La Llonga, en Mieres, un pueblo dividido por un argayo

Algunos vecinos de La Llonga observan el argayo, que continúa cayendo sobre la carretera./J. M. PARDO
Algunos vecinos de La Llonga observan el argayo, que continúa cayendo sobre la carretera. / J. M. PARDO

Los vecinos alertan de la caída continua de tierra y rocas que ha decidido a algunos a usar un caballo para pasarse alimentos de un lado a otro

MARTA VARELA

La luz de las primeras horas de la mañana es el único aliado de una niña de nueve años que para acudir al colegio tiene que cruzar por encima de un argayo que mantiene incomunicado su pueblo desde el pasado 25 de enero. Esto ocurre a diario en La Llonga, en el concejo de Mieres. Como esta pequeña, el resto de sus quince vecinos tienen que sortear los numerosos obstáculos que, a consecuencia de las intensas lluvias de finales de enero, les ha dejado con unas comunicaciones precarias. El pueblo ha quedado dividido en dos por la caída de parte de una ladera en su acceso principal. Un argayo por el que siguen cayendo piedras y tierra, y que tapa la carretera.

La ayuda que están recibiendo no está siendo efectiva. Reconocen que una pala trabaja en el principal argayo, el que les incomunica con Mieres, pero aseguran que «quitan una pala de barro y tierra, y la montaña sigue cayendo. No se ven avances, es muy frustrante». Los coches llevan varias semanas sin poder acceder al pueblo. Reconocen que pueden transitar por otros caminos hacia la zona de Rioturbio, pero «tampoco están en buenas condiciones». Para ayudarse entre ellos, utilizan el caballo de un vecino para pasar «alimentos y cosas que se necesiten en las casa», apuntan. La otra solución es caminar al menos tres kilómetros para acceder al transporte público.

La vida continúa en este pueblo, ubicado a unos siete kilómetros de la villa de Mieres, camino de Santo Emiliano. Los vecinos aseguran que ir a comprar o atender a los animales se convierte en «una aventura», y explican que «hay personas mayores que no han bajado del pueblo en días porque los caminos están muy difíciles de transitar». En este sentido Celia Mon, una de las vecinas de La Llonga, relata que «cuando vamos a dar de comer a los animales, vamos con miedo porque los caminos están llenos de pequeños desprendimientos, se han caído árboles y piedras. Nos cuesta mucho trabajo hacer cosas que antes nos llevaban unos minutos».

En La Llonga son conscientes de que el temporal ha dejado muchos desperfectos, pero piden que «nos den una solución para seguir con nuestras vidas como hasta ahora». Y recuerdan a los responsables que este problema no es nuevo, «siempre que llueve tenemos problemas porque en la parte de arriba del argayo hay un arroyo, pero no nos dan soluciones».

Desde el Ayuntamiento se ha encargado a una empresa externa, especialista en este tipo de obras, la consolidación de la ladera. Las previsión apunta a que deben construirse al menos dos terrazas. Es una obra compleja.

En La Llonga están acostumbrados a sufrir problemas en su día a día. Así, explican que «cuando nieva es habitual que estén horas sin luz o que tarden en abrirnos caminos. Vivir en un pueblo es cada día más complicado porque recibimos muy poca atención». A día de hoy ya son 16 los días que llevan conviviendo con una argayo que a este paso, explican sonriendo, «es como un vecino más, un poco latoso, pero un vecino».

 

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