Desconfianza e inseguridad en la lucha contra el ébola

Desconfianza e inseguridad en la lucha contra el ébola
afp

Los equipos sanitarios se enfrentan en el Congo a un brote con múltiples y pequeños focos y a los ataques de los grupos armados

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

Médicos Sin Fronteras (MSF) lanzó el avisó. El brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) es ya «muy preocupante». Hace solo tres semanas se superó la barrera de los mil enfermos y, en apenas quince días, se han dado más de trescientos nuevos casos. Ya son más de 840 las personas fallecidas. La Federación Internacional de la Cruz Roja también emitió otro mensaje preocupante. En un solo día, el martes 9 de abril, se confirmaron 18 nuevos pacientes. «Es la cifra más alta en un solo día en el brote de ocho meses», señaló la organización en un comunicado. «El ébola se está propagando más rápido y muchas personas ya no buscan atención. Está claro que algunas comunidades vulnerables no confían en los que combaten el ébola», explicó Emanuele Capobianco, director de Salud y Atención de la Cruz Roja.

A este problema se suman ciertas particularidades del brote, como la inestable situación política del país. En la zona este del Congo donde se han concentrado los contagios (Kivu del Norte e Ituri), junto a la frontera con Uganda y Ruanda, conviven el Ejército, varias milicias locales y un grupo guerrillero (Mai-Mai). Una situación de inestabilidad que sufren los centros de atención a los propios enfermos. Hace casi dos meses, Médicos Sin Fronteras tuvo que cesar de forma temporal su actividad en Butembo por culpa de un ataque perpetrado por desconocidos que incendiaron algunas de sus instalaciones.

No era la primera vez que ocurría esto en un centro de atención del ébola. A finales de febrero, se produjo otro incidente en Katwa. Tras el último ataque, quince trabajadores del MSF fueron expatriados, según explica Luis Encinas, experto de ébola en Médicos Sin Fronteras. Aproximadamente, la organización tiene en el país unas doscientas personas trabajando, entre personal local y foráneo, en los diferentes centros donde se ha atendido a más de la mitad de los casos de ébola del país.

«El brote se ha producido en una zona del país que ayuda poco a controlarlo», indica Encinas. La ONG todavía está evaluando cuándo podrá regresar al centro para continuar con las labores sanitarias. «Hay que valorar todas las condiciones de seguridad», recalca. Empero, la realidad no ayuda. En otro ataque contra personal sanitario en la Universidad de Butembo, moría asesinado el epidemiólogo camerunés Richard Valery Mouzoko Kiboung, desplazado al Congo por la Organización Mundial de la Salud. Los atacantes afirmaban que en esa zona de RDC no había ébola.

Gota a gota

«Es una crisis bastante particular», explica Encinas. Comenzó en agosto del año pasado, pero no se ha producido una gran explosión de la enfermedad, sino que ha ido «poco a poco, gota a gota». «En lugar de tener un solo gran epicentro, hay múltiples grupos pequeños por todas partes, por lo que resulta difícil rastrearlos y predecir dónde será el siguiente», apunta Natalie Roberts, una de las responsables de emergencias de MSF, que recalca que aparecen nuevos casos fuera de las zonas epidemiológicas y que, además, se han multiplicado.

Las nuevas infecciones se dispararon en marzo, pasando de 26 a 72 por semana. La mitad de las personas confirmadas como positivas no tenían conexiones con pacientes de ébola conocidos con anterioridad. Casi la mitad de los nuevos casos se confirmaron 'post mortem'. Las personas mueren sin la atención especializada que podría haberlas ayudado. Y se da la circunstancia que se ingresa a personas con síntomas compartidos al ébola, pero que no la padecen. «Terminan pasando dos o tres días en los centros antes de que se les permita irse. Si tienen una enfermedad que no sea el ébola, no necesariamente se les trata de la forma adecuada», razona Roberts. «Creo que existe un riesgo real de ver un aumento significativo de los casos. Si un grupo de brotes se extiende a otra gran población urbana, corremos el riesgo de una explosión», añade.

Además, a todos estos problemas, hay que sumar el miedo de la población a ser hospitalizado, a la imagen intimidante de los servicios sanitarios con los trajes de protección y la percepción de que ébola es sinónimo de muerte. Incluso el presidente del Congo, Felix Tshisekedi, viajó a la zona para tranquilizar a la población y afirmó, siendo muy optimista, que el brote iba a terminar en tres meses. Pese a todo, en esta lucha contra la enfermedad se ha conseguido vacunar a más de 100.000 personas contra el ébola.