Amores y pasiones en la época del terror

'Andrea Chénier' se estrena el jueves. / ÓPERA DE OVIEDO
'Andrea Chénier' se estrena el jueves. / ÓPERA DE OVIEDO

Ainhoa Arteta, Carlos Álvarez y Jorge de León protagonizan la ópera de Giordano sobre la Revolución Francesa, cuarto título de la 70 Temporada de Oviedo 'Andrea Chénier' se representa a partir del jueves en el Campoamor

RAMÓN AVELLO OVIEDO.

En su larga vida, el compositor italiano Umberto Giordano (1867- 1948) compuso varias óperas de éxito. Sus coetáneos comentaban que una de ellas, 'Andrea Chénier', le hizo un hombre célebre, y otra, 'Fedora' -'Fedora fè d'oro' (Fedora hace oro)-, un hombre rico. La mayor parte de las obras de Giordano, a medida que los melodramas veristas iban pasando de moda, fueron cayendo en el olvido, salvo 'Andrea Chénier'. Desde su estreno en La Scala de Milán en 1896, esta recreación de la vida del poeta francés de la Revolución Francesa se representó con asiduidad.

'Andrea Chénier' es una ópera bien conocida del público ovetense más veterano, en donde se representó entre 1951 y 1982, en seis temporadas. Entre los Andrea Chénier en el Campoamor, los aficionados recuerdan el buen hacer de José Carreras en 1982. Plácido Domingo, que en sus grabaciones nos ha dado un Chénier memorable, estuvo cansado e irregular en Oviedo en 1977, perdiéndose y teniendo que repetir el aria 'Improvisación', del primer acto. Pedro Lavirgen, en 1971, y Carlo Bergonzi, en 1957, fueron otros intérpretes de esta obra.

Coincidiendo con el 150 aniversario del nacimiento de Giordano, regresa al Campoamor los días 7, 10 13 y 16 de diciembre su ópera ambientada en los años de la Revolución, en una producción del Festival Castell de Perelada y la ABAO (Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera). Oviedo Filarmonía y el Coro de la Ópera de Oviedo estarán dirigidos por Giancarlo Marcianó, muy aplaudido en el Campoamor en 'Nabucco' y 'Turandot'. Bajo la dirección escénica de Alfonso Romero Mora, serán sus intérpretes el tenor Jorge de León (quien debuta en la Ópera de Oviedo, aunque se le ha escuchado, siempre con éxito, varias veces en Asturias, la última, el pasado octubre en el Teatro Jovellanos) como Andrea Chénier; el barítono malagueño Carlos Álvarez, toda una referencia en el Campoamor, en el papel de Gérard; la soprano navarra Ainhoa Arteta, como Maddalena de Coigny; Mirela Pinto (Bresi); Marina Rodríguez Cusí (La Condesa de Coigny y Madelon); Francisco Crespo (Roucher); David Oller (Fleville); Alex Sanmarti (Mathieu); Manuel Gómez Ruiz (El Abad); Jon Plazaola (Un Increíble) y Cristian Díaz (El Mayordomo).

Devorados por la Revolución

El verismo, la corriente realista de la ópera italiana contraria a la ópera romántica, no solo se inspiró en situaciones de la vida cotidiana, sino también se orientó hacia sucesos históricos, pintados con crudo realismo. En este verismo proyectado hacia el pasado se encuadra Andrea Chénier, definido en la partitura como «drama de ambiente histórico en cuatro cuadros». Luigi Illica, autor de obras como 'Tosca', escrita para Puccini, crea un libreto detalladísimo en cuanto a las precisiones escénicas, en el que ambienta una historia de amor en los años de la Revolución Francesa. El Salón de la Condesa; el Terror; Tribunal revolucionario y Juntos al Cadalso son los epígrafes a cada acto, de un libreto que entremezcla personajes históricos, como el poeta Chénier, el fiscal Fouquier, o Robespierre, con personas imaginadas.

La interrelación entre el drama personal y la intriga política se recrea con precisión en la partitura de Giordano en la que combina la pasión amorosa con acentos revolucionarios y heroicos. Como en las obras veristas, numerosos personajes recorren una obra con grandes movimientos de masas en la escena. El protagonismo de lo que entonces se llamaba «el común» y ahora «la gente» se simboliza en el papel central y muy variado de los coros que van desde agrupaciones pastoriles propias del Antiguo Régimen al populacho revolucionario que tararea cantos como 'La Carmagnole'.

Se le ha achacado a la música de 'Andrea Chénier' cierta irregularidad y ausencia de unidad melódica, sin embargo es innegable la habilidad en los efectos melodramáticos y sobre todo la intensidad lírica y expresiva de las arias protagonizadas por los personajes centrales. Fundamentalmente, la clave de la ópera es la fuerza de pasajes vocales como el monólogo de Gerard 'Nemico della Patria' (Enemigo de la Patria), la profunda melancolía de 'La mamma morta' de Maddalena, las arias de Chénier 'Un dì all'azurro spazio' (La celebre 'Improvisación') o 'Come un bel dì di maio' (Como un bello día de mayo), o el dúo de amor final, a las puertas del cadalso. Estos grandes momentos líricos son la clave y el vigor de la permanencia de 'Andrea Chénier'.

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