Urdangarin, 466 días de ejercicio obsesivo, meditación, cartas y un huerto

Urdangarin, 466 días de ejercicio obsesivo, meditación, cartas y un huerto

El exduque de Palma, extremadamente delgado y envejecido, ha logrado tras varios meses de depresión mejorar su ánimo

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Dicen los que le tratan a diario que Iñaki Urdangarin está mejor. Que desde el pasado verano su ánimo, tras un año de bajón, ha empezado a remontar, sabedor que ha comenzado la cuenta atrás de su estancia en Brieva. Hoy El Norte de Castilla ha desvelado que, a partir de mañana, saldrá de prisión dos días por semana para hacer trabajo voluntario en Madrid. Sin embargo, los 466 días en la cárcel abulense le han pasado factura. Su pelo, que empezó a lucir canas hace ya un lustro durante la instrucción del 'caso Nóos', está mucho más blanco y el exduque está extremadamente delgado.

Su delgadez –afirman fuentes penitenciarias- está muy relacionada con el ejercicio extenuante que practica todos los días. Urdangarin se machaca en la bicicleta estática adaptada a su gran envergadura que consiguió que le autorizara el juzgado de Vigilancia Penitenciaria número 1 de Valladolid después de que Instituciones Penitenciarias se la denegara el pasado otoño. Cuenta también con algunas espalderas rudimentarias y acude al polideportivo de la prisión, aunque no tanto como quisiera, ya que no puede coincidir con ninguna de las internas de la prisión.

Imagen del exterior de la prisión.
Imagen del exterior de la prisión. / Óscar Chamorro

Y es que Iñaki Urdangarin sigue siendo el único preso varón en el módulo masculino de esta cárcel de mujeres en la que ingresó el 18 de junio de 2018. Su módulo, pintado en blanco, burdeos y gris, tiene 450 metros. Consta de zona de estar, dos patios y una celda doble. En ese módulo -una suerte de 'jaula de oro', según los funcionarios más críticos- pasa, sin embargo, horas de soledad absoluta, solo rotas con conversaciones triviales con el selecto grupo de funcionarios de prisiones (de absoluta confianza de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias) que le custodian y que tienen órdenes de no intimar demasiado con este preso, al que todos califican de «cortés en extremo» y «absolutamente nada conflictivo».

Más profundas –explican estas mismas fuentes- son sus conversaciones con el sacerdote que lo visita regularmente. Urdangarin, dicen en Brieva, está mostrando desde el inicio de su estancia en prisión un carácter muy religioso. No es extraño verle rezar «más de una vez al día» y en su celda lucen imágenes religiosas.

Junto a la meditación, la escritura casi compulsiva de cartas y el cuidado de un pequeño huerto (que en realidad son varios tiestos con vegetales) son sus ocupaciones favoritas en la cárcel abulense, aunque también suele leer mucho y ver películas en el ordenador (sin conexión a internet) que tiene en su celda.

Las llamadas a la familia

Los funcionarios afirman que solo le han visto sonreír en estos quince meses cuando llama a casa (tiene una tarjeta de teléfono con la que puede llamar a un total de 10 números a la semana) o recibe las visitas de su mujer, Cristina de Borbón, de sus hijos mayores o de su madre o hermanos. Como cualquier otro recluso, el cuñado del Rey tiene derecho a dos visitas en el locutorio a la semana de 20 minutos cada una, aunque puede unirlas en una sola de 40 minutos. En estas comunicaciones le pueden visitar hasta cuatro personas. Además, Urdangarin tiene derecho a un vis a vis al mes de entre una y tres horas de duración y un encuentro familiar sin mamparas cada treinta días. Y la familia del preso, sobre todo las mujeres –dicen los funcionarios-, raramente fallan a una cita.

Y es en esas visitas en las que Urdangarin goza del único privilegio en Brieva, ya que Cristina de Borbón y el resto de familiares del ilustre preso acuden a la cárcel en un horario diferente al resto de los allegados de las reclusas. Ni la hermana del jefe del Estado ni los sobrinos de Felipe VI aguardan cola ni son cacheados ni tienen el horario limitado de las visitas a los fines de semana. Solo ellos tienen el 'derecho' de entrar en vehículo privado al interior del reciento penitenciario.

Imagen de la entrada de visitas de la prisión.
Imagen de la entrada de visitas de la prisión. / Óscar Chamorro

El 9 de agosto de 2018 la la junta de tratamiento del centro, de forma unánime, propuso la clasificación en segundo grado de Iñaki Urdangarin, condenado por el Tribunal Supremo a cinco años y diez meses por el 'caso Nóos'. El 17 de agosto del pasado año (cuando se cumplían los dos meses preceptivos para que la Administración clasificara al preso) el Ministerio del Interior ratificó el grado, el más común en la población penitenciaria.

Al margen del permiso conseguido ahora, aquella clasificación en segundo grado (que ha sido confirmada cada seis meses) hubiera abierto la puerta a que Urdangarin pudiera disfrutar de los primeros permisos en la Navidad de este año, cuando haya cumplido un cuarto de su condena (o sea 17 meses y medio de cárcel). El acceso a esos permisos es habitualmente la antesala del tercer grado, el régimen que permite solo pernoctar en la cárcel de lunes a viernes.

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