«A mí no me retira nadie. Lo decidiré yo»

Ainhoa Arteta, ayer, en las 'letronas' de Oviedo. / PABLO LORENZANA
Ainhoa Arteta, ayer, en las 'letronas' de Oviedo. / PABLO LORENZANA
Ainhoa Arteta - Soprano. Hoy debuta en el rol de Maddalena en 'Andrea Chénier'

«A mí a los 40 me dijeron que mi carrera había terminado y hace poco he tenido que oír que un cantante, a partir de los 50 años, ya es mayor»

AZAHARA VILLACORTA OVIEDO.

«Tuve una conversación muy fuerte con mi madre. Se estaba muriendo y todos los días yo tenía que dejarla un rato para ir a hacer unos conciertos. Me iba aterrada, pero ella siempre me decía: 'Yo, mañana, quiero el ramo'. Hasta que una vez no pude más: 'No puedo ir. Quiero quedarme contigo'. Y mi madre me contestó: 'Hija, yo te he parido, te he visto crecer, te conozco más que nadie y tú, si no cantas, revientas. Así que vete a cantar y mañana quiero el ramo'. A los pocos días murió en mis brazos». Ainhoa Arteta (Tolosa, 1964) se abre en canal a pocas horas del estreno, hoy, de 'Andrea Chénier', cuarto título de la temporada de la Ópera de Oviedo. Una obra en la que la soprano debuta en el rol de Maddalena y «que habla del amor eterno. Eso es lo que tenemos en común: que yo creo en ese amor del alma, el que nunca muere».

-¿Nerviosa?

-Sí. Pero también estoy contenta, porque en Oviedo me tratan siempre como a una auténtica reina. La Ópera de Oviedo siempre me ha apoyado y estreno con verdadera tranquilidad en ese sentido. Es un rol nuevo para mí, un rol difícil, pero tengo unos compañeros que son una maravilla. Porque, además de ser grandísimos cantantes, Carlos Álvarez y Jorge de León son grandes colegas y han estado ayudándome todo el tiempo. También me ha gustado mucho trabajar tanto con el director de orquesta como con el director de escena.

-¿Qué tiene esta ciudad?

-Quiero venir a Oviedo todos los años porque me rechifla. Me encanta su gente. Me recuerda a mi madre, a mis tías, a esas mujeres que se arreglan para salir a tomar un café a la tarde con su perla y su abrigo (Ríe).

-¿Es usted una diva?

-En el escenario, sí, porque hace falta esa fuerza emocional. Pero no soy de las que exige que el camerino esté todo pintado de blanco, que tenga veinticinco toallas con ribete azul... Esas cosas me parecen absurdas. Yo pido plátanos y agua, como mucho.

-¿Supersticiones confesables?

-Siempre llevo a mi madre conmigo, porque para mí, no ha muerto. Estas sortijas, que son suyas, van conmigo siempre. Aunque no pueda llevarlas puestas, van prendidas en algún sitio con un alfiler. Y últimamente también llevo una estampita de mi Macarena, porque le canté un 'Ave María' y fue un momento muy especial. También me santiguo tres veces antes de salir a escena y antes de salir al aplauso. Y absolutamente todos los aplausos se los dedico a ella. Porque ha sido, es y será el gran apoyo de mi vida. Es el amor infinito, el amor del alma. Confío mucho en que está viendo mi resurgir y estoy convencida de que hago todos los roles a través de ella. Por favor, pon eso: que todos los que tengan madre la abracen y la besen mucho porque el día que no esté se habrán quedado con eso. Es muy importante.

-Habla de su resurgir porque sufrió una crisis vocal muy importante.

-Sí. Fue a los 40 años, que es un momento complicado. Lo he visto con muchos colegas, porque las cuerdas vocales son unos músculos que ejercitas como un deportista. Cuando eres joven, el músculo tiene una flexibilidad y una capacidad de volver a su sitio. Pero, a los 40, el músculo ya no tiene ese poder de regeneración.

-¿Cómo lo superó?

-Me costó más de un año. Tuve que empezar de cero, porque, si vuelves al repertorio que tenías, tus músculos vuelven a hacer lo mismo. Ahí entendí un consejo que me había dado Alfredo Kraus. Cuando yo tenía 27 o 28 años, me dijo: «A la voz hay que escucharla y nunca obligarla».

-Ha caído muchas veces para volver a levantarse.

-Es que esta carrera es eso. Resistir es vencer. A mí a los 40 ya me dijeron que mi carrera había terminado y todavía hace poco he tenido que oír que un cantante, a partir de los 50, ya es mayor. Es algo que me rechina. Pienso que, si esto fuera así, no hubiéramos tenido ni Freni ni Caballé ni Kabaivanska ni Pavarotti ni Plácido ni Sutherland ni Scotto... Les vi en lo mejor de su carrera y tenían 45 o 50.

-Parece que el mundo de la ópera va p0r otros derroteros.

-Sí. Se está empezando a confundir la opera con imagen, con Hollywood. Y es complicado porque la voz es el único instrumento vivo. Se ha puesto en boga decir: «Queremos nombres nuevos y jóvenes». Fantástico. Los jóvenes están encantados, pero les hacen flaco favor porque los usan como clínex. Usar y tirar. Y no se puede comulgar con ruedas de molino.

-Usted no se calla mucho...

-A cierta edad y con todo lo que he pasado, intento no ofender a nadie, pero digo las cosas como las pienso. No creo que deba callarme.

-Por ejemplo, acaba de decir que lo de Cataluña la entristece, que es española a mucha honra y que «nos manipulan ideológicamente».

-¡Claro! Tengo 32 apellidos vascos y en la Historia de España estamos los primeros. ¿Quiénes fueron a conquistar América? Pero, muchas veces, se ha contado a medias, de una forma que no es justa ni beneficiosa. A mí no me da ni pena ni vergüenza decir que soy española y que me gusta mi país. Al revés: siento orgullo.

-O que los cantantes antes estaban pagados y valorados y ahora no.

-Es verdad. La crisis ha afectado muchísimo. Han bajado los cachés a la mitad y hay mucha gente que viene a hacer los roles por muchísimo menos. No estamos pasándolo bien.

-El 21% de IVA cultural...

-Eso ha sido catastrófico, porque, además, no lo han pagado las entradas: lo hemos pagado los artistas.

-¿La han «machacado a impuestos»?

-Por supuesto. Y los pago. He sido siempre consciente de que la mayor ONG son nuestros impuestos y de que, si todos los pagásemos religiosamente, las cosas serían de otra manera. Yo he tenido y tengo ofertas de Andorra o Suiza para llevarme allí mi dinero, pero no lo he considerado ni honesto ni honrado. Y no voy a ser millonaria porque no he elegido esta carrera para hacerme millonaria y porque procuro vivir bien. Se lo tengo dicho a mis hijos: «No vais a heredar ni un millón, pero, con lo que yo tenga en vida, lo vamos a pasar bien y lo vamos a disfrutar. Eso sí: nadie va a poder señalar a vuestra madre con el dedo». Me da mucha rabia cuando veo lo que pasa. Y, sobre todo, con gente que ha estado gobernando este país.

-¿Cómo llevan sus ausencias?

-Ha habido momentos durísimos. Se pasan muchos ratos de soledad o tristeza, pero tengo su complicidad. He llegado a decirle a mi hija, adolescente: «Lo dejo todo». Y ella me ha contestado: «Ni se te ocurra, ama, porque yo sé que tú necesitas cantar». Y en este ensayo general, mi hijo, con siete años, me llamó para desearme suerte. Tienen mucho mérito y lo único que quiero es que sean buenas personas y felices con lo que hagan. Pintor de brocha gorda, peluquera, maquinista o conductor de autobús.

-¿Ha pensado en retirarse?

-El día que murió mi madre, le dije a mi agente: «Cancélalo todo. No sé si volveré a cantar». Y, al noveno día de estar en mi casa, como a las cuatro de la mañana, empecé a cantar durante horas, porque es mi sanación. Ahí me di cuenta de lo que ella me decía. De que cantaré toda mi vida hasta morirme. Asistí a las últimas horas de Victoria de los Ángeles y ella me cantaba, casi sin aire, el 'Sì, mi chiamano Mimì'. A mí no me retira nadie. Me retiraré cuando lo decida yo, no cuando lo decidan los agentes. Hay Ainhoa para rato.

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