Una mujer recibe una brutal paliza después de resistirse a una agresión sexual en Avilés

Una mujer recibe una brutal paliza después de resistirse a una agresión sexual en Avilés
M. C. Z. C., ayer en su domicilio de Bustiello. / MARIETA

El agresor, que está en prisión acusado de abusos sexuales y tentativa de homicidio, le ofreció a la víctima dinero a cambio de sexo cuando paseaba a su perro

Alberto Santos
ALBERTO SANTOSAvilés

No era un callejón oscuro, ni un descampado, ni ninguna de esas zonas apartadas que aparecen casi siempre en los perfiles de agresiones sexuales. Tampoco era de noche, ni un lugar de ocio. M. C. Z. C., de 46 años de edad, sí había salido de casa, pero a hacer algo tan cotidiano y sencillo como pasear a su perro en los alrededores de la calle del Roble, en Bustiello, a escasos trescientos metros del cuartel de la Guardia Civil de Avilés. Eran las 13.30 horas del pasado 24 de febrero, sábado, cuando la mujer era agredida sexualmente por un joven que la había seguido para ofrecerle dinero a cambio de mantener relaciones. Ante su negativa, le dio una paliza junto a su vivienda. Ella acabó en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) y él, en prisión preventiva tras ser detenido por la Policía Nacional.

La mujer pasó ayer el difícil trago de acudir a los Juzgados de Avilés a ratificar su denuncia. Horas después atendía a LA VOZ DE AVILÉS en su domicilio de Bustiello, en el que se recupera de las múltiples lesiones que padece. El parte médico es sobrecogedor: fractura de radio distal izquierdo, fractura de suelo de la órbita del ojo, fractura maxilar izquierda y hemorragia cerebral. Su rostro está prácticamente cubierto por un gran moratón que es la suma de todos los golpes que recibió en ojos, pómulos y cabeza. El brazo, roto y en cabestrillo. Su estado mental, de incredulidad y hasta aliviada a pesar de todo, «porque anímicamente el hecho de que no hubiera consumado la agresión sexual me influye». Sólo la intervención de un vecino evitó la violación, aunque previamente le había «sobado los pechos» y, tras tirarla por segunda vez al suelo, «intentó desabrocharme el pantalón», recuerda.

El agresor, un joven de nacionalidad colombiana que reside en la avenida de Santa Apolonia, permanece en la cárcel de Asturias en prisión preventiva decretada por el Juzgado Número 4 de Avilés como presunto autor de tres delitos: abusos sexuales, tentativa de homicidio y robo con violencia.

La calle del Roble de Bustiello es un pequeño apéndice del entramado de calles y carreteras que conforman el barrio avilesino de Bustiello. Está en cuesta y no tiene salida para vehículos, ya que desemboca en la pasarela peatonal que cruza sobre la Variante y conecta en un gran solar vacío que divide Llaranes de El Pozón. Esa es la trayectoria que tomó el 24 de febrero la mujer agredida junto a su perro, un imponente 'american stanford', considerado potencialmente peligroso, pero que está perfectamente educado para no causar problemas, como se demostró en el momento de la agresión de su dueña, en la que no intervino.

Zona de la calle del Roble en la que comenzó la agresión.
Zona de la calle del Roble en la que comenzó la agresión. / Marieta

La mujer continuó su paseo por una pequeña senda que transcurre de forma paralela a las vías del tren. Allí fue donde se cruzó con su agresor. Al verla, dio la vuelta y comenzó a seguirla. «Empezó a silbarme y a decirme que cuánto dinero le pedía por mantener relaciones sexuales con él». Ella mantuvo la calma e incluso intentó persuadir al joven por las buenas. «Le dije que iba a mi casa y que, si seguía, iba a salir gente y tener un problema», recuerda.

Pero sus palabras fueron en balde. Siguió su paseo, culminó la senda junto a las vías de Renfe, ya en El Pozón, e inició el camino de regreso a Bustiello por el puente que cruza la Variante, en este caso de uso mixto para vehículos y peatones. Solo le faltaba coronar la carretera y caminar unos metros hasta llegar a la calle del Roble y a su vivienda.

Pero el acoso continuó. «¿Cuánto cobras? Yo tengo dinero, dime cuánto quieres», le insistía una y otra vez. Se iba poniendo poco a poco más violento y de las palabras pasó a la acción. «Se puso delante de mí para intentar tocarme los pechos», relata la víctima. Estaba ya cerca de su casa, hasta podía ver la puerta, así que no dudó en intentar zafarse de él con un empujón. Ante su resistencia, soltó un puñetazo que tiró a M. C. Z. C. al suelo, y allí comenzó a darle una paliza. «No recuerdo cuántas patadas me dio en la cabeza», asegura. Tantas que pensó que la mataba, pero aún le quedaba un hilo de fuerza. Se levantó, «tambaleándome y aturdida», e intentó avanzar hasta su casa.

Ayuda vecinal

Lo consiguió a medias, porque el agresor la agarró por el cuello hasta volver a tirarla al suelo. «Empezó a sobarme e intentó desabrocharme el pantalón», relata. Por suerte, sus gritos fueron escuchados por un vecino que vive frente a su vivienda. Su repentina presencia alertó al agresor, que por fin dejó a su víctima e inició un huida a pie hacia Llaranes.

Previamente le había robado el teléfono móvil que le había caído al suelo, y sus ansias por deshacerse de él, o quizás su inconsciencia, le llevaron a intentar venderlo, aún ensangrentado, en la Plaza Mayor de Llaranes, según relataron algunos testigos a la familia de la víctima.

La rápida intervención de la Policía Nacional y la colaboración de vecinos y allegados permitió identificar en primer lugar al agresor mediante fotografías en las que fue reconocido por la mujer agredida. Unas horas después fue detenido en el domicilio que comparte con su familia en la avenida de Santa Apolonia, en Villalegre. Fue trasladado a comisaría, donde fue identificado de nuevo. El juez decretó su ingreso en la cárcel de Asturias de forma preventiva hasta la celebración del juicio.

M. C. Z. C. fue trasladada al Hospital Universitario San Agustín y derivada después al HUCA ante las importantes lesiones que presentaba en la cabeza. Días después recibió el alta médica y continúa su recuperación física y anímica en su domicilio de Bustiello, con el apoyo de sus hijos y de su pareja.

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