Cinco años en el trono

Mariano Rajoy, José Luis Rodríguez, Zapatero, Felipe VI, José María Aznar y Felipe González, antes de la reunión del patronato del Instituto Elcano. /E. P.
Mariano Rajoy, José Luis Rodríguez, Zapatero, Felipe VI, José María Aznar y Felipe González, antes de la reunión del patronato del Instituto Elcano. / E. P.

Felipe VI celebra un lustro como rey de España en el que afrontó el reto de recuperar la credibilidad de la monarquía con una acción «honesta, íntegra y transparente»

MARÍA EUGENIA ALONSO

«Una monarquía renovada para un tiempo nuevo». Ese fue el lema que condensó las intenciones con las que Felipe VI asumía la Corona hace ahora cinco años, cuando Juan Carlos I dio un paso atrás y le cedió el testigo. Se buscaba entonces una renovación, insuflar aire fresco, para acallar las voces críticas con una institución dañada por el polémico viaje de su padre a Botsuana y por el 'caso Nóos', que salpicaba a la infanta Cristina y a su marido Iñaki Urdangarin.

El Rey se marcó como principal objetivo recuperar la credibilidad y la imagen perdida con una monarquía «honesta, íntegra y transparente». Como primer gesto, desde la Zarzuela se anunció que se auditarían sus cuentas anualmente y se reduciría el núcleo de la Familia Real a los nuevos Reyes, sus hijas y a don Juan Carlos y doña Sofía. Se impulsó además una normativa sobre regalos, que define los supuestos en los que se considera procedente aceptarlos o denegarlos.

Al mismo tiempo que velaba por la dignidad de la institución, el monarca afrontaba en los primeros compases de su reinado una situación inédita en casi cuarenta años de democracia. La fragmentación parlamentaria –con el retroceso del bipartidismo y la irrupción de dos nuevos partidos– provocó diez meses de bloqueo en la gobernación del país. Los dos partidos hegemónicos pasaron a ser cuatro sin posibilidad de acuerdo entre ellos, poniendo a prueba la fortaleza de un recién estrenado jefe de Estado, que tuvo que congelar su agenda por las dificultades para investir a un presidente.

La negativa del líder del PP, Mariano Rajoy, vencedor de los comicios de 2015, a intentar la investidura creó un desorden institucional que enturbió las relaciones entre la Moncloa y el Palacio de la Zarzuela. Una de las atribuciones que la Constitución reserva al Rey es la designación de un candidato a la investidura, previa consulta a los representantes de los grupos representados en el Congreso. El rechazo de Rajoy llevó al monarca a un callejón del que salió ciñéndose a la Carta Magna y sin romper su neutralidad política.

El discurso del 3-O

La defensa de la Constitución motivó también el que hasta ahora ha sido su discurso más contundente a la nación. El 3 de octubre de 2017, ante la pretensión de la Generalitat de Cataluña de declarar la independencia, don Felipe se dirigió a los españoles para señalar la «deslealtad» de las autoridades catalanas y allanar el camino a la aplicación del artículo 155. Una intervención que sigue escociendo a los soberanistas, que, desde entonces, han intensificado los agravios y desplantes al monarca.

«Los catalanes no tenemos Rey», le soltó la portavoz de JxCat, Laura Borrás, a Felipe VI en la reciente audiencia celebrada en la Zarzuela. Pero el monarca no ha entrado en ninguna de las polémicas alimentadas por los independentistas y ha ratificado su «compromiso con una Cataluña de todos y para todos». La prueba más palpable es que Cataluña es la comunidad más visitada en su reinado, hasta en 36 ocasiones, una más que la Comunidad de Madrid si se excluyen los actos que ha presidido en la capital y que son, de largo, los más numerosos.

Felipe VI celebra hoy el quinto aniversario de su llegada al trono con una situación política muy similar a la de sus primeros años, con el desafío soberanista como telón de fondo y a la espera de que el panorama político se despeje, con Pedro Sánchez como candidato a la investidura pero sin los apoyos necesarios para salir elegido y con la legislatura entre paréntesis.