Cara a cara con Javier Ledo, el sospechoso del crimen de Paz Fernández Borrego

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Un periodista de EL COMERCIO relata su viaje de Coaña a Navia junto a Javier Ledo

DAVID SUÁREZ FUENTE NAVIA.

Es un pueblo de pocas casas, solo tres habitadas, a nueve kilómetros de Navia. Sabía que allí, en Llosorio, podía estar Javier Ledo, la última persona que se vio junto a Paz Fernández. Los rumores le apuntaban y quería conocer su versión. Eran las tres de la tarde del jueves cuando piqué el timbre de una casa blanca de puerta marrón.

-¿Eres Javier? Vengo a preguntarte por Paz.

-No... Aquí no, que está mi madre.

Sus nervios me hicieron pensar que el viaje había sido en balde, pero me sacó del error. «Lo hacemos en Navia», dijo. Entró en casa y un minuto después estaba apartando las bolsas del asiento de mi furgoneta, para tenerlo de copiloto.

La carretera está recién arreglada. Se veía con camisa vaquera, cazadora de ante marrón, pantalones beige y varios anillos en las manos. Me contó que no tenía carné, que no conduce, y que hacía un rato, mientras se duchaba, había divisado a lo lejos periodistas de Madrid grabando su domicilio, lo que le resultaba violento.

De golpe me percaté. Caray. Es el principal sospechoso y aquí estoy. No avisé a nadie de que venía, ni puse mi ubicación en Facebook. ¿Y si hace algo? En ese segundo reduje la velocidad, no fuera a tener que bajar en marcha. Él sin embargo empezó a hilar su historia, sin que le preguntara nada. Era una película en cuyos detalles empecé a concentrarme.

Llegamos al Mesón El Cabo. Se sentó en la terraza, de espaldas a la carretera. Le ofrecí grabar en vídeo lo que iba a relatar, pero al principio, de nuevo, dijo que no.

Ledo hablaba pausado, convencido, y con una imperiosa necesidad de echar la mano al Ducados. Medio paquete se fumó antes de abrir el siguiente que tenía ya listo en el interior de la chaqueta. Pedí un café con leche, a lo que se sumó. No quiso que la foto se la tomara en un entorno más amable, como el mar. Su interés era que yo anotara su versión, poniendo mucho énfasis es que fuera exacto al anotar cada llamada que tuvo con Paz, cada mensaje intercambiado.

«Quiero contarte lo mismo que le dije a la Guardia Civil», justificó.

Ahora pienso que lo que escuché es una historia a la que había dado muchas vueltas. Que la tenía bien preparada. A todo me daba rapidísima contestación. Con ese aplomo, este diestro bajito de mirada segura, pormenorizó cuándo fue la primera vez que se encontró con la que, según la Guardia Civil, puede ser la mujer que asesinó:

-Yo hago de todo, me busco la vida, he sido camarero, plantado fabes... Nos conocimos cuando tuve un trabajo, en hostelería, cerca de la avenida Schulz. Ella tenía un local cerca. Un día entré a su bar. Es donde conocí también a mi exmujer. Quedaron embarazadas casi al mismo tiempo y nos hicimos todos amigos. Paz cantaba muy bien en inglés, yo el flamenco y otro cogía la guitarra.

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