con el argumento de que «Rusia da mejores condiciones». El Gobierno de Recep Tayyip Erdogan había solicitado a los estadounidenses créditos, fabricación conjunta de los Patriot y entregas rápidas, demandas que la Casa Blanca no acepta.

Trump y Erdogan se reunieron en mayo en Washington y conversaron después durante la cumbre del G-20 a finales de junio en Osaka, pero no acercaron posturas. Las relaciones se mantienen tensas, no sólo a cuenta de la compra a Moscú de los sistemas S-400, sino también a causa de la negativa norteamericana a extraditar del clérigo Fetulá Gulen, acusado de estar detrás del golpe de Estado en julio de 2016, y las detenciones de ciudadanos estadounidenses en Turquía.

Sin embargo, el entente entre Moscú y Ankara, pese a la crisis que atravesaron en 2015-2016 por el derribo de un cazabombardero ruso Su-24 en Siria por parte de cazas otomanos F-16 y a las numerosas discrepancias en torno a la guerra en aquel país no deja de fortalecerse.

Encuentro en Moscú

El último encuentro de alto nivel entre los dos países tuvo lugar en Moscú a comienzos de abril, cuando Vladímir Putin recibió a Erdogan en el Kremlin. «Nuestros países tienen el serio propósito de reforzar la cooperación técnicomilitar y, antes de nada, se trata de cumplir el contrato de entrega de los S-400», afirmó entonces Putin. Hablaron también de otros tipos de armas y, en mayo, el líder turco desveló que existen planes de producir conjuntamente las nuevas lanzaderas S-500. «Habrá una producción conjunta de S-500 después de los S-400», afirmó Erdogan ante un auditorio de jóvenes en un programa de televisión.

Moscú y Ankara cooperan también en importantes proyectos de energía como la construcción con tecnología rusa de la central atómica de Akkuyu, cuya puesta en servicio se prevé para 2023. Será la primera planta nuclear turca. Ambos países construyen además el gaseoducto TurkStream.

Acordaron asimismo en septiembre de 2018 el establecimiento de una zona desmilitarizada en la provincia siria de Idlib con la retirada escalonada de las milicias beligerantes y el material pesado. El cumplimiento de este memorando, además del deseo de los turcos, no compartido por el Kremlin, de acabar con las milicias kurdas, está siendo el único punto de fricción entre las dos capitales. Turquía se queja de la ofensiva que lleva a cabo el Ejército sirio con la ayuda de la aviación rusa, dirigida contra milicias auspiciadas por los otomanos y a veces con ataques directos a los puestos de observación de las tropas turcas.

Rusia, Turquía e Irán intervienen como garantes del alto el fuego en Siria anunciado a finales de 2016 y copatrocinan el llamado proceso de paz de Astaná (ahora Nur Sultán), los contactos a nivel internacional que buscan, hasta ahora sin ningún éxito, lograr en el país árabe un acuerdo de paz entre todos los grupos en discordia y el régimen de Bashar el-Asad.