El Auditorio recuperará el uso conjunto de las salas principal y polivalente con la reforma

La sala principal del Auditorio Príncipe Felipe, ayer, antes del concierto de la soprano Julia Lezhneva. / ALEX PIÑA
La sala principal del Auditorio Príncipe Felipe, ayer, antes del concierto de la soprano Julia Lezhneva. / ALEX PIÑA

Los trabajos costarán 2,2 millones de euros, durarán cuatro meses e incluyen la apertura de una nueva salida hacia Faustino Roel

GONZALO DÍAZ-RUBÍN

El pasado noviembre, 'Les Luthiers' encadenaron cinco funciones haciendo 'Viejos hazmerreíres' en el Auditorio. Casi 7.500 personas disfrutaron del espectáculo de los argentinos, de su música y de la de Johann Sebastian Mastropiero. La productora de los bonaerenses se llevó el 90% de la taquilla y la Fundación Municipal de Cultura el resto, aunque en realidad el equipo de gobierno pactó un máximo de 3.000 euros tan solo. Podría haber sido distinto, pero desde octubre del año anterior, tras desvelar este diario las deficiencias en materia de protección contra incendios del edificio, el Ayuntamiento se vio obligado a limitar su uso a prácticamente la sala Principal y sus 1.500 butacas. La medida, junto a otras de prevención, permitió salvar los recitales del ciclo de Concierto del Auditorio y las Jornadas de Piano Luis Iberni, pero también obligó, a petición de los técnicos, a «incluir expresamente» en el acuerdo con la productora de 'Les Luthiers' la limitación del aforo.

La próxima visita de los argentinos pinta mejor. Después de más de año y medio de limitaciones, los técnicos de la sección de Edificios han aprobado el proyecto entregado el pasado mes de agosto por el arquitecto Adolfo César Díaz Rubio para la adecuación del edificio a la normativa contra incendios. Los trabajos no serán sencillos ni baratos, su presupuesto pasa de los 2,2 millones de euros, pero permitirán recuperar el uso conjunto de las salas principal y polivalente, con sus 2.200 butacas largas, bajo ciertas condiciones, y también el uso del vestíbulo para actividades.

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Básicamente, la adecuación del Auditorio Príncipe Felipe a la normativa contraincendios y de seguridad -no a la actual, sino a la vigente en 1999, cuando se inauguró el edificio- se fundamenta en la creación de nuevos sectores estancos a las llamas o el humo. La cafetería, la sala de exposiciones y, sobre todo, las escaleras serán convertidas en recintos protegidos para garantizar la evacuación. Junto con otras medidas, como la apertura de una doble salida de evacuación a la calle Faustino Roel a través de una escalera abierta que quedará adosada al muro de mampostería del antiguo depósito de aguas de Pérez de la Sala, permitirá elevar el aforo máximo hasta 4.000 personas. La división en sectores del actual vestíbulo permitirá calificar su superficie como de «riesgo mínimo» y recuperar el uso de estos casi 2.223 metros cuadrados en planta, antes usados para expositores en congresos, siempre que se limiten los materiales de este espacio para que tengan «una carga de fuego» máxima «de 12.888 megajulios» o, en cristiano y como ejemplo, «una masa de madera o papel de 684 kilogramos».

Dudas

Lo extraño es que el edificio lleva en uso dieciocho años sin que ningún técnico advirtiese de los riesgos, sin que nadie certificase que el inmueble cumplía la normativa contra incendios. Las primeras alarmas saltaron en marzo de 2017. El plan de autoprotección del Auditorio, encargado a Premap, ponía en duda la seguridad del edificio después de diecisiete años en servicio sobre el antiguo depósito de aguas que diseño en el XIX el ingeniero Pérez de la Sala. Con discreción, el Ayuntamiento consultó de manera informal a varios arquitectos y expertos que confirmaron las apreciaciones del documento -algunas como tener que mantener abierta la puerta del cuarto técnico para que no se recalentara la maquinaria- y coincidieron en que era necesaria una revisión más a fondo. El estudio se encargó a José Luis Pérez-Lozao y el dictamen de este alarmó a los técnicos. La jefa de la sección de Edificios urgió el cierre porque «no resulta posible continuar» con su uso, ante «el grave riesgo para la seguridad de los ocupantes del edificio».

La situación la desveló en exclusiva este diario en septiembre de aquel año pasado. Mientras, el alcalde pedía informes a distintos servicios y otros externos para establecer un «plan de usos máximos», pero permitía que se celebrasen conciertos multitudinarios como el de Dani Martín. De aquel caos salió un documento de la jefa de Bomberos, Carmen del Prado, acabó por suponer la clausura de las salas de la última planta, usadas cada mes para decenas de reuniones, encuentros y charlas formativas; del sótano con las salas de ensayo de la OSPA o la Banda de Gaitas; o, más grave, la prohibición del uso simultáneo de las salas principal y polivalente, que ha acabado por limitar el aforo máximo para eventos a 1.500 personas desde octubre del año pasado.

Los trabajos

El impacto de la medida se ha dejado sentir en cosas tan triviales como el contrato de apoyo a las actividades de congresos o de la Fundación Municipal de Cultura, que tuvieron que ser ampliados para contratar personal que haga de retén de vigilancia y evacuación durante los conciertos y eventos. El dictamen de José Luis Pérez-Lozao esbozaba una serie de obras que podrían acometerse en cinco fases y con un presupuesto estimado de 870.000 euros.

El proyecto eleva esa cifra a 2,2 millones al detectar nuevas necesidades como la sustitución de muchos los falsos techos (410 metros en total) para eliminar de la cámara técnica el laminado de madera y sustituirlo por una estructura auxiliar de aluminio.

También será necesario cambiar el actual telón cortafuegos, que divide las salas principal y polivalente y que se sustituirá por una triple mampara resistente a las llamas y con ello a cambiar la maquinaria.

 

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