Las entidades solidarias piden más recursos públicos para impulsar nuevos proyectos

Julio César Jonte (Proyecto Hombre), Ángel Moraleda (Fundación EdP), Pablo Puente (Fundación Siloé), Ernesto López (AAEM), Arancha Martínez (Una ciudad para todos), Santiago García, Ana Fernández y Yolanda Villanueva (Parkinson Asturias), Salomé Huerdo y Andrés Mayor (Es Retina), Ana Martínez (Amigos contra la droga), Inés González (Cuantayá), Marcos Madrigal (Identidad para ellos y ellas) y Rafael Pedregal y Pilar Penedo (Aspace). / FOTOS: JORGE PETEIRO
Julio César Jonte (Proyecto Hombre), Ángel Moraleda (Fundación EdP), Pablo Puente (Fundación Siloé), Ernesto López (AAEM), Arancha Martínez (Una ciudad para todos), Santiago García, Ana Fernández y Yolanda Villanueva (Parkinson Asturias), Salomé Huerdo y Andrés Mayor (Es Retina), Ana Martínez (Amigos contra la droga), Inés González (Cuantayá), Marcos Madrigal (Identidad para ellos y ellas) y Rafael Pedregal y Pilar Penedo (Aspace). / FOTOS: JORGE PETEIRO

Diez ONG asturianas pondrán en marcha sus iniciativas gracias a la Fundación EdP, que destinará 192.714 euros a la región

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

Sobran las ideas pero los recursos, a menudo, escasean. La falta de financiación es la sempiterna batalla de las entidades sociales, que además de hacer frente a la realidad diaria tienen que pelearse con los libros de cuentas para conseguir mantenerse a flote. Porque, lamentablemente, de su supervivencia depende mucha gente. Y cuando el día a día queda más o menos cubierto, la realidad es que aún faltan cosas por hacer y vidas por mejorar... pero las ayudas son las que son y las necesidades, muchas.

Si hay algo que caracteriza a las ONG es su empeño por salir adelante. Por seguir cubriendo las carencias que, a medida que se resuelven otras, salen a la luz. Con ese espíritu, sus responsables se convierten en buscadores de ayudas, para que ni un solo proyecto quede en un cajón. Y diez entidades de la región acaban de dar con un «respiro», un «balón de oxígeno», un «empujón» de nada menos que 192.714 euros: las ayudas de la fundación EdP Solidaria. Asturias se lleva un tercio de la dotación económica total del programa, que, según explica Ángel Moraleda, tiene como objetivo principal «mejorar la calidad de vida de las personas mediante el apoyo a proyectos sostenibles dirigidos a paliar las necesidades sociales más prioritarias». Se calcula que beneficiará a 4.324 personas del Principado a través de las asociaciones Una ciudad para todos, Es Retina Asturias, Aspace Asturias, Amigos contra la droga, Proyecto Hombre, Parkinson Asturias, Fundación Siloé, Asociación Asturiana de Esclerosis Múltiple e Identidad para ellos y ellas. En boca de Ana Menéndez Cuartas, de Amigos contra la droga, lo que todos piensan: «Necesitamos que sigan existiendo este tipo de convocatorias para ayudas a proyectos, que continúe habiendo conciencia de lo social y que se siga creyendo en nosotros».

Esta entidad avilesina se fundó en el año 1989 y desde 1991 desarrolla diversos programas de atención a drogodependencias y adicciones. Cuenta con cuatro profesionales en plantilla y se nutre de un número variable de voluntarios. «Somos una entidad pequeña, con pocos recursos, y resultar beneficiarios de una ayuda supone para nosotros un balón de oxígeno tremendo», resume la responsable. Gracias a ese dinero podrán poner en marcha un programa específico para personas con problemas de alcoholismo. «Se trata de una intervención en régimen de centro de día dirigida a personas con una media de edad de más de 40 años». Prevén atender a quince personas en un año, pero aunque las ayudas den para doce meses, la intención de todas y cada una de las entidades es que sus proyectos se desarrollen a largo plazo.

Es el caso también del Aula de Música de la Fundación Siloé. La veterana asociación, en activo desde hace cuarenta años, tiene entre manos un proyecto para hacer de la música una herramienta de cambio social que sirva para reforzar la autoestima y la integración de niños y adultos en riesgo de exclusión social. «Empezamos con donaciones de instrumentos, pero necesitábamos equipar mejor el aula e insonorizarla para que en un futuro pueda ser un recurso a disposición de otras entidades y la población en general. Nuestro sueño es construir una gran orquesta social», anhela Pablo Puente, psicólogo y coordinador del proyecto. «Si bien no es la intervención social a la que nos dedicamos habitualmente, tiene incluso más efectos terapéuticos que la terapia tradicional, por lo que tiene mucho valor», indica.

«Miagando»

Son este tipo de programas alternativos pero igualmente importantes los que muchas veces se quedan 'cojos' por falta de fondos, incluso aunque sus destinatarios sean pacientes de diversas enfermedades. Como 'CapAppcítate, de Es Retina Asturias. El colectivo, con sedes en Oviedo, Gijón y Avilés y doscientos socios, cumple este mes treinta años facilitando el día a día de los afectados de alguna enfermedad de retina, pero tenía pendiente ayudarles a perder el miedo a las nuevas tecnologías. «Hasta ahora lo hacíamos de una manera intermitente, con poca capacidad de atender realmente a la necesidad de cada persona, pero ahora podremos adquirir dispositivos accesibles y contratar a una persona para que cree tutoriales y forme a nuestros socios en el uso de las tecnologías», señala Andrés Mayor, presidente de la entidad.

Una idea similar, que hasta este momento no habían podido llevar a cabo, tuvieron en la asociación Parkinson Asturias, nacida hace 21 años. «Observábamos que muchos pacientes buscan por su cuenta en internet y encuentran de todo, y queríamos poner a su disposición una información veraz, contrastada y dada por profesionales, por lo que fundaremos la Escuela Parkinson, para poner al alcance de todos distintos tutoriales», asegura la terapeuta ocupacional Ana Fernández. «En el día a día está todo tan justo en tiempo y económicamente que no te puedes embarcar en nuevos proyectos que no podrían llevarse a cabo sin ayuda externa».

La tecnología puede ser de gran ayuda también para los tratamientos de los enfermos de esclerosis múltiple. La asociación asturiana que reúne a este colectivo lleva activa desde finales de los años 1980. Ernesto Suárez, su presidente, afirma que «las nuevas tecnologías como la realidad virtual pueden ayudar mucho en la rehabilitación, ya que aportan a la terapia aspectos como atención, motivación, competitividad o entretenimiento, que fomentan la adhesión al tratamiento». «Siempre andamos 'miagando', pidiendo a una Administración pública que cada vez aporta menos recursos y es gracias a las empresas privadas que podemos sacar adelante ideas innovadoras», resalta.

«Una pelea constante»

A pesar de que Marcos Madrigal, de Identidad para ellos y ellas, está de acuerdo con lo que comenta Suárez, lamenta no obstante que «estas ayudas no sean continuas en el tiempo, porque al final cada año es una pelea constante y esto da muy poca estabilidad a la hora de diseñar programas». Eso sí, «este 2019 podremos respirar tranquilos, porque tenemos cubierto el alojamiento de unos veinte jóvenes extutelados y por tanto podremos centrarnos más en la intervención social con ellos que en buscar vías de financiación para conseguir llegar al 2020. Otros años vivimos al límite, pero este tenemos la ventaja de que al tener cubierta la unidad mínima de intervención, la vivienda, podremos trabajar más en la preparación para la independencia». Ese es precisamente el propósito del programa Salto, de Cuantayá. «Queremos tener una persona para darles apoyo en su día a día, orientar a los jóvenes de entre 17 y 21 años. «Es un impulso para poder poner en marcha algo que, por nuestra experiencia, es muy necesario y esperamos poder mantenerlo en el tiempo para ir afinándolo y mejorándolo, que se vayan sumando cada vez más chicos y que se ajuste a lo que necesiten».

En la misma línea, una entidad de tanto calado como Proyecto Hombre -que atiende a 400 personas y tiene a en plantilla a 61 profesionales entre psicólogos, técnicos y trabajadores sociales y unos 120 voluntarios- también precisaba de una importante inversión para abordar una de las cuestiones que les preocupaban: la alfabetización digital y la orientación hacia la búsqueda de empleo. «Siempre volcamos el esfuerzo en el trabajo con las personas, pero hay una realidad fuera en la que nos tenemos que integrar, y no nos podíamos permitir el desembolso de adquirir equipos informáticos suficientes», reconoce Julio César Jonte. Algo tan sencillo como transportar la comida a los pisos tutelados en los que residen las personas con discapacidad a las que ayuda Una ciudad para todos suponía un esfuerzo inasumible para la entidad.

«Con los ingresos habituales haces frente al día a día, pero para inversiones que requieren un importante esfuerzo económico son imprescindibles los soportes específicos», cuenta Arancha Martínez.

Algo similar ocurría en Aspace Asturias. La asociación que atiende a afectados de parálisis cerebral se ha visto obligada a ampliar su centro residencial de Oviedo, pero no tenía cómo equiparlo. «Confiamos en abrir próximamente, algo que sería imposible si no hubiéramos recibido la ayuda de EdP», admite su presidente, Rafael Pedregal.

Como reflexión final, los responsables de las entidades aseguran: «Lo ideal sería que no tuviéramos sentido, pero mientras tanto aspiramos a cubrir el mayor número de necesidades... con los recursos que nos consigamos».