Así es la vida en un santuario

Así es la vida en un santuario

En Covadonga residen todo el año religiosos, empleados y escolanos. Cada uno cumple «una misión» para mantener el legado centenario del Real Sitio

GLORIA POMARADA

La vida transcurre con sosiego a los pies del Auseva, en un pequeño reducto donde la épica y la espiritualidad se diluyen en el día a día de sacerdotes, escolanos, monjas y más de una treintena de empleados que conforman una gran familia en la que cada pieza resulta indispensable para mover el engranaje de Covadonga. A lo largo del último siglo el Real Sitio ha sido testigo de acontecimientos históricos, visitas de reyes, príncipes, millones de turistas y hasta de un Papa, pero también de la intrahistoria de religiosos y seglares.

José Luis Galán llegó al santuario en 1976 procedente de Avilés y en la humilde vivienda que le corresponde como empleado de mantenimiento, él y su esposa criaron a sus cinco hijos. Hoy reciben a sus once nietos mientras Galán continúa cuidando de los jardines, pintando o solventando cualquier obra, cuenta mientras poda uno de los setos del paseo que conduce a la basílica. Junto a él, Manuela de Diego, con veinte años a sus espaldas como empleada del Real Sitio, explica cómo «todos los días hay mucho trabajo», especialmente de cara a la visita de la Casa Real. «Es una cosa histórica», afirma.

Entre los turistas que se acercan al santuario, algunos abordan al personal para interesarse por la visita Real y sus posibilidades de acceder a Covadonga el día 8. Otros cumplen, ajenos a la cita, con el posado en los enclaves de rigor, el encendido de velas o las compras en las tiendas de recuerdo.

La joven Génesis del Valle coordina desde hace dos años uno de los establecimientos, donde triunfan «rosarios, vírgenes y la Santina», enumera. No obstante, en los expositores se combinan desde hace dos años artículos religiosos con 'souvenirs' laicos, desde camisetas a galletas elaboradas por las monjas.

Sergio Alonso, administrador del Real Sitio, es uno de los ideólogos de ese cambio comercial. «Se están modernizando los productos, la gente demandaba otras cosas. Fue un acierto porque está gustando muchísimo», relata desde el despacho donde gestiona las compras, el personal, el mantenimiento y las obras. «En Covadonga cada uno tenemos una misión», afirma este profesional con 31 años de experiencia en el Real Sitio. En total, el santuario da trabajo a 25 empleados directos y siete indirectos. «Tratamos de buscar a gente del entorno», indica.

Entre la solemnidad de las misas y la entrega al trabajo de conservación, la presencia de los cerca de cuarenta escolanos aporta el toque de alborozo juvenil al enclave. Los niños, de entre 8 y 18 años, compaginan la rutina de los de su edad con clases en los centros escolares de Cangas de Onís y tardes consagradas a la música. «Tienen su vida aquí, los grandes hacen de hermanos mayores de los pequeños», cuenta Jorge de la Vega, director de la Escolanía. Desde mediados de agosto, los jóvenes cantores ensayan a destajo para la novena y la visital Real, un acontecimiento que afrontan con «los típicos nervios».

También ensaya con ahínco, pero «sin presión», el organista, Fernando Álvarez. Llegó a Covadonga en 1983 desde Pola de Siero, con solo 18 años, y desde entonces su música no falla a las misas diarias, hasta tres, y a las bodas de los fines de semana. Al plano cultural del Real Sitio contribuye también Javier Remis, responsable del Museo desde hace 18 años, y uno de los mayores expertos en todo lo relacionado con Covadonga, desde sus orígenes e hitos a la más curiosa anécdota de rodajes de cine, fotos antiguas o donación de exvotos.

Que cada nota suene a la perfección, que cada pieza artística esté en su sitio o que cada flor luzca radiante depende del trabajo silencioso de los guardianes del santuario, que velarán por la histórica visita y por otro siglo de esplendor en el santuario de Covadonga.

Los protagonistas

Jorge de la Vega

Director de la Escolanía

«Los escolanos tienen su vida aquí. Los mayores hacen de hermanos de los pequeños. Por las mañanas estudian en Cangas de Onís y las tardes están dedicadas a la música en Covadonga»

Javier Remis

Responsable del Museo

«Llevo dieciocho años y nunca sabes lo que vas a encontrar en el día a día»

Sergio Alonso y Génesis del Valle

Administrador y coordinadora

«Somos todos un engranaje al servicio del santuario»

José Luis Galán y Manuela de Diego

Empleados de mantenimiento

«En Covadonga hay mucho trabajo todo el año»

Leonel Fernández

Sacerdote

«Llegué hace un año y me ha impactado la cantidad de gente que viene a confesar»

José Ángel Vecino y Tomás Camblor

Sacristanes de la Basílica y la Santa Cueva

«Prepararamos a diario el altar para las misas, las lecturas y acompañamos en el canto. El día 8 será especial, la visita de los Reyes es una cita histórica para todos nosotros»

Fernando Álvarez

Organista

«Llegué en 1983, con dieciocho años. Estudio y ensayo a diario en el órgano sinfónico, que tiene tres teclados, 3.080 tubos y 56 juegos reales»

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