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Así murió Melquíades Álvarez

Cultura

Así murió Melquíades Álvarez

01.05.12 - 00:26 -
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La investigación, que empezó en lo político y lo intelectual, se ha acabado convirtiendo en un 'thriller'. Todo comenzó, para Manuel Álvarez-Buylla, en 1996, cuando inició las investigaciones en torno a su bisabuelo, el jurisconsulto y político gijonés Melquíades Álvarez asesinado 60 años antes.
«Siempre se da por hecho que don Melquíades murió en el motín de la Cárcel Modelo de Madrid en la madrugada del 22 al 23 de agosto de 1936», explicaba ayer, minutos antes de la presentación de sus últimos hallazgos en el Ateneo Jovellanos. «Pero una nueva fuente revela que el suyo fue un asesinato político».
¿Quién mató a Melquíades Álvarez? Tras haber desvelado, en estos 16 años, la inédita tesis doctoral de Álvarez y sus discursos en el Congreso de los Diputados, del que fue presidente, Álvarez-Buylla ha encontrado ahora a esa nueva fuente, que no es otra que el secretario político de Melquíades Álvarez, Francisco Martínez Rodríguez, oriundo de Tomelloso.
«La tierra que le vio nacer le escuchará hoy morir», arrancaba el relato el bisnieto del tribuno. El relato de una muerte poco más de un mes del alzamiento nacional de julio de 1936, en mitad de la confusión política y de la determinación de un hombre, Melaquíades Álvarez, que «prefirió la muerte a la claudicación».
Preso en el ala de políticos de la Modelo de Madrid, Álvarez-Buylla comenzó por trazar el bosquejo del último Melquíades Álvarez, del que se reveló como hombre de la consabida tercera España, el que se rebeló contra una «República sin orden», ya inestable. Todo ello, según mantuvo en su conferencia de ayer, acabó costándole la vida (y no una «turba incontrolada»): fue «su gran servicio a España».
«Cinco días antes de su asesinato», se interroga el investigador, «el general Fanjul ya fue asesinado en la misma cárcel, y el Gobierno no hizo nada». Manuel Azaña, de hecho, acabaría llorando al saber de su muerte.
Entre la profusión de documentos presentados, tres hojas escritas por el secretario Martínez de su puño y letra en papel timbrado del tribuno asturiano, y que comienzan con una pregunta: «¿Quién armó el brazo de los asesinos de Melquíades Álvarez?». Tras la pregunta, una respuesta, pero en ningún caso la esperada: «Yo lo conozco, pero su nombre no saldrá nunca de mis labios, ni de mi pluma, porque ni siquiera debe figurar en la historia de la criminalidad. Debe ser buscado entre los detritus de la envidia. [...] No muchos días antes de aquel horrible fusilamiento, le escuché frases grandilocuentes exaltando la necesidad de realizar justicia contra los hombres que él consideraba traidores a la Patria y apuntando los fusiles contra Melquíades Álvarez».
Llegados a este punto, Álvarez-Buylla avanzó que la búsqueda seguirá. Lleva desde 2002 investigando con el profesor de la Universidad Complutense de Madrid Miguel Angel Villanueva Valdés y con el responsable del archivo de la Fundación Fernando de los Ríos, José Antonio García Pérez. Su siguiente paso será dar con las obras inéditas de Martínez, será buscar entre sus notas -proyectó una biografía de su jefe- y, quizás, llegar a saber qué ocurrió realmente. «La Historia es un puzzle del que no tenemos todas las piezas», se disculpó: «Nosotros formulamos las hipótesis, quizás ellos lleguen a formular las tesis».
Aún no hay un nombre, aunque quizás algún día llegue a haberlo. Solo una mano amplia, ambigua, el fin de una España posible dinamitada por la Guerra Civil. La España que narró, por ejemplo, Manuel Chaves-Nogales en sus crónicas periodísticas, la España de la que Melquíades Álvarez se negó a marcharse, aún siendo consciente de que podía costarle la vida.
Esta conferencia fue la penúltima del ciclo organizado por el Ateneo Jovellanos con motivo del 75 aniversario de la muerte de Melquíades Álvarez, y la que más afluencia de público concitó. Lo cerrará mañana la nieta del jurisconsulto gijonés, Sarah Ávarez de Miranda, que ayer mismo se ocupó de reivindicar su memoria, con la conferencia 'El último Melquíades Álvarez'.
«Y que sirva esto», remachó Álvarez-Buylla, «para librar al menos a Melquíades Álvarez de la última tiranía a la que fue sometido: el olvido».
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Manuel Álvarez-Buylla, bisnieto de Melquíades Álvarez, ayer en el Ateneo Jovellanos de Gijón. :: PALOMA UCHA

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Nota manuscrita de Martínez.



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