La vida del asturiano Paulino Rodríguez dentro de un zulo

Supervivencia. Arriba, la casa en la que Paulino Rodríguez pasó 28 meses escondido en un zulo. A la izquierda, el protagonista de esta historia, junto a sus hijas y a la viuda de Lino Oviaño. / SERGIO MONTERO / E. C.
Supervivencia. Arriba, la casa en la que Paulino Rodríguez pasó 28 meses escondido en un zulo. A la izquierda, el protagonista de esta historia, junto a sus hijas y a la viuda de Lino Oviaño. / SERGIO MONTERO / E. C.

Pasó 28 meses en un hueco de seis metros cuadrados durante la guerra civil

JOSÉ L. GONZÁLEZ

Un profesor de su localidad natal, El Entrego, le puso sobre la pista: existía un diario del último alcalde de San Martín del Rey Aurelio en la República que detallaba la represión tras la guerra civil y las penurias que tuvieron que pasar él y su familia. Así que Sergio Montero, 'Monty' (1978), se puso a trabajar y, tras más de un año de búsqueda dio con un documento que le «impactó muchísimo» y que ahora va camino de convertirse en un documental. Se trata del diario de Paulino Rodríguez, que pasó 28 meses encerrado en un zulo bajo la cocina de la casa de su madre para evitar un fusilamiento seguro y que recogió todas sus vivencias en un documento de más de 500 páginas. «Lo leí y me quedé alucinado. Las historias de la represión en las Cuencas son más o menos conocidas, pero una cosa es conocerlo y otra es ir viendo cómo suceden los hechos tras la desbandada republicana y la entrada de las tropas franquistas en Asturias», señala el director de cine, que acaba de estrenar 'Los labios apretados', un largometraje documental de investigacio sobre la Revolución de 1934 en Asturias.

La historia que narra este diario comienza pocos meses antes de que acabe la guerra civil en Asturias, en el año 1937. Poco antes Paulino Rodríguez accede a la alcaldía convirtiéndose en la cabeza visible de la Comisión Gestora que componían todas las fuerzas políticas y sindicales del Frente Popular. La entrada de los fascistas le pilla en Gijón. «Había ido a ver a Belarmino Tomas para confirmar la orden de volar las minas de San Martín, una orden que nunca se ejecutó. Allí ve el desastre en el que está sumida la ciudad y vuelve a las Cuencas para comprobar la orden de evacuación. Paulino acabaría diciendo que si esa orden se había dado, a su zona no había llegado», explica Sergio Montero.

La entrada de las tropas de Franco en las Cuencas le obliga a ocultarse. Desde el cementerio de Blimea es testigo de las primeras acciones de lo que se convertiría en «una de las represiones más duras que se dieron en España. Desde allí vio llegar los camiones y escuchó cómo mataban a quince personas».

La decisión entonces era sencilla: o escapar al monte y luchar por la vida al margen de la ley o esconderse. Y, tras consultar con su familia, Paulino Rodríguez decide esconderse junto a su hermano Herminio y su compañero Lino Oviaño, que habían sido heridos en el frente y a quienes tuvieron que rescatar en el hospital antes de que los sublevados acabasen con sus vidas. «Era lo primero que hacían, matar a los soldados heridos».

La solución al escondite la encontraron en la residencia materna de Paulino, un caserío en la aldea de Les Aparaes que se encuentra en la parte alta de la montaña. Bajo la cocina, construyen un zulo de apenas seis metros cuadrados que compartirán los tres huidos durante 28 meses. Desde allí, a quince centímetros del suelo de la cocina, Paulino Rodríguez escribe un relato en el que ofrece todos los datos de todos los represaliados que llegan a sus oídos. También describe una situación que le ahoga, las disputas con su hermano sobre qué rumbo tomar. «Le decía 'vamos a morir como ratas' y llegan a plantearse irse a Peña Mayor, uno de los focos guerrilleros y de resistencia armada más importantes de Asturias por la extensión de la sierra, su ubicación y el acceso que daba a varios ayuntamiento, pero al final deciden quedarse en casa».

El relato incluye un giro que podría parecer inverosímil si se incluyese en una ficción: durante sus meses como topos, la comandancia de 'La bandera de Lugo' se instala en el caserío. «Fueron los represores más sanguinarios de la Cuencas y él escucha a centímetros del suelo de la cocina todos sus planes. Desde allí organizaron batidas para buscarle por los montes cercanos. En este texto se siente el pálpito de la historia».

Tras 28 meses de reclusión, con el ánimo y la salud deteriorados, Paulino Rodríguez envía una carta al gobernador militar para proponer su entrega a cambio de garantías. «Los tres fueron condenados a muerte. A Paulino y a su hermano la pena les fue conmutada por cadena perpetua. Lino fue ejecutado. Días después llegó su indulto».

El que fuera alcalde de San Martín salió de su zulo para acabar en el campo de trabajos forzados del Gallo, en Ponferrada. Quince días después de su entrega, fallece su mujer «a causa de una grave paliza. Poco antes había muerto un hijo. Por supuesto, le expoliaron todos sus enseres».

La vida de Paulino siguió y consiguió sobrevivir al franquismo. Hasta 1991, fecha de su muerte, intentó sin éxito ver publicados sus escritos. Ahora, Sergio Montero recupera esta historia. «Vamos a hacer un documental que no será un 'biopic', sino un análisis de la posguerra. El eje principal será el caso de Paulino, pero todo girará en torno a la idea de la ocultación», señala Sergio Montero, que pretende publicar los textos de Paulino Rodríguez junto al documental. «Ahora estamos en el proceso de investigación y de diseño del guion, que van de la mano. Pero no vamos a parar hasta ponerle punto final a esta película. Se llamará 'Madrigueras'».

 

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