La compra de Ilva, pendiente de la retirada de los recursos ambientales

Arcelor se compromete a abordar su descarbonización «cuando la tecnología sea económicamente sostenible»

N. A. E. GIJÓN.

Las negociaciones para la compra de la factoría italiana de Ilva por parte del consorcio AmInvestCo, liderado por Arcelor, avanzan a trompicones y con la espada de Damocles del recurso presentado por parte de la región de Apulia y de la ciudad de Tarento contra el plan medioambiental aprobado por el Gobierno. «Mittal no comprará Ilva si la apelación sigue en pie», advierten los sindicatos de la factoría y, sin esta adquisición, su futuro podría ser el cierre.

Las negociaciones se mantienen a varias bandas. Por un lado, Arcelor negocia con las autoridades antimonopolio de la UE el visto bueno para su adquisición, para lo que es posible que tenga que deshacerse de la planta de Piombino. Por otro, el Gobierno de Paolo Gentiloni, a las puertas de unas elecciones, presiona a Apulia y Tarento para que retiren el recurso contra su plan ambiental, que permitiría a Arcelor extender hasta 2023 las inversiones medioambientales. Las autoridades de la zona consideran que este plazo es demasiado largo, dadas las condiciones en las que se encuentra la factoría, que incumple flagrantemente la normativa ambiental.

Además, hay una tercera negociación, la que mantienen con los representantes de los trabajadores sobre el plan industrial. Ya se sabía que de una plantilla actual de 14.000 personas, Arcelor prevé que se rebaje a 9.000. Esta semana, sin embargo, tras una reunión de la compañía con los sindicatos se ha sabido algo más del proyecto empresarial, del que, de momento, poco se conocía, más allá de que preveía elevar la producción de los 5,8 millones de toneladas actuales a 10. La multinacional ha propuesto desarrollar en Ilva nuevas aleaciones de acero y se compromete a «utilizar tecnologías distintas del carbón en el proceso de producción, cuando esta tecnología sea económicamente sostenible».

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