«A veces no gana el más laureado, sino el que sea un ejemplo a seguir»

«A veces no gana el más laureado, sino el que sea un ejemplo a seguir»
Andrea Fuentes, antes de comenzar las deliberaciones, en el hotel de la Reconquista. / P. LORENZANA

«Nunca hubiera imaginado que Anna Tarrés sería tan importante en mi vida. Ha hecho de mi madre»

EDUARDO ALONSO OVIEDO.

Nunca imaginó en aquel momento la exseleccionadora nacional de natación sincronizada Anna Tarrés, ante una clase llena de niños de un colegio, que 'reclutaría' años más tarde el talento de una de aquellas pequeñas para hacerla entrar en contacto con su hábitat natural: el agua. Andrea Fuentes (Valls, 1983) dotó de alma a este deporte y terminó por abandonar la vetusta mecanización previa. Con cuatro medallas olímpicas, dieciséis mundiales y once europeas, y retirada desde 2013, condujo como capitana a la selección a lo más alto. Ahora, reside en Barcelona y se define como una «entrenadora, nadadora y emprendedora».

-¿Nervios en su debut como jurado del Premio Princesa de Asturias de los Deportes?

-No porque, si uno lo compara con una competición, esto es bien diferente. No me juego realmente nada. Pero, a nivel social, sí es verdad que se trata de una gran responsabilidad ya que el galardón reconoce a grandes personas que influyen en la sociedad. Por eso mis nervios no son a nivel persona, sino en el sentido de que estar aquí resulta un gran honor.

-Sigue siendo la deportista olímpica española con más medallas.

-Ahora mismo, comparto ese honor con Mireia Belmonte, pero, hasta hace poco, sí que lo era. Pero aquí no solo vamos a mirar el resultado deportivo. No estamos solo para admirar el número de medallas, sino para elegir a aquel deportista que pueda influenciar a toda la sociedad. Especialmente, a los niños. Que sea un ejemplo a seguir. A veces no ganará el más laureado, sino el que más influya de forma positiva en la sociedad.

-¿Cómo se fraguó su 'fichaje'

-Me sorprendieron porque nunca lo hubiera imaginado. Fue un honor y acepté a la primera.

-¿Presentará alguna candidatura?

-Nadie del jurado lo ha podido hacer. Se nos han entregado las candidaturas con un perfil y es evidente que puede haber deportistas que no aparezcan y que la gente considere que reúne méritos suficientes.

-Lleva cinco años retirada.

-Mi estilo de vida ahora es normal. Al principio fue diferente porque te retiras después de hacer lo mismo desde los siete a los treinta años y se produce un cambio muy fuerte. Pero ahora ya he reconducido mi vida. Estoy contenta, asentada, porque sé a lo que me quiero dedicar, algo que, de mano, no resulta tan fácil.

-Pero no para.

-Al principio no sabe uno a dónde dirigirse. Pruebas varias cosas... Pero ahora nos hemos asentado. He creado una empresa, un portal web de natación sincronizada. Es una forma de devolver al deporte lo que me ha dado. Periódicamente, pongo artículos y vídeos especializados. También ayudo a los deportistas de todo el mundo.

-No se aleja definitivamente del agua después de todo.

-Además, soy entrenadora 'freelance'. Me muevo por todo el mundo. Mi misión es ayudar a 'construir' grandes deportistas, pero no solo de resultados. Sino a nivel mental.

-Habrá quien piense que eso surge de una vida plena de privaciones durante su etapa profesional.

-Sí es un deporte difícil, pero la gente que lo practica es porque realmente quiere hacerlo. No son privaciones internas. Más bien una elección. Prioridades que uno se marca.

-Usted fue el relevo de la brillante Gemma Mengual y lideró con éxito la transición de la Selección Española.

-Fue un orgullo muy grande. Salió muy bien. Tuve la suerte de ser la capitana de un gran equipo que llegó muy arriba. Solo hay buenos recuerdos. También, algunos malos. Pero uno solo guarda los positivos. Me quedé con la fuerza de saber que puedo conseguir lo que quiera.

-Su trayectoria estuvo ligada a la de la entrenadora Anna Tarrés desde que esta se cruzó en su vida.

-Vino a mi escuela cuando era aún muy pequeña. Nos enseñó un vídeo. No sabía ni de qué iba esto de la natación sincronizada. Pero después acabó siendo la seleccionadora y mi entrenadora de toda la vida. Si lo llego a saber, no me apunto (risas)... Es broma. Nunca hubiera imaginado que aquella mujer sería tan importante en mi vida. Ha hecho de mi madre.

-Vivió la gloria de la sincronizada, pero también su división: el divorcio entre el presidente Carpena y la seleccionadora Tarrés, en el que usted fue una de las damnificadas.

-Yo nunca he sido de meterme en grandes berenjenales. Las luchas de poder no me gustan. Prefiero la justicia. Me desmarqué al apoyar lo que creía que debía hacer. Pero hay situaciones para mí que da igual tener en contra si uno cree que son justas.

-Su salida no fue la soñada.

-Estaba, de mano, lesionada. Yo me quería retirar, pero era un momento delicado por todo lo que había pasado. No era fácil, a nivel mediático, ser muy clara. Había que ir con cuidado.

-¿Se arrepiente?

-No, no, no. Sí que me hubiera gustado llevarlo de otra forma. Hubo cosas que me estresaron porque era la primera vez que me veía en una situación parecida. Ahora lo hubiera gestionado mejor. Hubiera sido más clara todavía. No tendría reparos.

-La natación sincronizada era, hasta aquel momento, la carta ganadora de la Federación de Natación.

-Se perdió todo. Se bajó un escalón grande. Pero vamos a ver ahora que han vuelto a cambiar de entrenadora. Hay que ir poco a poco porque la generación actual es muy joven.

-Se mantiene alejada de la vida mediática.

-Pero no a nivel social. Nunca he querido tampoco ser muy protagonista. El jueves, de hecho, tengo una exhibición en el mar. Disfruto de la sincronizada como una nadadora a nivel de espectáculo. Es otra cosa más: nadadora, entrenadora y empresaria.

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