Sanear a bajo coste el agua de las minas

Las aguas de la mina de La Soterraña forman parte de los nuevos ensayos . / JUAN CARLOS ROMÁN
Las aguas de la mina de La Soterraña forman parte de los nuevos ensayos . / JUAN CARLOS ROMÁN

El Principado y tres universidades inician los ensayos de un prototipo que descontamina el 90% los caudales de yacimientos sin uso

RAMÓN MUÑIZGIJÓN.

El cierre de la minería amplía un viejo problema de Europa. El continente suma 9.275 explotaciones de metales y sales, de las que el 60% están ya oficialmente en abandono. En parte de esas galerías el agua mana arrastrando cobre, mercurio, arsénico, selenio, cloruros y otros contaminantes que salen a la superficie y se mezclan con el resto de cauces y tierras. No existe una tecnología que, a un precio asumible por las administraciones, que son quienes acaban descontaminando esas minas abandonadas, depure esos efluentes para impedir que la polución se extienda. Es algo que preocupa a Bruselas tanto como para cofinanciar un proyecto, el Life Demine, que busca solventar este reto.

El Principado lleva desde 2017 aliado con las universidades de Vic, Dresde (Alemania) y Swansea (Gales), así como con la empresa británica Elentec. Entre los cinco han alumbrado una planta piloto portátil, que se alimenta con energías renovables para aplicar de una forma diferente dos tecnologías ya conocidas. Los ensayos previos sugieren que el invento es capaz de depurar en un 98% los efluentes metálicos pero ahora toca la hora de la verdad: poner a prueba a la máquina en emplazamientos mineros. En Asturias se han recogido muestras en minas de Lena, Mieres, Boal, Belmonte de Miranda, Salas, Tapia de Casariego, Somiedo, Ibias, Parres y Vegadeo. Presentan concentraciones de pocos microgramos por litro. ¿Cómo se puede extraer del agua metales tan diluidos?

«La planta mezcla dos tecnologías: la electrocoagulación, que es bastante novedosa, y las membranas, que están más probadas», explica Elena Marañón, directora general de Prevención y Control Ambiental del Principado. Los sólidos en el agua están rodeados de unas cargas iónicas que provocan que se repelan y hasta ahora para lograr su aglomeración se añadían reactivos químicos que «contrarrestan esas cargas». Es un proceso posible, pero caro. La electrocoagulación logra el mismo proceso «con un electrodo que va soltando hierro soluble que, con su carga positiva, cumple la misma función». Visualmente, el sistema parece contradictorio. El agua pasa, con una suciedad apenas perceptible, y al aplicarle corriente eléctrica los sólidos se aglomeran, el chorro coge color y parece que se ensucia. Así, el efluente con la suciedad ya aglomerada circula hasta llegar a la segunda fase, una membrana porosa. «Cuanto más pequeño es el sólido, menor debe ser el poro y más presión necesita para que solo pase el agua limpia por la membrana», aclara Marañón. Agrupar la suciedad permite utilizar membranas con un poro mayor, lo que reduce costes. Los socios han reunido 2,1 millones con la idea de tener un prototipo ajustado y comercial en 2021.