El Comercio

Abdellah, de La Calzada al Daesh

Después de cuatro horas de registro, la Policía abandona el piso con material requisado.
Después de cuatro horas de registro, la Policía abandona el piso con material requisado. / Pañeda
  • Nacido en Marruecos y criado en Gijón, su radicalización fue evidente hace dos años tras un viaje al Magreb

«Había cambiado mucho su actitud en los últimos tiempos, se había dejado barba, frecuentaba más los locales de culto y había dejado de beber alcohol. Nos dijo que se iba a ir una temporada fuera, pero no le creíamos, pensábamos que iba de farol». Los amigos con los que Abdellah frecuentaba hasta hace unos meses un bar de La Calzada no podían ayer salir del asombro al saber que el joven marroquí, criado en el barrio, pertenece, supuestamente, a la organización terrorista Daesh. «No nos los acabamos de creer, aunque es verdad que de un tiempo para aquí había cambiado mucho, casi no salía de casa y había variado incluso de forma de vestir, se dejó barba y se cortó el pelo y casi no se relacionaba con nadie», comentaba un conocido suyo. Abdellah Ouelji Lafsahi nació hace 34 años en la localidad marroquí de Khouribja. Su padre emigró a Gijón en los años 80 y a principio de los 90, después de muchos años de trabajo como vendedor ambulante, consiguió reunir el dinero suficiente para reagrupar a su mujer y sus cuatro hijos.

Se instalaron en un modesto piso de El Cerillero. Los niños comenzaron a cursar sus estudios en el colegio público del barrio mientras su madre ayudaba a su padre con las ventas en el rastro dominical. Abdellah creció con su pandilla de amigos, formada en su mayoría por inmigrantes de segunda generación. La familia mantenía las costumbres musulmanas, pero según sus vecinos, «no eran personas radicales ni mucho menos. Son gente muy trabajadora y que nunca dieron ningún problema», comentan sus conocidos.

Hace unos quince años la familia se trasladó a vivir al piso de la calle de Rosalía de Castro, el mismo en el que ayer fue detenido el presunto yihadista.

Rito musulmán

Abdellah contrajo matrimonio hace diez años con una joven de origen marroquí, Sofia, a la que conoció durante uno de sus viajes al Magreb. Se casaron en una boda por el rito musulmán y tienen dos hijos -una niña y un niño-, que acuden a un colegio público de La Calzada. La familia vive de la pensión que percibe él por invalidez debido a un grave accidente laboral que sufrió en el año 2002 y que a punto estuvo de costarle la vida. Se precipitó desde un andamio de una altura de un quinto piso tras ser golpeado por una grúa. Estuvo 22 días ingresado en la UVI del Hospital Central de Asturias y quienes le conocen aseguran que «nunca volvió a estar bien del todo».

Pero el verdadero cambio lo experimentó hace unos dos años. Fue tras una estancia de cuatro meses en Marruecos. Viajó allí con sus hijos y su mujer y, al regresar a España para que los pequeños retomasen el curso escolar, sus vecinos percibieron un cambio evidente tanto en su forma de comportarse como en su manera de vestir. Dejó de utilizar pantalones vaqueros, se dejó la barba larga y apenas se dejaba ver por el barrio. Además, pasó de ocuparse de los niños, de llevarlos a actividades extraescolares, a apenas dejarse ver con ellos por la calle.

«Su mujer es muy educada, muy amable y siempre la ves con los dos niños. A él lo veíamos antes bastante, en el bar, a la salida del colegio y en el parque, pero hace bastante que casi no sale a la calle», comentaban ayer sus vecinos. La Policía señala que ese cambio de actitud coincide con la radicalización de este hombre que estaba a punto de ingresar en las filas de los 'muyahidines'.