El obispo Raúl Berzosa se retira «por motivos personales» en una decisión inédita

Raúl Berzosa./Mario Rojas
Raúl Berzosa. / Mario Rojas

El Papa concede al que fue obispo auxiliar de Oviedo permiso para ausentarse «durante un tiempo»

Azahara Villacorta
AZAHARA VILLACORTAGijón

El teléfono móvil de Raúl Berzosa (Aranda de Duero, 1957) duerme. El hombre que fuera obispo de Ciudad Rodrigo durante los últimos siete años, el mismo que nunca rehuyó las preguntas incómodas, solo acierta a enviar un cariñoso mensaje a ELCOMERCIO para explicar:«Estoy ya en total retiro». Y prometer que, cuando todo esto termine, hablará largo y tendido sobre las razones que, hace apenas unos días, le llevaban a abandonar la Diócesis salmantina de la que era pastor en una decisión inédita que ha dejado al clero «en estado de 'shock'», como reconoce el sacerdote asturiano y catedrático de Historia Medieval Javier Fernández Conde, viejo amigo de quien, antes de desembarcar en Ciudad Rodrigo, fue obispo auxiliar de Oviedo con Carlos Osoro. «Nadie lo esperaba».

Conde es solo uno de los muchos que han intentado ponerse en contacto en las últimas horas éxito con el prelado burgalés, que acaba de obtener una 'excedencia' de su ministerio episcopal «por motivos personales» de manos del Papa Francisco y que se ha retirado a un lugar ignoto durante un periodo indeterminado a meditar sobre su futuro.

Así lo ha confirmado la Nunciatura Apostólica en Madrid, como emisaria de la decisión adoptada por el Pontífice, confirmando a través de un comunicado que la Santa Sede concedía a Berzosa la posibilidad de «retirarse un tiempo del gobierno pastoral de la Diócesis» y que, durante ese exilio temporal, sería sustituido por el jubilado monseñor Gil Hellín, arzobispo emérito de Burgos, que actuará como administrador apostólico 'Sede Plena et ad nutum Sanctae Sedis'. O lo que es lo mismo:asumiendo las funciones que hasta ahora correspondían al obispo.

La noticia ha caído como un bombazo en la sede salmantina, donde la rumorología ha comenzado a funcionar a plena potencia entre sus poco más de 37.000 habitantes y donde confían en que la decisión sea reversible, de manera que Cecilio Raúl Berzosa –don Raúl para todos– pueda volver a Ciudad Rodrigo o a otra diócesis española dentro de un tiempo prudencial, reincorporándose al servicio episcopal tras unos meses de reflexión alejado del mundanal ruido.

También en la Diócesis de Oviedo apuntan a esta posibilidad, aunque precisan que lo único cierto, de momento, es que no hay nada es seguro:«Solo él sabe si regresará».

Y nada se sabe tampoco sobre cuáles son esas «razones personales» que han llevado a Berzosa –un teólogo brillante llamado a desempeñar altas funciones en el gobierno de la Iglesia española, cercano y con don de gentes– a renunciar a la mitra y el báculo. Aunque, como afirma José Ramón Garcés, canónigo de la Catedral de Oviedo, «deben ser razones de mucho peso, porque una decisión tan grave y tan poco frecuente tiene que estar motivada por una causa lo suficientemente profunda e importante para que haya provocado que necesite un tiempo para reflexionar, hacer un paréntesis en su vida. Y, cuando alguien toma una decisión de ese calado» –subraya Garcés–, «merece el máximo respeto. Intentar entrar en esas razones personales es como entrar en un santuario, porque, además, bastante tendrá consigo mismo y con su conciencia».

Con todo, las cábalas son inevitables, admite Javier Fernández Conde, quien mantuvo largas conversaciones con Berzosa durante sus seis años asturianos y que confiesa tenerle un gran aprecio a este pastor de ojos claros. «Un hombre muy agradable y muy normal que, en las distancias cortas, se hace querer» y que, además, es miembro del Pontificio Consejo para la Cultura, profesor de Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca, integrante de la Comisión de Asuntos Jurídicos de la Conferencia Episcopal y vicepresidente de la Fundación Las Edades del Hombre, repasa el catedrático de Historia Medieval. El currículum de un intelectual impecable hasta la fecha.

Hipótesis de todo signo que avivan, sin querer, los más cercanos, que han descartado ya que, a sus 60, el prelado sufriese algún quebranto de su salud física o mental. Tampoco dudas de fe o una crisis vocacional. Y, de hecho, su agenda pastoral estaba repleta, lo que hace que su determinación de dar un paso atrás en el gobierno de la Diócesis resulte aún más sorprendente.

«¿Por qué se va?», se pregunta hoy todo el mundo en Ciudad Rodrigo, donde temen que Roma aproveche el vacío episcopal para suprimir la diminuta Diócesis mirobrigense. «No sé nada», acierta apenas a responder Carlos Osoro, hoy arzobispo de Madrid y que también compartió muchas horas con él.

Y, así, solo Fernández Conde se atreve a aventurar una tesis que también han apuntado otros sacerdotes y que tiene que ver con «su estrecha relación, ya desde su época en Asturias, con dos señoras –madre e hija– que tenían problemas serios y a las que ayudó mucho». Dos mujeres que cuidaron, durante años, a la madre del obispo, quien, a cambio, se vio en la obligación de protegerlas y mantenerlas en su propia casa una vez que la matriarca falleció, en 2012, lo que dio lugar a un sinfín de habladurías y comentarios insidiosos sobre su vida personal. Chismes sin ningún fundamento, infierno grande, que habrían terminando socavando su ánimo. «Una relación que quizá tampoco sentó bien en las alturas», añade Conde. Porque ya se sabe que la mujer del César, además de serlo, debe parecerlo. Yporque, además, ni a Garcés ni a Conde les encaja que Berzosa se sintiese «castigado» en la Diócesis más pequeña de España, exiliado allá en la raya con Portugal. Más al contrario, «siempre se mostraba muy a gusto y también los fieles lo estaban con él».

La teoría de las malediciencias apuntaría a que, más que a petición propia, su retirada podría haber sido recomendada por el nuncio apostólico en España, Renzo Fratini, o por el propio Papa. Pero, en todo caso, los expertos concluyen que la toma de posición final ha correspondido al Santo Padre y que lo más probable es que Francisco y monseñor Berzosa llegaran a un acuerdo tras un discernimiento conjunto.

En lo que también hay consenso es que, esté donde esté –en un monasterio o en el convento de las monjas de Ieu Communio, fundado por su hermana Sor Verónica–, los curas asturianos le desean «que resuelva todo esto de la mejor manera posible porque es una bellísima persona y un magnífico obispo».

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