«Tenía un expediente brillante», asegura el presidente de ALSA sobre el chófer

Jacobo Cosmen, en el lugar del accidente. /  JORGE PETEIRO
Jacobo Cosmen, en el lugar del accidente. / JORGE PETEIRO

La compañía baraja como principal hipótesis que sufriera «un desvanecimiento que le impidió controlar la trayectoria del autobús»

E. FANJUL / R. ARIAS AVILÉS.

El presidente de la compañía ALSA, a la que pertenecía el autobús siniestrado, Jacobo Cosmen, se desplazó hasta el lugar del accidente para comprobar de primera mano lo ocurrido y conocer el estado de los heridos. Allí trasladó su «más sentido pésame» a los familiares de las cinco víctimas mortales y su solidaridad con los heridos.

Cosmen también quiso romper una lanza en favor del conductor, Omar López, un hombre que llevaba más de seis años trabajando para esta compañía y al que definió como un «magnífico profesional con un expediente brillante». Aseguró también que conocía perfectamente la ruta y tenía capacidad «para desarrollar bien su trabajo».

En ese sentido, la compañía baraja como principal hipótesis que el conductor «haya podido sufrir algún tipo de desvanecimiento que le impidiera controlar la trayectoria del vehículo». Teoría que ya se comentaba en el lugar del accidente.

La empresa de la que formaba parte el autobús siniestrado activó de inmediato el protocolo que tiene establecido para siniestros de estas características y habilitó un teléfono, el 900 814 114, para atender a las víctimas y, sobre todo, a sus familiares, que requerían de información en esas primeras horas de caos, confusión y nerviosismo. «Desde la compañía se está prestando toda la colaboración precisa a las autoridades y está a su completa disposición para investigar todas las circunstancias», señaló ALSA a través de un comunicado.

Tanto el conductor como el vehículo habían pasado todos los controles necesarios. El autobús, según asegura la compañía, estaba dotado de «los más modernos sistemas de seguridad». Su última Inspección Técnica de Vehículos (ITV) la había superado favorablemente en marzo de este mismo año, es decir, hace menos de un semestre y también había pasado por mantenimiento hacía muy poco, en concreto el 19 de agosto, justo quince días antes del accidente que ayer lo dejó partido por la mitad y completamente destrozado y convertido en un amasijo de hierros.

El conductor, por su parte, había acudido al reconocimiento médico de la empresa y lo había pasado satisfactoriamente el pasado mes de abril. Era joven, aunque «las primeras informaciones y diversos testigos», según explica la empresa, hacen pensar que sufrió algún tipo de indisposición, algo que no podrá comprobarse hasta que su estado mejore, fue trasladado al HUCA, y se le puedan practicar las pruebas necesarias para saber qué ocurrió en ese fatídico momento en el que perdió el control del autobús.

Seguridad y tecnología

La compañía afectada por este accidente es desde hace años el operador líder en el sector español de transporte de viajeros por carretera, y con presencia en el Reino Unido, la Europa Continental y también en América del Norte, el Norte de África y Oriente Medio, además de China, un importante negocio que la familia Cosmen desgajó en su día del acuerdo por el que ALSA se integró en la compañía británica National Express.

La empresa posee varios certificados de entidades de acreditación en Seguridad Vial, que le obligan a cumplir unos elevados estándares, y lleva ya tiempo trabajando en iniciativas para la mejora de la seguridad a través de diversos programas.

En cifras, ALSA asegura haber invertido 2,33 millones de euros en seguridad y salud, y haber impartido 55.000 horas de formación a sus trabajadores en materia de seguridad operacional. En el último año registraron un 31% menos de accidentes con responsabilidad respecto al año anterior.

Entre las novedades tecnológicas que han incluido en la flota se encuentran un detector de salida fuera de carril, un control de distancia entre vehículos y sistemas avanzados de frenado.