Flotats vuelve a ser judío

Arnau Puig y Josep Maria Flotats, en el escenario del Jovellanos en enero.
Arnau Puig y Josep Maria Flotats, en el escenario del Jovellanos en enero. / PALOMA UCHA
  • El catalán regresa a Asturias con ‘Serlo o no’, un texto que en tono de comedia desmonta mitos respecto al judaísmo e Israel de la mano de dos vecinos. Hoy está en el Campoamor

Dos vecinos se encuentran en el rellano de la escalera. El uno plantea sus dudas -y temores- respecto al judaísmo del otro; el otro reponde, aclara, pone las cosas en su sitio. El judío, que lo es más dentro del concepto de pueblo que en el puramente religioso, rompe tópicos y desmonta ideas erróneas. Con humor, con la risa como aliada, con el objetivo de entretener y mirar un poco más allá. Eso es 'Serlo o no. Para acabar con la cuestión judía', el montaje que Josep Maria Flotats (Barcelona, 1939) ya presentó a principios de enero en el Teatro Jovellanos y que ahora se programa en Teatro Campoamor de Oviedo. El texto original es obra del dramaturgo francés Jean-Claude Grumberg, amigo personal de Flotats, a quien le llegó la obra recién nacida para subirla por vez primera a escena.

Él mismo la dirige y protagoniza junto Arnau Puig. Se estrenó en 2015 en el Teatre Lliure en catalán, se tradujo después al castellano y se presentó en Teatro Español de Madrid. «Es un texto brillante, contemporáneo», dice Flotats sobre la obra de su amigo, al que conoce de sus años en París. «Escribe de forma tan inteligente y brillante que provoca la risa, llama a la reflexión y al debate. Es alta literatura», apunta.

Por eso, dice Flotats, a nadie ofende. Y aunque el judaísmo es la excusa, en realidad es una forma de hablar del miedo al otro que siempre se alimenta desde el desconocimiento. «Es un judío que habla a partir del tema judío, pero en realidad habla de que la ignorancia sirve de punto de partida a algún tipo de odio, al miedo a lo que no se conoce», señala el actor y director catalán. «Habla de lo distinto a mí, del otro. La ignorancia y la incultura alimentan el prejuicio», añade.

La obra empieza con dos vecinos que se cruzan. Uno ha descubierto que el otro es judío a través de internet, que es, por otra parte, una fuente inagotable de errores y mentiras que en los últimos tiempos se ha erigido en evangelio. También contra eso golpea el texto, salpicado siempre de comicidad y de pullas. Porque todos los temas se pueden tratar desde el humor. Los límites son fáciles de hallar según Josep Maria Flotats: «La elegancia, el buen gusto y la educación. Hacer humor sobre ciertos temas puede ser como un insulto. Hay que medir».