Voces vibrantes en medio de la revolución

Parte del elenco, durante el segundo acto, donde se representan los disturbios en las calles de París. / FOTOS DE IVÁN MARTÍNEZ / ÓPERA DE OVIEDO
Parte del elenco, durante el segundo acto, donde se representan los disturbios en las calles de París. / FOTOS DE IVÁN MARTÍNEZ / ÓPERA DE OVIEDO

El estreno de la ópera 'Andrea Chenier', cuarto título de la temporada, fue un éxito | Lo más aplaudido fue el trío vocal de protagonistas, en especial el debut en el ciclo ovetense de Jorge de León

RAMÓN AVELLO OVIEDO.

Han tenido que pasar 17 años para que 'Andrea Chénier' regresara a Oviedo. Lo hizo en la jornada de ayer, sobre las tablas del Teatro Campoamor, en una nueva producción del Festival de Perelada y la Asociación Bilbaina de Amigos de la Ópera. Y lo hizo además cosechando un rotundo éxito con un elenco vocal de lujo encabezado por Jorge de León, Carlos Álvarez y Ainhoa Arteta, que había despertado grandes expectativas en el público. Tal vez sea por la conmemoración del ciento cincuenta aniversario de Umberto Giordano, tal vez fruto de la coincidencia o la causalidad, o quizá por una reacción universal que reafirme el poder del libreto y de las voces contra las alteraciones de los 'registas' o directores de escena, el caso es que la ópera sobre el poeta de la revolución francesa, vuelve a estar de moda. El Teatro Campoamor estuvo lleno, además de un público muuy expectante y predispuesto a favor de 'Andrea Chénier'. De hecho, cuando se anunció por megafonía que el barítono Carlos Álvarez iba a actuar aunque estaba reponiéndose de un catarro, el público apludió el gesto del malagueño.

Esta es una ópera en la que las aclaraciones escritas entre paréntesis del libreto son precisas y exhaustivas. Desde el color azul del sofá, hasta las pelucas y los encajes de los vestidos están perfectamente detallados en el libreto de Luigi Illica. La concepción escénica de Alfonso Romero Mora es, en general, fiel a la época en la que se desarrolla la acción. Sobre un escenario único diseñado por Ricardo Sánchez Cuerda se desarrollan los cuatro actos, cada uno con un decorado diferente. Representan el salón del palacio aristocrático, las escenas callejeras de París, la sala del Tribunal del Terror y la cárcel. La concepción escénica está dentro de la tradición, se ajusta a lo que dice el libreto con algunas licencias como la muerte de Bersi a manos del Increíble. El suelo es un plano inclinado, lo que da cierta sensación de inestabilidad y hay símbolos clarísimos de decadencia como el techo resquebrajado o las pelucas y trajes que se van depositando en los ángulos del escenario. La repetición del mismo espacio modificando solo los adornos de las paredes vendría a ser una representación de una revolución que acaba siempre en el mismo sitio.

No es la primera vez que Gianluca Marcianó dirige a Oviedo Filarmonía en temporadas de ópera. 'Nabucco', de Verdi, y 'Turandot', de Puccini, fueron otros de sus trabajos con la orquesta ovetense. Marcianó lleva la orquesta con nervio, contrastes de dinámica y, algunas veces, en las escenas con mucho diálogo, con una fuerza un poco excesiva, pero siempre con fluidez. Tiene interesantes sonoridades que evocan la música dieciochesca o las pinceladas sonoras alusivas a himnos revolucionarios. Marcianó arropa y colabora con los cantantes.

El coro es un elemento en continuo movimiento y transformación, y variado en su composición, que representa desde las pastorcitas que cantan una égloga en una fiesta del antiguo régimen, a los soldados y al populacho de la revolución. Todos estos aspectos estuvieron bien cantados y escenificados por el Coro de la Ópera de Oviedo.

Un rasgo de las óperas veristas es el gran número de cantantes, algunos con papeles muy secundarios pero que en un momento captan toda la atención en la representación. Estos secundarios transcienden lo que habitualmente se llama el partiquino para erigirse, pese a la brevedad del papel, en protagonistas pasajeros. Escuchamos a secundarios de primera línea como Marina Rodríguez, en el papel de Madelón, Francisco Crespo, un barítono de bello timbre como Roucher o Álex Sanmartín en el rol de Mathieu.

De los protagonistas principales, Ainhoa Arteta interpretó a una Maddalena de cierta dulzura melancólica. Tiene un color de voz muy bello pero también supo sacar expresividad a su papel, especialmente en el aria 'La madre muerta', punto culminante de su actuación.

El barítono malagueño Carlos Álvarez, a pesar de estar aquejado de un catarro, dibujó un Gerard muy humano, sólido, con una gran presencia escénica y rotundidad vocal. El gran monólogo 'Enemigo de la Patria' estuvo interpretado con una variedad emocional verdaderamente soberbia. Carlos Álvarez es muy querido por el público ovetense, que le tributó una prolongada ovación.

Jorge de León debutó en el Real hace siete años con el papel de André Chénier, un rol por el que el tenor canario tiene un singular aprecio y que, además, tiene muy interiorizado. Ya en 'La improvisación', en el primer acto, estuvo impecable, con fuerza, elegancia en el fraseo y facilidad en los agudos. El aria final 'Como un bello día de mayo' fue otro de los grandes momentos de este tenor cuya voz es más lírica que dramática y que posee además de muy buen gusto, unas cualidades vocales sorprendentes.

El público apludió mucho, especialmente por el ritmo interno de la ópera. En el tercer y cuarto acto la ópera tuvo mayor brillo que en los primeros. Es en estos momentos cumbres donde el espectador vibra y se emociona con esta ópera de Giordano, que tiene momentos verdaderamente excelsos. Como los que ayer hemos visto y oído en el Campoamor.

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