Rosa Montero: «El mundo de esta novela es menos nefasto que la realidad»

Rosa Montero y Laura Castañón, antes de la presentación del Aula de Cultura. :: JOAQUÍN PAÑEDA/
Rosa Montero y Laura Castañón, antes de la presentación del Aula de Cultura. :: JOAQUÍN PAÑEDA

Rosa Montero presentó en un acto del Aula de Cultura de EL COMERCIO su libro futurista 'Los tiempos del odio', el tercero de una saga que comenzó a escribir hace más de diez años

ANA RANERA

Rosa Montero, escritora y periodista por casi todos conocida, presentó ayer en la Semana Negra de la mano del Aula de Cultura de EL COMERCIO su novela 'Los tiempos del odio', la tercera parte de una saga que comenzó a escribir hace más de diez años y de la que habrá, seguro, una cuarta entrega que satisfaga su propia curiosidad. «Necesito saber qué va a pasar. Dejo la trama en un lugar muy peculiar, así que estoy muerta de curiosidad por conocer lo que va a vivir Bruna Husky, la protagonista».

Montero habló largo y tendido sobre el libro, sus proyectos literarios y su visión de la actualidad, porque, al final, esta novela de tintes futuristas no deja de ser un fiel reflejo de la percepción que la autora tiene de la realidad.

«El mundo que yo creo en la novela es menos nefasto que este en el que vivimos. Cuando empecé a pensar esta historia, fabulé con el peor de los escenarios que podría existir y, dos años después, apareció el ISIS, que superaba con creces mis imaginaciones», explicó la madrileña.

Pese «a la involución hacia la que avanzamos», ella siempre deja abierta la puerta a la esperanza, como refleja en el subtítulo: «Sin amor no se puede vivir». Por eso, todas sus obras mezclan la eterna guerra entre las luces y las sombras, en la que confía en que «los buenos sean los vencedores y, al final, todo tenga solución».

Además de la saga de Bruna Husky, Montero publicó este año 'El arte de las entrevistas', una recopilación de algunas de las más destacadas de su carrera. «Recuerdo con especial cariño la de Paul McCartney o la de Muhammad Yunus, el inventor del microcrédito, un hombre de esos que salvan un poco a la humanidad». Aunque ella siempre tendrá la espinita clavada de no haber podido entrevistar a Gorbachov. «Tras años peleando para conseguir charlar con él, visitó España y la entrevista se la hizo Cebrián, mi jefe», contó. Y, pese al buen recuerdo que guarda de aquella etapa, no volvería a dedicarse a las entrevistas. «El tiempo que me quede me gustaría dedicarlo a otros proyectos».

La madrileña recibió en 2017 el Premio Nacional de las Letras por su trayectoria, esa que empezó hace cincuenta años con pequeñas colaboraciones en periódicos y que continuó con diecisiete novelas, relatos cortos, cuentos infantiles y una carrera periodística impecable. Para ella, «el galardón fue terapéutico. Tengo una inseguridad patológica y este premio me hizo confiar algo más en mí». Y, cuando le preguntan por la Semana Negra, zanja: «Es un plan al que nunca diría que no, aunque esté harta de viajar. Es el festival literario más asentado en España, es muy enérgico, está lleno de vida». Así que promete que pronto estará de vuelta.