José María Pou: «El capitán Ahab es un héroe clásico»

José María Pou./Daniel Mora
José María Pou. / Daniel Mora

El actor catalán llega este viernes al Palacio Valdés (Avilés) con la versión teatral de 'Moby Dick', que se adentra en la locura del marino y su lucha enfurecida por dar caza a la ballena

M. F. Antuña
M. F. ANTUÑAAvilés

Es un gran hombre de teatro que ha visto en el capitán Ahab a un personaje shakespeariano, de tragedia griega, la épica de la escena en estado puro. Llega 'Moby Dick' al Palacio Valdés (Avilés) este viernes (20.15 horas) con José María Pou (Mollet del Vallés, 1944) al frente de una versión de Juan Cavestany dirigida por Andrés Lima que se adentra en el tormento psicológico del marino.

–¿Cuál es su relación con la novela de Melville?

–Es un libro que recuerdo muy bien. Mis padres me lo regalaron cuando cumplí 11 o 12 años, y lo devoré, me entusiasmó. A partir de entonces presumía de que era mi novela favorita y ya de mayor descubrí que 'Moby Dick' no era aquel libro, que tenía dos mil y pico páginas, que era una novela mucho más importante y subsané el error leyéndolo con mucha calma. Eso mismo les ha pasado a millones de personas en el mundo. Es una novela enormemente densa y por eso se hacían versiones reducidas, sacando la aventura y editándola en colecciones juveniles. Yo también caí en esa trampa.

–¿Tienen su lado bueno esas ediciones juveniles?

–Sí, es uno de los grandes libros de la literatura y tiene una gran dificultad de lectura, los grandes críticos la comparan al Quijote y la Biblia, así que es normal que se hagan esas versiones muy reducidas, pero la obra es mucho más. En este espectáculo contamos la perspectiva del capitán Ahab, que en la novela original no aparece hasta el último tercio.

–Y además de la novela, está el cine.

–Recuerdo que vi la película en un cine club. Tendría 18 años, me dejó muy impactado. Esa imagen de Gregory Peck es especial para quienes tenemos cierta edad.

–¿Cómo es posible reducir a hora y media de teatro esa gran aventura?

–Gracias al talento de Juan Cavestany. Es para volverse loco, pero Juan encontró la mejor fórmula, que es contar la peripecia del capitán Ahab y su enfrentamiento con la ballena, los motivos que le llevan a él. Aquellos que conozcan bien la novela no van a echar en falta absolutamente nada, pero hay capítulos que se resuelven con dos frases. Lo que busca esta versión es mostrar su sentimiento de venganza hacia la ballena, hacia la naturaleza en general, y cómo se convirtió en una obsesión, degeneró en una locura. Cuando vemos al capitán zarpando para encontrarse con la ballena vemos a un loco peligroso, su viaje, él lo sabe, es un viaje hacia la muerte, un suicido. Lo peor es que por su ambición personal y sed de venganza es capaz de arrastrar detrás de sí a la muerte a través del engaño a toda la tripulación.

–¿Le odia o le ama?

–Le odio mucho, pero le quiero mucho por motivos muy similares. De entrada es un personaje negativo, de modo que uno se pregunta por qué también es atractivo. Y es porque tiene madera de héroe, tiene muchos defectos y una cosa positiva a la que yo me he agarrado: su determinación para intentar conseguir aquello que se propone. Lucha contra todas las adversidades y eso le convierte en un héroe clásico, a la altura de los grandes como Ulises, Hércules o cualquier personaje de Shakespeare, y eso le hace muy teatral.

–Es un esfuerzo interpretativo brutal.

–Son largos monólogos. Como actor cuando te planteas un personaje tan desmedido sabes perfectamente que cada función supone dejarse la vida en el escenario, no puedes recurrir a trucos de oficio para gastar menos energía. El personaje está funcionando a mil revoluciones por minuto en su interior, habla a voz en grito y hay que dejarse la garganta. Salgo cada día con la impresión de que me tiro por un precipio cuesta abajo y no sé si voy a llegar indemne. Tardo mucho en recupararme física y emocionalmente de cada función, pero no me quejo porque pienso que el público debe disfrutar de la misma manera que disfruta de un cuadro o una escultura, sin necesidad de saber si hay mucho esfuerzo detrás.

–¿Tiene alguna ballena personal?

–Todos tenemos algún momento en que hay que enfrentarse a algo, a veces te encuentras con ballenas inesperadas con la que hay que luchar. Pero si hago balance, tengo 75 años, 50 de profesión y no recuerdo momentos en los que haya tenido adversidades grandes. Como actor, he podido tener pequeñas ballenas, como cuando hice el rey Lear o Sócrates.

–¿El asunto catalán no es una gran ballena?

–Es un problema que ha venido alimentándose durante años. Respeto profundamente el sentimento independentista que pueda tener una gran porción de Cataluña que no llega al 50%, pero de la misma manera no se debe despreciar otra gran mayoría que no tiene ese sentimiento en absoluto.

–Pero le han llamado traidor algunos catalanes.

–Cuando yo hago declaraciones siempre hay insultos en las redes, pero debo decir que no afectan demasiado. No me hacen daño las redes sociales, no existen para mí.

–Dice que ser actor le hace mejor persona. ¿Se anima a mandar a clases de teatro a algún político?

–Ser actor te obliga a meterte en el pellejo de otros e ir discubriendo lo que de otros hay en ti, y eso es bueno. Pero no creo que les hagan falta las clases de teatro, con todo mi respeto, la clase política del momento, aunque generalizar no es bueno, está muy acostumbrada a hacer teatro, a hacer parecer a los demás lo que no es. Son malos actores y se les nota enseguida. Hay una diferencia fundamental: nuestro oficio consiste en engañar, somos lo que no somos y el público lo sabe y juega con nosotros a creérselo; los políticos no tienen ese convencionalismo.

–75 años, grandes personajes. ¿Y ganas de seguir o de parar?

–Siempre hay funciones que te apetecen, van llegando personajes que no habías soñado nunca. Pero yo, con 75 años, creo que ya he hecho bastante. No voy a retirarme, pero sí quiero rebajar mi ritmo de trabajo. Tengo la suerte inmensa de no haber parado, de enlazar un espectáculo con cine y televisión y creo que es momento de descansar, de viajar, de tomarme la vida con calma.

–¿Pero tiene voluntad para decir que no a un papelón?

–Tengo voluntad débil. Digo 'no, no, no' y luego 'pues vale'. De hecho, a final de mes damos por terminada la gira de 'Moby Dick' y empiezo ya los ensayos de 'Viejo amigo Cicerón', que voy estrenar en Mérida y que me da oportunidad de hacer otro gran personaje.