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El sueño de Eurovisión

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El sueño de Eurovisión

23.12.12 - 01:38 -
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Los componentes de El Sueño de Morfeo se han referido a su presencia en el próximo festival de Eurovisión como «algo increíble», uno de esos giros sorprendentes que a veces da esta vida caprichosa, pero ya deberían estar más o menos acostumbrados: pocas bandas reúnen en su carrera tantas situaciones atípicas, insólitos quiebros que unos atribuirán al destino y otros, a su primo humilde, el azar. Para empezar, está su origen, claro, aquel día en el que la canaria Raquel del Rosario y el asturiano David Feito coincidieron en un chat de internet. Con sus tecleos alternos, separados por dos mil kilómetros, arrancó la prehistoria de un grupo que, para facilitar las cosas a los hermanos europeos, la organización del festival ha rebautizado como ESDM El Sueño de Morfeo. «Es cierto, la primera vez que hablé con Raquel fue por internet -confirma David Feito desde el estudio de grabación, donde está preparando bases rítmicas para las cuatro canciones que someterán a la criba eurovisiva-, y con el paso del tiempo nos conocimos en persona: intentamos grabar una canción en Canarias, vimos que hacíamos buen equipo y la convencí para que se viniera a Asturias».
Raquel del Rosario procede de Teror, un pueblo situado al norte de Gran Canaria, y no sabía nada de la música celta en la que estaba enredado su amigo de otro norte, el de la Península. Pocas cosas podían serle más ajenas que las gaitas, pero decidió abandonar su mundo y se convirtió en la vocalista de Xemá, el grupo liderado por David, más cercano a las raíces astures que su música posterior. Aquella época con Xemá, como recuerda el guitarrista, no fue precisamente un camino de rosas: «Nosotros hemos picado un millón de puertas, hemos mandado dos millones de maquetas, hemos recibido cinco millones de noes, hemos grabado un disco pagado por nosotros mismos y sabemos lo que es tocar en un escenario sin más iluminación que una bombilla», recuerda.
Pero en 2004, poco después de su reconversión en El Sueño de Morfeo y la incorporación del tercer miembro, Juan Luis Suárez, se produjo el segundo cataclismo, una especie de brusco acelerón de la realidad: Raquel se presentó a un 'casting' para una serie de televisión, probaron a entregar una maqueta con sus temas y... lograron el pasaje a la fama antes de editar nada con su nuevo nombre. «Cuando nos llamó Globomedia para hacer una versión de la cabecera de 'Los Serrano', fue la primera vez que pensé 'anda, ¿y si esto funciona?'. Hay que atreverse a todo y, por supuesto, dijimos que sí. Recuerdo que salimos del despacho de Globomedia, nos montamos en el coche para irnos a Asturias y tuvimos que parar en un parking para asimilarlo y, bueno, básicamente para gritar de felicidad. El capítulo de 'Los Serrano' se emitió un 30 de julio y el 31, al salir a la calle, todo el mundo reconocía a Raquel, le decía cosas... Fue un shock», evoca David. La propia productora habría de grabar en su división musical el primer álbum de El Sueño de Morfeo, que contenía la exitosa 'Nunca volverá'.
El lugar de Fer
Aquel mismo año, en 2004, se sentaron las bases para una trama paralela que daría al trío una relevancia mediática inusitada. Fue otra coincidencia: en un programa de radio, Raquel conoció al piloto Fernando Alonso, y su relación fue prosperando hasta que se casaron en 2006 con asombrosa discreción. Todo el mundo hablaba de una boda secreta en las Maldivas, y ciertamente había sido secretísima, pero se había celebrado aquí al lado, en Limanes, en casa de la familia del novio. El matrimonio duró hasta finales de 2011, cuando abrieron una rendija en su habitual reserva para anunciar su separación: «Fer seguirá ocupando un lugar especial en mi corazón y sé que yo en el suyo también», aseguró entonces la cantante, que en alguna ocasión ha mencionado las repercusiones negativas que tuvo en su carrera musical toda aquella atención de la prensa rosa: «Mi imagen siempre se ha visto como la de un ogro de cara a los medios», ha dicho.
¿Cómo afectó todo aquello a sus compañeros de grupo? «Antes de que Raquel y Fernando estuvieran juntos, ya habíamos vendido ciento sesenta y pico mil copias del primer disco -relativiza David-. Nos dio una hiperexposición a otro tipo de medios y de público, pero no influyó en nuestra forma de hacer música: es imposible negar que la gente empezó a hablar de El Sueño de Morfeo más que antes, pero ya estábamos funcionando. Antes, durante y después hemos seguido nuestro camino, un poco ajenos a todo eso».
Raquel del Rosario ha conservado su condición de icono extramusical, sigue siendo eso que hoy se suele llamar 'celebrity', pero una 'celebrity' que prefiere escabullirse del ojo público. Mantiene un blog en la revista 'Elle' donde brinda atisbos controlados de su vida: se fotografía con diversos atuendos; cuenta lo mucho que le gustan los chipirones en su tinta del restaurante Piamonte, en Salinas; explica que la pantxineta vasca es su postre preferido; habla de su playa favorita, la de las Canteras, en Gran Canaria, cerca de sus hermanas Paula y Elena; enseña algunos de sus incontables artículos relacionados con 'La sirenita' («si muestro mi colección completa, pensarían que estoy loca o algo así») y se refiere en ocasiones a su difícil relación con los medios. De pequeña, relata, ya era propensa a deambular por el pasillo de casa, ensimismada y silenciosa, hasta el punto de que su madre la llevó a un médico para investigar un posible autismo. «Toda mi vida he necesitado esos momentos, mis momentos. Imagínense lo complicado que ha sido para una persona como yo lidiar con algo tan indiscreto como la fama», ha escrito.
«Raquel es verdaderamente muy tímida, pero en las citas comprometidas se viene arriba -explica David-. A mí me llena de orgullo verla cuando sube el último escalón del escenario. Dices: 'Ostras, ¿pero esta es Raquel?'. Ella es el talento que necesita un grupo, nuestro Messi». Actualmente, la vocalista mantiene una relación con Pedro Castro, un director de fotografía gallego residente en Los Ángeles: al día siguiente de que se anunciase que iban a representar a España en Eurovisión, ella ya estaba cruzando el Atlántico, una nueva rutina. Su exposición pública hace que también sepamos, por ejemplo, que se ha operado dos veces para eliminar tejido precanceroso del cuello del útero, y ese no es el único vínculo del trío con la enfermedad: Juanín, como llaman sus compañeros a Juan Luis, sufre espondilitis anquilosante, una enfermedad inflamatoria crónica que le agarrota la columna vertebral y le provoca tremendos dolores.
Esto no impide que el grupo se haya especializado en facturar canciones positivas, píldoras de folk-pop que buscan mitigar el sufrimiento colectivo: sus últimos álbumes, de hecho, se titulan 'Cosas que nos hacen sentir bien' y 'Buscamos sonrisas'. «Defendemos la música como terapia -argumenta David-. Somos conscientes de cómo anda el país, la mayoría de la gente de mi entorno está en paro o no llega a final de mes: eso no podemos arreglarlo, pero sí intentamos poner buenas vibraciones a esta situación tan difícil». De cara a Eurovisión tratarán de fomentar nuevas ilusiones, y quién sabe qué resultará de juntar el festival con el singular talento de este trío para lo inesperado.
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