El Comercio

La gestora del PSOE castiga a Adriana Lastra y Luisa Carcedo

  • Relega a la primera a una portavocía adjunta y aparta a la segunda de la dirección del grupo socialista en el Senado

No fue tan lejos como algunos vaticinaban, pero la gestora que dirige el PSOE desde el 1 de octubre con Javier Fernández al frente lanzó ayer un mensaje claro a sus críticos. La dirección interina no abrirá expediente informativo a ninguno de los diputados con carnet que el pasado 29 de octubre rompieron la disciplina de partido y votaron 'no' a la investidura de Mariano Rajoy. Eso sí, decidió relevar de los puestos clave que ocupaban en el Parlamento a los miembros del ala más dura del 'sanchismo', con independencia de cuál fuera el sentido de su voto aquel día. Esos movimientos afectaron de lleno a las asturianas Adriana Lastra y María Luisa Carcedo, ambas fieles al ex secretario general.

La magistrada Margarita Robles, presidenta de la comisión de Justicia, se salva de la quema porque el suyo es un puesto institucional y no orgánico. Había dudas jurídicas de que, una vez elegida, se le pudiera cambiar por otra persona y, además, después del enfrentamiento con el PP a cuenta del exministro del Interior Jorge Fernández Díaz cabía la posibilidad de que los populares vetaran a otro aspirante socialista. Sin embargo, aquellos que estaban en la dirección del grupo o que ocupaban portavocías han sido, en su mayoría, fulminados.

La diputada aragonesa Susana Sumelzo, la primera en abanderar el 'no', dejará de ser portavoz de la comisión de Cooperación; Adriana Lastra, que votó «abstención, por imperativo» a Mariano Rajoy, sale de Administraciones Públicas y se le rebaja a una portavocía adjunta en Defensa que ocupaba otra 'sanchista' ruidosa, pero no militante, la excomandante Zaida Cantera.

En el Senado

Además, sale de la dirección del grupo parlamentario en el Senado María Luisa Carcedo, y se expulsa de la del Congreso a la balear Sofía Hernanz y a la catalana Meritxell Batet, pilar en el equipo del caído secretario general. El puesto de esta última, no obstante, quedará vacante hasta que el PSOE y el PSC resuelvan, en la comisión negociadora que el pasado lunes acordaron crear Javier Fernández y Miquel Iceta, qué tipo de relación orgánica mantendrán en el futuro.

Triste, Carcedo afirmó anoche a este periódico, una vez conocido el relevo, que la gestora «tendrá sus razones» para tomar estas decisiones. Señaló que siempre ha trabajado «honestamente» para cumplir con las responsabilidades que se le han encomendado y terminó con un resignado «si esto sirve para mejorar el grupo, bienvenido sea».

A los diputados catalanes, mientras, se les ha excluido de la purga -aunque el miércoles se evitara dar a José Zaragoza la presidencia de la comisión Mixta para la UE-, porque la suya fue una indisciplina en bloque con unas implicaciones que van más allá de lo individual. Será, pues, cuando ya se haya elaborado un nuevo protocolo entre ambos partidos -según dijo el portavoz de la gestora, Mario Jiménez- cuando se decida si el PSC mantiene las tres portavocías que ahora posee en la Cámara baja.

Jiménez defendió que los cambios obedecen a un criterio de «confianza» y «capacidad». Y adujo que siempre que cambia una dirección se procede a una reestructuración de este tipo.

¿Un juicio político?

«No somos un tribunal que esté juzgando a nadie -argumentó-; utilizamos criterios políticos pensando en lo que puede ser mejor para el proyecto». En realidad, la 'nueva dirección' -tras la que los críticos sitúan a Susana Díaz- tiene solo un carácter interino, pero suple a todos los efectos las funciones de una ejecutiva electa.