Los recuerdos de las conserveras

Etelvina Rodríguez, Maximina Rodríguez, María Esther Vega y Josefa Suárez. / A. G.-O.
Etelvina Rodríguez, Maximina Rodríguez, María Esther Vega y Josefa Suárez. / A. G.-O.

Candás y San Juan de la Arena se unen a través de los trabajadores de estas fábricas | «No sabías cuándo entrabas ni cuándo ibas a salir», recuerdan las cinco mujeres homenajeadas por su trabajo en esta actividad artesanal

ALICIA G.-OVIES CANDÁS.

La tradición conservera unió durante años a las localidades de Candás y San Juan de la Arena. La producción de las fábricas de Albo sirvió como nexo entre los dos puertos marineros. Una relación que ayer volvió a recuperarse de la mano de los antiguos trabajadores de la industria. La asociación Candás Marinero fue la promotora de este encuentro que comenzó con el descubrimiento de una placa conmemorativa y finalizó con un concierto en el teatro Prendes.

María Esther Vega, Josefa Suárez Maximina Rodríguez, Delfina González y Etelvina Rodríguez pasaron gran parte de su vida trabajando en las distintas fábricas de Candás. «No teníamos horario. No sabías cuándo entrabas ni cuándo ibas a salir», recordaron. Ellas fueron ayer las protagonistas de un homenaje que se hizo extensible a todas aquellas mujeres que formaron parte de uno de los sectores más importantes del concejo.

Su trayectoria laboral comenzó antes de cumplir los 14 años, una labor que desempeñaron hasta su jubilación. Lo más complicado, explicaron, fue cuando comenzaron con los envases de bonito. «Con la anchoa era más fácil», aseguraron. Como ellas, gran parte de las familias de la localidad dependían de estas fábricas. Las que no, estaban ligadas al mar: «Eso era Candás», coincidieron.

Pero el duro trabajo no les hizo perder nunca la sonrisa. Ataviadas con mandil y madreñas no dudaban, siempre que tenían tiempo, en escaparse a bailar antes de ir a la fábrica. Además, con sus voces animaban el día a día de las factorías. «Cuando no cantábamos, Alfonso Albo salía de su despacho para preguntarnos qué nos pasaba», recordaron.

Y así dieron su visión de un sector conservero que se fue perdiendo con el tiempo. «Es una pena que haya desaparecido. Cuando estaba jubilada fui a la manifestación para evitar el cierre de Albo», contó Maximina Rodríguez.

Una escultura de Antón

La alcaldesa de Carreño, Amelia Fernández, calificó la cita como «un encuentro de mujeres y hombres buenos». Destacó los numerosos aspectos que hermanan a ambos concejos. Al trabajo conservero unió su pasión por el mar, fuente principal de trabajo para los vecinos durante varios años, según dijo. «Además, mientras que en Candás los niños reciben al Farolero en Navidades, en San Juan de la Arena tienen a L'Anguleru», indicó. Casimiro Vega, trabajador de Albo fue otro de los vínculos entre ambas localidades. Gracias a él, en el cementerio de Soto del Barco hay una escultura de Antón, el escultor más importante y reputado de Carreño.

Tras el descubrimiento de una placa conmemorativa en una de las paredes de la antigua fábrica de Ortiz, los asistentes al encuentro se trasladaron al teatro Prendes. Allí pudieron disfrutar de las actuaciones de Vicente Díaz, Pipo Prendes y de los coros de la Bodega de Candás y el de San Pedro de Soto del Barco. «Esperemos que este hermanamiento no se quede solo aquí y sirva para llevar a cabo muchas más actividades de forma conjunta», apuntó la alcaldesa. Por el momento, la iniciativa volverá a repetirse en San Juan de la Arena.

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