Un brote infeccioso obligó a sacrificar los miles de ratones con los que investigaba

Tres ratones de experimentación del bioterio, en una jaula. /  PIÑA
Tres ratones de experimentación del bioterio, en una jaula. / PIÑA

La necesidad de desalojar el bioterio de la Universidad y reemplazar los animales supuso un «enorme retraso»

L. M. / J. L. G. GIJÓN.

En el campus de El Cristo, junto a la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud, se levanta desde 2007 un edificio de tres plantas y más de 2.500 metros cuadrados que alberga el bioterio de la Universidad de Oviedo. Es una especie de búnker en el que el acceso está muy restringido -para entrar en él se precisa conocer una clave de seguridad- y el lugar donde se custodian, bajo estrictas medidas de higiene, los ratones de experimentación que se emplean en investigaciones sobre el cáncer o el envejecimiento como las que lidera Carlos López-Otín.

Había cerca de 6.000 animales cuando, el año pasado, se detectó en esas instalaciones un brote infeccioso con un virus murino que obligó a desalojarlas y sacrificar de manera irremediable a todos sus habitantes para esterilizar el bioterio. Fue un durísimo golpe para López-Otín y todo su equipo. No en vano, se trataba de ratones con los que se había trabajado durante más de dos décadas para conseguir una determinada modificación genética. Prescindir de estos valiosos animales suponía dejar en suspenso buena parte de la investigación que se está llevando a cabo en su laboratorio y que dependían de ellos para continuar adelante. La propia Universidad de Oviedo reconoce que «estos hechos están provocando un enorme retraso» en el trabajo de los investigadores afectados.

Para cuando se produjo la infección en el bioterio, López Otín ya llevaba meses siendo objeto de críticas en determinadas webs en las que se ponía en duda su trabajo. Algunos de los supuestos autores de esos artículos se pusieron en contacto con la Universidad de Oviedo para recabar información al respecto, lo que llevó al Comité de Ética de la institución académica a abrir una investigación. Investigación que, según el rector, concluyó refrendando «la solvencia» de esas investigaciones y «la validez científica de los resultados publicados a pesar de los fallos detectados en algunos de esos estudios».

«Recuperando la normalidad»

En la actualidad, las líneas de ratones modificados genéticamente se están reintroduciendo de nuevo en el bioterio, en el que trabajan dos veterinarios, cinco técnicos en cuidados de animales y dos técnicos en imagen preclínica. Se está haciendo «mediante un laborioso proceso de rederivación que impide la entrada del agente infeccioso o de otros patógenos», garantiza la Universidad. «El bioterio está recuperando la normalidad», asegura.