El deporte, medicina tras el trasplante

José Luis Franco en el Club de Campo de La Fresneda. ::/ Imanol Rimada
José Luis Franco en el Club de Campo de La Fresneda. :: / Imanol Rimada

José Luis Franco vive desde hace 24 años con dos pulmones nuevos. Acaba de ganar varias medallas en los IX Juegos Nacionales de Trasplantados

MÓNICA RIVERO

José Luis Franco es el máximo ejemplo de que el deporte es salud. Nacido en Avilés y residente desde hace dos décadas en La Fresneda, José Luis de deportista. Pero también es trasplantado. Hace 24 años recibió dos pulmones nuevos, debido a su fibrosis quística. Desde entonces, el ejercicio se ha convertido en parte de su vida. Quizás eso haya ayudado para convertirse en uno de los trasplantados más longevos. Y, sin duda, de los que gozan de mejor condición física. Sus numerosos éxitos deportivos dan fe de ello. De hecho, el único momento en que paró de hacer deporte fue entre los 17 y los 24 años, justo antes de recibir el trasplante bipulmonar que le convertiría en el medallista que es hoy.

Acaba de regresar de los IX Juegos Nacionales de Trasplantados, celebrados en Sanlúcar de Barrameda (es el único asturiano que ha participado). Ha vuelto de allí como subcampeón en tenis, en individuales, y campeón en dobles. Y en pádel, disciplina en la que también ha competido, ha resultado subcampeón de España.

Superar obstáculos y avanzar forma parte de su ADN. Mucho más allá del deporte. Al mes de someterse a la intervención que cambiaría su vida tuvo que lidiar con la muerte de su padre y la necesidad de dirigir el negocio familiar, por lo que el descanso nunca fue una opción para él. Asegura tener un día a día normal. Su rutina está dedicada a su familia y al deporte, entrena un par de horas diarias en el Club de Tenis avilesino que le vio crecer o en el Drive Pádel de Lugones, aunque de vez en cuando juega con amigos en La Fresneda.

Con una capacidad pulmonar del 92 por ciento, José Luis está en plenas facultades, aunque lidia con los efectos secundarios de la ingesta de 28 pastillas diarias, como el dolor de huesos. Por eso trata de mantener unos hábitos lo más saludables posible. «Antes me olvidaba directamente de las escaleras. Antes del trasplante, andaba con la botella de oxígeno. Tenía 24 años, era igual de alto que ahora y pesaba 30 kilos menos, 42», relata.

El único obstáculo que se ha encontrado a la hora de competir es la falta de federación. La asociación que rige a los atletas trasplantados, Asociación Deporte y Trasplante España, no cubre los gastos de los campeonatos, que salen directamente del bolsillo de los deportistas. La federación significaría también hacer llegar más lejos los triunfos, ya que sus victorias carecen de un canal de comunicación oficial. «Cuando llegamos a nuestra ciudad lo que intentamos es ponernos en contacto con la prensa, porque se trata de dar visibilidad a la donación de órganos», explica el atleta.

«Estamos a la cabeza de donación, lo que hay tratar es de hacer ver a la gente que es algo que no solo da vida, sino que da calidad de vida», subraya. «Los deportistas trasplantados decimos que el deporte debería ser una receta médica». Pero queda trabajo por hacer. «Deberíamos ser el país con más deportistas trasplantados en las competiciones. Sin embargo, en el último mundial, en Málaga en 2017, éramos ciento y pico, mientras que los americanos venían con mil, la mitad participantes y la mitad acompañantes. Yo, si tengo que ir a Estados Unidos, a pagar», dice muy serio. «Nos estamos perdiendo a gente muy buena».

Recientemente, el Consejo Superior de Deportes ha recibido a estos atletas y en las últimas competiciones ya llevan su logo. Sin embargo, queda camino por recorrer. «Queremos que nos reconozcan como deportistas trasplantados igual que se hace con los discapacitados».