Un asturiano para liderar el castrismo sin los Castro

Miguel Ángel Díaz-Canel. / Alejandro Ernesto (Reuters)

Miguel Díaz-Canel, bisnieto de un castropolense emigrado a La Habana, será nombrado hoy presidente de Cuba

Daniel Fernández
DANIEL FERNÁNDEZGijón

Cuando Raúl Castro decidió en 2013 que Díaz-Canel sería el vicepresidente de su Gobierno, lo presentó a la Asamblea Nacional del Poder Popular de la siguiente manera: «No es un advenedizo, tampoco un improvisado». Aquella frase encerraba mucho contenido para un régimen, el cubano, tan sensible a la simbología de las palabras. Raúl Castro, con esa frase, venía a decir, salvando lógicamente el contexto histórico y político, lo que el general Francisco Franco había dicho en aquel mensaje de Navidad de 1969, cuando pronunció aquello de «todo está atado y bien atado». Miguel MarioDíaz-Canel Bermúdez, que mañana cumplirá 58 años, es un hombre nacido, criado y doctorado en el Partido Comunista de Cuba (PCC), por lo tanto, como bien decíaRaúl, no es un advenedizo y tampoco un «improvisado», porque con él en el poder –hoy será nombrado presidente del país– parece asegurada la continuidad del castrismo, pero sin los Castro.

Miguel Mario Díaz-Canel (20 de abril de 1960) nació en Placetas, en la provincia de Villa Clara. Es ingeniero electrónico y comenzó su carrera profesional en las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Dejó el ejército en 1985, licenciándose con el grado de capitán.

Díaz-Canel tiene raíces asturianas.Es bisnieto de un castropolense, Ramón Díaz-Canel, que a mediados del siglo XIX emigró a Cuba, entonces provincia española de ultramar. Allí, en La Habana, este asturiano fundó una fábrica de muebles,La Perla, que acumuló gran fama en la capital de la mayor de las Antillas.

Aunque es asturiano de tercera generación y nunca pisó la tierra de sus ancestros, el nuevo presidente de Cuba siempre manifestó mucho interés por saber la historia de su familia. «Conocía Asturias y sabía bien lo que aquí pasaba», comenta el exconcejal de IUen Gijón JesúsMontes Estrada.

El exedil conoció personalmente al nuevo presidente del país caribeño. Fue en noviembre de 2013, en los funerales en memoria de un veterano de Sierra Maestra –zona montañosa donde comenzó la revolución liderada por Fidel– en el cementerio de Colón, a los que el exconcejal gijonés había sido invitado. «Me lo presentaron y me contó la historia de su familia, que eran originarios de Castropol.Me sorprendió el grado de conocimiento que tenía de Asturias sin haber estado en ella nunca», recuerda Montes Estrada.«Recordaba, incluso, hasta las ayudas de cooperación que desde el Ayuntamiento de Gijón se concedían a las entidades cubanas siendo yo concejal», añade el exedil de Izquierda Unida.

Aficionado del Barça

El nuevo líder del Gobierno cubano es un gran amante del deporte. Jugó de joven al baloncesto y le gusta el fútbol –ha confesado ser seguidor del Barça–.También es un apasionado de la música. Gran admirador en su juventud, cuando tenía el pelo largo, de los Beatles fue el único miembro del Gobierno cubano que acudió al histórico concierto de los RollingStones en La Habana en 2016. Está casado en segundas nupcias con Lis Cuesta y tiene dos hijos, fruto de su primer matrimonio.

Defensor de las nuevas tecnologías, fue el primer miembro delBuró delPartidoComunista Cubano que acudió a las reuniones con una tablet y también usa su perfil en Facebook para dar cuenta de su actividad pública.

Su designación como presidente del país supone un hecho histórico. Es la primera vez que Cuba no estará bajo el mando de un Castro desde el triunfo de la revolución, en 1959. Además, con Díaz-Canel toma el poder la llamada 'generación perdida', aquella que creció a la sombra de los comandantes –será el primer civil que presidirá elGobierno– y que sufrió la crisis de los noventa, cuando las ayudas soviéticas dejaron de llegar tras el desmoronamiento de la URSS.

¿Qué se espera de Díaz-Canel? Es una incógnita, porque este ingeniero con raíces asturianas ha hecho de la discreción su bandera. Winston Churchill decía de la UniónSoviética que «es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma».Lo mismo se puede decir del nuevo líder de una revolución que no vivió. Aunque se le sitúa cerca del ala aperturista, lo cierto es que en todas sus intervenciones públicas no se ha movido ni un milímtero del discurso oficial.«No concibo las rupturas en nuestro país, creo ante todo que debe haber continuidad», dijo el verano. Ha sido desde entonces el estribillo habitual de su discusro en el que advierte que «los cambios necesarios en Cuba los decidimos los cubanos». RaúlCastro tenía razón hace cinco años: Díaz-Canel «no es un improvisado».

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