«En Covadonga todos estamos consternados con el accidente», dice el abad

Adolfo Mariño, abad de Covadonga./Damián Arienza
Adolfo Mariño, abad de Covadonga. / Damián Arienza

Adolfo Mariño niega que sea habitual que la gente se suba al muro desde el que se precipitó el pequeño fallecido y pide «no elucubrar por respeto»

Lucía Ramos
LUCÍA RAMOS

«En Covadonga todos estamos consternados con lo que sucedió ayer por la tarde». Así se expresaba esta mañana el abad del Real Sitio, Adolfo Mariño, en relación a la caída de un pequeño de tres años desde una altura de más de seis metros a la entrada de la Santa Cueva. Una consternación que se convirtió en «shock» una vez se conoció el trágico desenlace del suceso, ya que el pequeño, natural de Zaragoza, no lograba superar las graves lesiones sufridas y fallecía este mediodía en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), en Oviedo, donde fue ingresado ayer con pronóstico muy grave.

«Estamos todos, religiosos, trabajadores y peregrinos, rezando por el niño y también le dedicamos la misa de esta mañana en La Riera», indicó Mariño, quien quiso también recalcar que «no es habitual que la gente se suba al muro» desde el que se precipitó el pequeño, quien, según indicaron diversos testigos, posaba para una foto junto a su familia. En el Cabildo de Covadonga consideran que la altura de las almenas es «adecuada» y no se plantean elevarlas. «Tenemos plantas sujetas al muro para evitar que la gente se siente» apuntó el abad, quien pidió «no elucubrar ni ponerse ahora a buscar culpables por respeto al niño y a la familia». «Ahora lo mejor son el silencio y la oración», agregó. Sí indicó que tiene constancia de que no era la primera vez que la familia visitaba el Santuario de Covadonga y lamentó que «sucediese semejante desgracia, precisamente aquí».

La conmoción era esta mañana palpable entre el personal del Real Sitio que estaba presente en el momento del suceso. Es el caso de uno de los profesionales sanitarios destinados en la zona, quien fue uno de las primeras personas en acudir a las llamadas de auxilio de los testigos. «El niño estaba boca abajo, inconsciente, y por fortuna se encontraban de visita en el lugar una pediatra y una enfermera que me ayudaron a voltearle y a ponerle las vías y suero para lograr estabilizarle, hasta que llegó el personal de la UVI móvil de Arriondas y se hizo cargo», relataba a EL COMERCIO. Tras varios años de servicio en Covadonga, durante los cuales le tocó asistir a los heridos del atropello múltiple sucedido en el verano de 2016 en el acceso al Santuario, reconocía no haber visto nada igual a lo de ayer y trataba sacar fuerzas para afrontar esta nueva jornada.